18/3/09

La Gran Muralla China como metáfora

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I
Me gusta la palabra "culebrón" que usan los españoles para referirse a las telenovelas. La imagen de un reptil ovíparo de gran tamaño es muy apropiada para esos episodios que se prolongan indefinidamente y cuyo desenlace ya se conoce de antemano. Porque en las telenovelas el espectador sabe perfectamente que los protagonistas terminarán por reunirse y vencer todas las incomprensiones, prejuicios morales, barreras de clase o intrigas que obstaculizaban su unión definitiva. La idea de un destino inexorable, que gratifica a los “buenos” y castiga a los “malos” (sea con la locura, la muerte, la cárcel o la pérdida de un status social privilegiado) es la estructura básica de las telenovelas. El espectador está perfectamente familiarizado con esta convención. Lo que importa, por tanto, no es conocer el final –algo que puede predecirse desde los primeros capítulos-; sino las peripecias que conducen al encuentro de los amantes y al consiguiente triunfo del amor sobre la lujuria, la abnegación sobre la avaricia, la sinceridad sobre la manipulación, la valentía sobre la traición.
II
En el mundo helenístico, la novela Dafnis y Cloe, de Longo, en la que los amantes logran re-encontrarse, luego de superar numerosas adversidades, es un temprano ejemplo de una narración en la que ya se aprecia una estructura comparable a las de las telenovelas contemporáneas. Retrocediendo un poco más en el tiempo, quizás pueda mencionarse a la Odisea: el héroe que regresa a su hogar, luego de una larga travesía en la que continuamente está expuesto a ninfas y magas que persiguen cautivarlo -en el doble sentido de seducir y aprisionar- con las tentaciones del placer.
El encuentro predestinado de los amantes es una imagen banalizada desde hace mucho tiempo. Ya en pleno siglo XVIII, Voltaire se había encargado de ridiculizarla en el Cándido, cuando el protagonista, envejecido y agotado, luego de atravesar por un sinfín de catástrofes, puede volver a reunirse con la anciana Cunegunda.
III
Parecería que, salvo parodias del tipo El amor en los tiempos del cólera, el arte contemporáneo no dispone de muchas posibilidades para ofrecer imágenes novedosas de ese amor novelero y "predestinado" que se impone al “final del camino”. Sin embargo, los artistas han ofrecido representaciones inusuales de este socorrido motivo de las telenovelas. Tal es el caso de la performance The lovers, realizada por Marina Abramovic y Ulay en el verano de 1988. Los autores se propusieron encontrarse en algún punto de la Gran Muralla China. Partieron desde extremos opuestos y para llegar a la cita debieron hacer una peregrinación que se prolongó por tres meses. Entre ambos recorrieron unos dos mil kilómetros. El encuentro predestinado de los culebrones se realizaba nuevamente en la performance. La metáfora demasiado deteriorada del destino como un sendero adquiría una súbita vitalidad al metamorfosearse en el camino de la Gran Muralla. Incluso el carácter exótico y legendario que la imaginación occidental le atribuye a la China de la Antigüedad podría servir para aludir a la relación magnética, casi mágica, que parece guiar y aproximar a los amantes.

3 comentarios:

  1. Ernesto,

    Excelente articulo; me gusta mucho las asociaciones que vas haciendo, los paralelos que trazas. Bonita forma de hilvanar tu pensamiento. También te felicito por tu magnfico blog. Desde hace ya algun tiempo te sigo de cerca!

    Por cierto, disculpa mi falta de acentos y otros signos; estoy escribiendo con un teclado francés.

    Saludos desde Montreal.

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  2. muchas gracias por tus elogios Isabella. Yo he visitado en un par de ocasiones tu blog, que recien comienza. Tengo pendiente poner un enlace.
    Saludos.

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  3. Muy buen post Ernesto, no se si has leido la parabola de la Muralla China de Kafka, pero ese viene muy bien tambien. Borges habla del asunto en aquel ensayo sobre La Muralla y los Libros.
    un saludo hombre, yo estoy de regreso.

    Gerardo

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