27/2/09

Alto, alto como un pino....

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Las adivinanzas son preludios a la imaginación poética. Se encuentran entre las más tempranas asociaciones en las que el lenguaje emerge como metáfora, enigma y juego de palabras.

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Muchos versos se leen con el mismo placer que en otro tiempo proporcionaron las adivinanzas. En la dedicatoria de Las Soledades, Góngora escribió “muros de abeto, almenas de diamantes”. Sabemos que se refiere a la hilera de lanzas enhiestas de una hueste de cazadores. Es casi una imagen visual. Se podría afirmar que la metáfora de Góngora carece de la cualidad de lo sugestivo, pero en cualquier caso posee el encanto de la adivinanza.

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¿Quién no recuerda aquello de “alto, alto como un pino, pesa menos que un comino”? Las adivinanzas siempre se aprenden de memoria, en el mismo sentido en el que podría traducirse al castellano la expresión inglesa para memorizar: to learn by heart (aprender con el corazón). Las adivinanzas son imborrables, como si quedasen definitivamente inscritas en algunas de nuestras neuronas.

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Las adivinanzas sólo pueden conservarse en su oralidad ya que la palabra escrita las traiciona. Al transcribirlas, se esfuma lo que es, casi literalmente hablando, su espíritu. La adivinanza se escucha siempre a través de una persona querida y se enuncia siempre de manera afectuosa. La adivinanza lleva el timbre, la cadencia, la inflexión de la voz de quien la pronuncia. Es una conjunción entre la imagen encriptada y el acento familiar. Y esto no puede reproducirse en la escritura, que, como sostuvo Derrida, está intimamente vinculada a la ausencia del padre.

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Con cuánta fascinación el infante descubre que el humo es muy, muy alto y más leve que un comino. El humo de la adivinanza es una sustancia maravillosa. El niño que escucha las adivinanzas, sin darse cuenta, cautiva con la felicidad que le depara el acertijo. En la adivinanza el débil es fuerte y el hipnotizador es hipnotizado porque nadie seduce tanto como aquel que es seducido.

2 comentarios:

  1. La adivinanza quizás también tiene un breve momento de tensión, ¿qué será? ¿podré resolverla? y después es muy placentero cuando se da finalmente con la solución!
    Oro parece...
    Saludos, deja ver si se me ocurre alguna y te la escribo a tu mail,
    Verónica

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