28/1/09

Homenaje a Martí

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............Sin título, 1953, José Antonio Díaz Pélaez.

I
La creación del Museo Nacional de Bellas Artes fue uno de los logros más ostentosos del gobierno batistiano en la esfera de la cultura. Todavía en noviembre del 44, cuando Pérez de Cisneros elogió un decreto del Ministerio de Educación que dictaminaría la construcción de un nuevo museo, Bellas Artes era un "caserón oscuro y sucio en la calle Aguiar". Hacia finales de los cuarenta pueden leerse en la prensa numerosas quejas sobre la paralización de la obra, debido a la falta de recursos. Durante el mandato de Batista quedaría finalmente inaugurado el Museo Nacional de Bellas Artes. Un edificio que hacía gala de suntuosidad: Convenientemente situado en uno de los lugares más animados de la Habana, ocupaba toda una manzana, con tres plantas de puntales muy elevados, marmóreos muros exteriores, el interior decorado con mosaicos y conjuntos escultóricos en la fachada.
Sin embargo, el nuevo emblema del poder batistiano fue recibido con una protesta colectiva. El gobierno gestionó la celebración en la Habana de la II Bienal Hispanoamericana, en colaboración con el dictador Francisco Franco. La presencia franquista fue el detonante para los artistas cubanos -y con ellos buena parte de los creadores hispanoamericanos- sabotearan el evento. La réplica a la exposición consistió en una muestra alternativa que, por las mismas fechas en que se presentaba la II Bienal, se celebraría en el Lyceum de la Habana y que llevaría por título Homenaje a Martí.
II
La dedicatoria al poeta nacional cubano no tenía nada de inocente ni era tampoco un gesto timorato. En el año 1953 los enfrentamientos políticos se transfirieron a una disputa y una reivindicación de la figura de José Martí. No por gusto un invitado a un congreso de estudios sobre el poeta se quejaba de que a los cubanos les interesaba casi exclusivamente la dimensión política de los textos martianos. El gobierno de Batista había aprovechado el centenario del natalicio de Martí para tratar de legitimar su inconstitucional golpe de estado. Batista creó la Comisión Nacional Organizadora del Centenario Martiano como una entidad encargada de las conmemoraciones. Las festividades iban desde la celebración del Congreso de Escritores Martianos (al que asistieron intelectuales como Gabriela Mistral y José Vasconcelos), la publicación de textos martianos- una lujosa edición de las obras completas dos volúmenes, muchas entre otras- y la emisión de billetes, monedas y sellos de correos con imágenes de Martí.
Frente a estos homenajes oficiales, la oposición vindicó a la figura de Martí como un precursor de la derogada Constitución del 40. La Federación de Estudiantes Universitarios, en coordinación con algunos partidos políticos, organizó la Semana Martiana y el Congreso Martiano por los derechos de la juventud. Un joven abogado convocó a una marcha de las antorchas desde la escalinata universitaria hasta la Fragua Martiana (no hay que pasar por alto la inquietante similitud de esta actividad con los desfiles fascistas celebrados en la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini).
III
La II Bienal Hispanoamericana se anunció, tanto en España como en la Habana, como un nuevo tributo al llamado Apóstol Nacional. Los que participaron en Homenaje a Martí se opusieron al desvío de fondos públicos -inicialmente destinados a celebrar el centenario del nacimiento del poeta - a actividades relacionadas con la II Bienal Hispanoamericana. El homenaje, organizado por los pintores que expusieron en el Lyceum,era un gesto de inconformidad ante esta manipulación y, al mismo tiempo, otra de las protestas que procuraban desvincular a la figura de José Martí del oficialismo y situarlo en la vertiente constitucional que habia sido truncada por el golpe de estado.
IV
La II Bienal fue un fracaso en todos los sentidos. En la exhibición, aunque participaron más de un centenar de autores, escaseaban las obras de interés y los nombres de artistas prestigiosos. Los organizadores de la muestra tuvieron que acudir al subterfugio de dedicar espacios a artistas ya fallecidos- como Fidelio Ponce, Menocal y Romañach- que no tenían posibilidad alguna de rehusar la invitación del gobierno.
En la Bienal no sólo faltaban artistas notables. Tampoco había espectadores. La asistencia a la exposición fue muy reducida, en parte por el boicot y en parte porque la admisión al museo costaba cincuenta centavos, un precio muy elevado para los espectadores cubanos y proporcionalmente mucho más caro que los museos europeos y estadounidenses. Por último, para hacer el fracaso todavía más ridículo, el edificio fue inaugurado con filtraciones en los techos.
V
Con la II Bienal Hispanoamericana y Homenaje a Martí se produjo una politización de los espacios en los que se exhibía. Era sobre todo la politización del Museo de Bellas Artes, que fue percibido como un símbolo del poder batistiano. A fines de 1954, la galería de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo se auto-proclamaría espacio alternativo que representaría a las vanguardias. El verdadero museo del arte contemporáneo cubano, afirmó Gladys Lauderman, desde el Semanario de Actualidad, dejando implícito el carácter oficialista del edificio de Bellas Artes.

Aunque los espacios de exhibición estuvieron radicalizados, las obras de arte seguían siendo imágenes que no tenían necesariamente que contagiarse con la política. No hay en Homenaje a Martí ninguna obra de contenido social o de crítica directa al poder. Lo que se exhibe es arte y no política. Homenaje a Martí no era tampoco un evento de la “izquierda” contra “la derecha” (representada por Batista y Franco). Los artistas que exhibieron en Homenaje a Martí tenían posturas políticas muy diversas y procedencias sociales no menos heterogéneas, aunque todos coincidieran en su oposición al franquismo y seguramente aprovecharan para manifestar su inconformidad con el gobierno de Batista.
VI
Homenaje a Martí abrió sus puertas en enero de 1954. Luego fue trasladada a la Universidad de la Habana y finalmente recorrió varias ciudades del interior del país. La muestra reunió a la gran mayoría de los artistas de la vanguardia cubana y casi a la totalidad de los jóvenes que incursionaban en la no-figuración(solamente la más que olvidada pintora abstracta María Teresa de la Campa participó en Bellas Artes). La velada inaugural de Homenaje a Martí incluyó un concierto de música de cámara, organizado por la Sección de Cuba de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea. Se interpretaron piezas experimentales, que eran las que guardaban afinidad con la abstracción. Obras de Nilo Rodríguez, Aurelio de la Vega, Harold Gramatges, Argeliers León, Edgardo Martín, Paul Caonka y Juan Blanco. Jorge Mañach, que polemizó contra Homenaje a Martí desde la Revista Bohemia - sin por ello dejar de expresar su oposición al franquismo- tuvo que admitir que se trataba del evento cultural de primer orden y en otro de sus escritos calificó el envío cubano a la II Bienal de "representación grotesca".

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