4/3/09

Pantallas, pantallas, pantallas....

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I
Como se sabe, en marzo de 1895, los hermanos Lumiére presentaron su primera película. Era una vista de los obreros –en su mayoría mujeres- saliendo de la fábrica Lumiére. Un documental duraba 47 segundos y todavía hoy no deja de fascinar. Me deleita, por ejemplo, ver a un perro entre el tumulto junto a alguien que se marcha en su bicicleta. La escena intrascendente quedaba convertida en un espectáculo excepcional. El fulgurante invento de los Lumiére –un bello libro define el cine como La Galaxia Lumiére- no consistió sólo en las imágenes en movimiento –existieron ensayos anteriores sobre esto- sino en todo un sistema que incluía también un proyector y una pantalla.

Antes de marzo de 1895 la humanidad desconocía las pantallas en las que se mostraban imágenes en movimiento que eran directamente captadas de la realidad. Antes de 1895, las pantallas existían; pero sólo proyectaban sombras, como en el mito de las cavernas de Platón, que a su modo, puede considerarse un antecedente de la sala cinematográfica.

Hoy la pantalla ha trascendido al cine. Invade y usurpa cada vez más el espacio de la vida cotidiana. No ver una pantalla empieza a ser algo excepcional y a menudo es una experiencia relacionada con la satisfacción necesidades vitales como comer, ir al baño y dormir.

II
Me despierto temprano, reviso mi blog, mi email y leo las noticias en el internet. Luego, en mi trabajo me siento frente a un ordenador, ocasionalmente recibo una llamada telefónica que me obliga a mirar la pantalla de mi celular o enciendo mi iPod y tropiezo con una nueva pantalla. Si entro en algún establecimiento público una cámara me filma e inmediatamente transmite las imágenes en la pantalla de uno o varios televisores. Las vidrieras de las tiendas exhiben la última moda del sueño americano: el plasma TV, a veces gigantesco, plano, con una resolución que magnifica la realidad. Las propias paredes de las edificaciones empiezan a ser cubiertas por pantallas, como la avenida Broadway, que despliega sus fachadas de inmensas, centelleantes, PANTALLAS.
III
La muestra de Pipilotti Rist en el MoMA era una proyección de imágenes que cubrían todas las paredes. El espectador se acomodaba en una especie de cama colectiva y allí podía relajarse o adormecerse ante las imágenes proyectadas que pasaban a sustituir el entorno.

IV
Quizás no sea del todo desatinado afirmar que, en estos momentos, asistimos sólo a los orígenes de las pantallas. Los nuevos hallazgos tecnológicos están logrando proyecciones digitales en tercera dimensión y de altísima fidelidad. ¿Quién sabe si algún día, en un futuro no muy lejano, saludo a un vecino que saca a pasear a su perrito y me percato que, debido a su exceso de realidad, es (en realidad) una proyección en una nueva pantalla Sony, tridimensional y de muy alta resolución.

2 comentarios:

  1. Muy buen e incisivo post, délicieux.

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  2. man,
    en el de la fábrica vi salir a katrinca bailando la carioca, que es un baile que no cansa ni sofoca y es un baile popular.

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