30/11/08

Claes Olderburg: I am for an art (1961)

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He querido traducir un largo fragmento -más extenso de lo que me gustaría fuesen las entradas que incluyo en este blog- de esta especie de manifiesto de Claes Olderburg, en muchos sentidos premonitorio de los rumbos que tomaría el arte en las últimas décadas, cuando se han intentado tantas definiciones del arte vinculado a la experiencia cotidiana. Leo las palabras de Olderburg como un poema vanguardista, optimista y, sobre todo, muy inspirado. En este sitio se encuentra el texto en inglés. Aquí va mi traducción.

Soy partidario de un arte...

Soy partidario de un arte que sea político-erótico-místico, que haga algo más que plantar las nalgas en un museo.

Soy partidario de un arte que madure sin la más mínima certeza de ser arte, un arte que tenga la oportunidad de partir desde cero.

Soy partidario de un arte que se involucre con las estupideces cotidianas y aún así se enriquezca.

Soy partidario de un arte que imite lo humano, que sea cómico, si hiciera falta, o violento, o lo que sea, si fuese neceario.

Soy partidario de un arte que adquiere forma a partir de las líneas de la vida misma, que se tuerza y extienda, y acumule y escupa y chorree y sea pesado y ordinario y romo y dulce y estúpido, como la vida misma.

Soy partidario de un artista que se esfume, que se aparezca con gorra blanca para pintar signos o pasillos.

Soy partidario de un arte que salga de una chimenea, como una negra cabellera, y se disipe en el cielo.

Soy partidario de un arte que se derrame del monedero de un anciano cuando esté agonizando al pasar por un guardacantón.

Soy partidario de un arte que esté fuera de la boca de un perrito, dejando caer cinco cuentos desde el tejado.

Soy partidario de un arte que un niño pueda lamer, después de quitarle la envoltura.

Soy partidario de un arte que sacuda las rodillas de todo el mundo cuando el ómnibus atraviese una excavación.

Soy partidario de un arte que se pueda fumar, como un cigarrillo, y que apeste, como un par de zapatos.

Soy partidario de un arte que pueda ondear como una bandera o que ayude a soplarse la nariz, como un pañuelo.

Soy partidario de un arte que se pueda poner y quitar, como unos pantalones, que se le hacen huecos, como unos calcetines, que se pueda comer como un pedazo de pastel, o que se pueda abandonar con verdadero desprecio, como un poco de mierda.

Soy partidario de un arte cubierto de vendas. Soy partidario de un arte que cojee y ruede y corra y salte. Soy partidario de un arte que venga en una caja o que se lave en la orilla.

Soy partidario de un arte que se enrosque y gruña como un luchador. Soy partidario de un arte que mude el cabello.

Soy partidario de un arte en el que te puedas sentar. Soy partidario de un arte con el que puedas meterte el dedo en la nariz o rascarte los dedos de los pies.

Soy partidario de un arte para el bolsillo, para los profundos canales del oído, para el filo de un cuchillo, para las comisuras de los labios, las basuritas en los ojos, o para lucir en la muñeca.

Soy partidario del arte debajo de las faldas y del arte de escachar cucarachas.

Soy partidario del arte de la conversación entre la acera y el bastón metálico de un ciego.

Soy partidario de un arte que crezca en una maceta, que descienda de los cielos nocturnos, como un relámpago, que oculte las nubes y los rugidos. Soy partidario de un arte que se encienda y apague con un interruptor.

Soy partidario de un arte que se despliegue como un mapa, que puedas estrujar como a los brazos de tu amada, o besar como a tu perro. Que se expanda y se contraiga como un acordeón, en el que puedas derramar tu comida como en un viejo mantel.

Soy partidario de un arte con el que puedas martillar, suturar, coser, pegar, archivar.

Soy partidario de un arte que te diga la hora y dónde queda tal o tal calle.

Soy partidario de un arte que ayude a las ancianas a cruzar la calle.

Soy partidario del arte de la lavadora. Soy partidario de un arte del control gubernamental. Soy partidario del arte de los últimos impermeables del ejército.

Soy partidario de un arte que asciende entre el vaho de las alcantarillas en el invierno. Soy partidario de un arte que se quiebra cuando pisas un charco congelado. Soy partidario del arte de los gusanos dentro de la manazana. Soy partidario de un arte que sude entre las piernas.

Soy partidario del arte del pelo en el cuello y el bizcocho en la taza de té, partidario del arte entre el aluminio de los tenedores del restaurante y el agua hervida para lavar los platos.

Soy partidario del arte de zarpar los domingos, y del arte de la bomba de gasolina roja y blanca.

Soy partidario de un arte de las resplandecientes columnas azules de las fábricas y los parpadeantes signos de las galletitas.

Soy partidario del arte de la yesería barata y el esmalte. Soy partidario del arte de la capa de mármol y del suelo enchapado. Soy partidario del arte del adoquines laminados y la arena movediza. Soy partidario del arte del escombro y el carbón. Soy partidario del arte de los pájaros muertos.

Soy partidario del arte de rayar el asfalto, embadurnar las paredes, torcer y darle patadas a los metales, romper los cristales, y empujar las cosas hasta hacerlas caer.

Soy partidario del arte de perforar y de las rodillas huesudas y de hacerse el loco. Soy partidario del arte de los olores infantiles. Soy partidario del arte del susurro de la mamá.

Soy partidario del arte del murmullo del bar, de sacarse la comida de los dientes, tomar cervezas, echarle sal a los huevos, insultar. Soy partidario del arte de caerse de la banqueta.

Soy partidario del arte de la ropa interior y del arte de los taxis. Soy partidario del arte de las barquillas de helado lanzadas al concreto. Soy partidario del majestuoso arte de los mojones alzándose como catedrales.

Soy partidario del arte parpadeante, alumbrando la noche. Soy partidario del arte de caer, salpicar, menearse, saltar, entrar y salir.

Soy partidario del arte de los gruesos neumáticos del camión y los ojos negros.

29/11/08

El Dúo de las Cerezas

Renee Fleming y Luciano Pavarotti en el Dúo de las Cerezas, del segundo acto de la ópera L’amico Fritz de Pietro Mascagni. Fritz elogia la belleza del canto de Zusel y muy pronto ambos personajes se declaran sus sentimientos amorosos.


The Man Who Knew Too Much

I
La escena en el Royal Albert Hall, del filme The Man Who Knew Too Much(1956), es uno de mis fragmentos favoritos en el cine de Alfred Hitchcock.

James Steward y Doris Day intentan desactivar un complot para asesinar a una importante figura política. El plan consistía en aprovechar el momento en el que suenan los platillos durante una interpretación de la Storm Clouds Cantata, de Arthur Benjamin. El sonido del instrumento de percusión serviría para ocultar el ruido del disparo del criminal.

Varios leitmotiv van tejiendo, en una espiral ascendente, el suspense: la angustia de la protagonista, que está al tanto de lo que ocurrirá; pero no se atreve a actuar por temor a las represalias contra su hijo secuestrado, las tomas de los platillos y las partituras, anunciando la inminencia de la muerte y el paso aterrador de los instantes, el coro cada vez más enaltecedor, los esfuerzos de James Steward por frustrar la conspiración y la célebre pistola que sale de la cortina.

Todas estas imágenes, como si se tratara de frases musicales que van apareciendo, se articulan siguiendo el crescendo de la cantata. La orquesta y el coro avanzan imperturbablemente, mientras entre el silencio del público se desarrolla una trama angustiosa y subterránea, que terminará por estallar en el grito de Doris Day.




II
Siempre hay excepciones que podrían confirmar aquella regla que asegura que “las segundas partes nunca fueron buenas”. Veintidós años antes, en 1934, Hitchcock había filmado The Man Who Knew Too Much. No quedó satisfecho con esta primera película y durante largo tiempo quiso realizar un re-make. Repitió la escena de la cantata –con la misma música de Arthur Benjamín-; pero si se comparan una y otra, la versión de 1956 es mucho más lograda. Aquí un link a ese momento del filme de 1934.

28/11/08

Jenny Holzer

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I
Leo una frase en La escritura del desastre:

Aquel que critica o rechaza el juego, ya está en el juego.

Escritas en mi blog, la frase entraría en otro contexto, muy diferente al de los fragmentos de donde la he tomado. Aquí participaría de relaciones con otras palabras, con otras imágenes. Quizás tomaría un cariz político relacionado con mi condición de cubano, o sería un movimiento destinado a seducir, o mi manera de explicar por qué desisto de polemizar en un blog que encuentro trivial. Al transferir la cita del libro al blog altero su sentido.

II
Podría incluso manipularla, encasquetarla en otro lugar donde parece encajar perfectamente. Decir algo que no es necesariamente, aunque tampoco lo niegue, lo que afirma Blanchot. Escribir, por ejemplo:

El capitalismo es (o se ha vuelto) un sistema social inmune. En su dinámica absorbe a sus detractores. La crítica al capitalismo se convierte necesariamente en un producto mercantil. Es el círculo vicioso en el que caen todas las protestas contra las sociedades de consumo: la revolución se transforma en mercancía, con un público muy vasto y muy ávido. Como afirma Blanchot: aquel que critica o rechaza el juego, ya está en el juego.

III
Pero si anotase la oración aisladamente, sin ningún comentario que la acompañara, en un tipo de letra que resulte llamativo y con un tamaño un poco exagerado. Si escribiese, digamos:



AQUEL QUE CRITICA

O RECHAZA EL JUEGO,

YA ESTA EN EL JUEGO.




En su énfasis visual, la frase tendría otro sentido. Palabras demasiado visibles, con un color que pretende alertar o conmocionar. Las palabras de Blanchot se aproximarían al lenguaje publicitario. Una propaganda posiblemente provista de un acento subversivo.

IV
Algo parecido hace la artista norteamericana Jenny Holzer. Ella traslada al contexto de la publicidad afirmaciones que parecen llamar la atención sobre el peso opresivo del consumismo sobre los individuos, la crisis de la vida afectiva en las sociedades contemporáneas o la crítica feminista. De hecho la máxima de Blanchot pudiera perfectamente ser uno de los textos que Holzer divulga en letreros lumínicos, posters y hasta lápices y calcomanías. Arte publico que aprovecha los anuncios publicitarios para subvertir sus contenidos y reclamar un espacio para el individuo no ya como una máquina deseante –un ser enajenado que al consumir produce deseos que vienen a incrementar la necesidad de consumir(Deleuze)-;sino como un ser que disfruta de las relaciones interpersonales y establece un contacto más pleno con la realidad.

V
Habría que cuidarse de politizar excesivamente la obra de Jenny Holzer. La crítica política queda atemperada por el humor, por el carácter paródico de las obras y su inverosímil irrupción en el espacio urbano. Gracias al humor y a la creatividad, Holzer se aparta del panfleto. Sus reclamos políticos confluyen –y se diluyen- en una invitación a anteponer la experiencia artística al comentario social.


26/11/08

Times Square y la llama de una vela

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Percibimos el color de un modo diferente a como lo veían los hombres del siglo diecinueve o los europeos del medioevo y el Renacimiento. Diferente a como lo capta el miembro de una comunidad tribal de África o del Amazonas. El desarrollo tecnológico produce nuevos colores, intensidades lumínicas que nunca antes habían existido. Colores estridentes, deslumbrantes, violentos, que además se deslizan de manera vertiginosa ante la mirada.

Buena parte de la vitalidad de Times Square, en New York, se debe a las luces: billboards, anuncios de las tiendas, letreros de neón, pantallas gigantescas que transmiten imágenes casi fosforescentes y parecen sustituir las paredes por señales de televisión. Las luces como joyas radiantes. El propio cielo nocturno, despejado y sin estrellas, ofrece el efecto de una madrugada ininterrumpida y resplandeciente. El caos lumínico de Broadway es una de las grandes celebraciones del capital, el consumo y el espectáculo.

El impacto de estos nuevos colores es inmediato y embriagador. Es inevitable contagiarse con el entusiasmo de las avenidas, marchar al ritmo acelerado de las muchedumbres, participar del caos. El tiempo allí parece más vertiginoso, los instantes más fugaces, más fulgurantes. Un paseo por Broadway es estimulante para los sentidos, como una gran fiesta. Tal vez ni siquiera pueda hablarse de paseo, sino de prisa juvenil, de euforia.


Es evidente que participamos de otra sensibilidad, con ventajas y desventajas con respecto al pasado. Es irónico que precisamente cuando se ensayan numerosas experiencias para integrar el arte a la vida -lo cual es un problema que vino a plantearse sobre todo a partir de las vanguardias- la distancia no sólo no logre suprimirse; sino que posiblemente sea más acentuada de lo que alcanzaba a serlo en el arte de otros períodos históricos.

En las artes visuales anteriores al siglo veinte podrían señalarse innumerables casos de una efectiva participación del arte en la sociedad y hasta en la vida política. Pero me gustaría mencionar el ejemplo de la pintura flamenca del siglo XV. Como es sabido, en Flandes se empleó por vez la pintura al óleo, que anteriormente se usaba para decorar los armamentos de los torneos y colorear las heráldicas en los exteriores. El óleo proporcionaba pigmentos más brillantes que el temple o la encáustica. Los pintores flamencos, además, saturaban el color mediante una técnica que consistía en superponer numerosas capas de un mismo matiz para resolver las transiciones entre claros y oscuros. Y si a la saturación del color se suma la prolijidad de detalles que se representaban, la diversidad de texturas y el uso –por aquel entonces novedoso- de la perspectiva, se podría tener una idea del exceso de realidad que era una pintura. Una realidad tal vez más abundante, tal vez más plena, que la propia existencia cotidiana. Habría que imaginar por unos instantes el resplandor que proporcionaban las pinturas en un mundo en el que se dependía de las llamas de las velas para iluminar los recintos. En un mundo más pausado y silencioso. En un mundo en el que existía una extendida fe en los contenidos ultramundanos.

Todavía hoy resultan intensos los colores de la pintura flamenca: las telas que lucen las vírgenes o los donantes, el brillo de las vasijas metálicas, los broches, las joyas, las monedas o los espejos. El espectador contemplaba unos colores que eran seguramente sobrecogedores. La vela encendida en la lámpara del cuadro El Matrimonio de los Arnolfini, de los hermanos Van Eyck, no sólo era un símbolo del amor que venía a consagrar la unión matrimonial; era también, hasta cierto punto, gracias al color, gracias a los detalles minuciosos con que era copiada, una experiencia de ese amor. El símbolo pintado no se reducía a lo literal, no era simplemente un elemento dotado de un sentido iconográfico. Se trataba de una imagen que afectaba los sentidos. La lámpara quedaba sobrecargada -y sobrepasada- por una connotación semántica y a la vez afectiva. ¿Podríamos hoy comprender la intensidad del fervor que experimentaría un devoto ante la contemplación de un tríptico que relatase las escenas de la vida de un santo? ¿No habría aquí una íntima integración del arte a lo cotidiano?

24/11/08

Una nota de Tonel.

Días atrás colgué un comentario sobre el dibujo Un Tucán, de Antonio Eligio Fernández (Tonel). Esta tarde recibí un correo suyo de agradecimiento. Quiero agregarlo aquí porque me parece que contribuye -y mucho- a la comprensión de su trabajo. Su comentario difiere de la interpretacion que propuse en mi entrada. Pero la riqueza de una imagen artística reside precisamente en que admite lecturas plurales y se resiste a lo unívoco.
Siempre es estimulante escuchar la opinión de un artista a propósito de sus propias obras. Más útil aún cuando ese creador es también uno de los más agudos críticos de arte cubano. Aquí van sus palabras. Muchas gracias, Tonel.

querido Ernesto:

fui a tu blog y vi la entrada del "tucán". Te agradezco mucho esa atención y que me incluyas junto a tan selecta compañia.

Tus anotaciones al dibujo son muy buenas, creo que con tu interpretación te acercas a algunas de mis intenciones. Ni yo mismo tengo claro cuales son esas intenciones. Al menos queria crear una imagen con esa idea de un momento íntimo que es interrumpido por algo extraordinario, ridículo, exótico...la mujer mira al tucán y desvía su atención -o tal vez comparte, a partir de ese momento, su interés sexual, si es que lo tuvo- del hombre que tiene encima...
El dibujo como recordarás, forma parte de una serie, "cinco lecciones de soledad". Son cinco estampas, en cada una de ellas algo sucede para romper el "hechizo" de la intimidad de la pareja. Uno de los personajes -quizas los dos- se sentirá solo, o aún más solo: en este caso debe ser el hombre, quien de momento ha perdido la competencia con un tucán... etc., etc...

de nuevo, mil gracias, abrazo.
Tonel

Aprovecho para incluir otro de sus trabajos.


La Fuente. Oleo sobre lienzo (1.20 x 1 mt.),1991

23/11/08

Ebben? Ne andrò lontana

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Nunca he visto la ópera La Wally de Alfredo Catalini. El aria Ebben? Ne andrò lontana es lo único que he escuchado de este compositor italiano de fines del siglo XIX. Me parece una pieza conmovedora. Hay varias interpretaciones célebres, entre ellas una grabación de María Callas. Aquí canta la soprano autraliana Kiri Te Kanawa.

Catherine Opie

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Llama la atención que, pese a las profundas mutaciones que ha experimentado el arte de la última centuria, un género en apariencia tan tradicional como el retrato haya conservado una enorme vitalidad todavía en pleno siglo XXI. Parecería como si el arte no pudiese deshacerse de la representación del ser humano, ni de la imagen de su rostro. El retrato ha demostrado ser un sujet que posee una inagotable capacidad de renovación.

Nuestro tiempo se ha caracterizado, entre otras cosas, por el reconocimiento de las minorías –étnicas y sexuales - y algunos artistas se han servido del retrato como un modo de mostrar las identidades que tipifican a dichas comunidades. Las fotografías que dieron a conocer a Catherine Opie a mediados de los años noventa, son precisamente retratos de los miembros de su propia comunidad sado-masoquista y homosexual.

Una manera de acentuar las diferencias del grupo consistió en aludir a obras clásicas de la pintura de retrato. Opie cita a Hans Holbein como una de sus influencias; pero en sentido general el encuadre de las fotos, los fondos planos, las poses sutilmente histriónicas de las figuras, recuerdan a los grandes retratistas de la pintura holandesa e inglesa o a la plasticidad de las obras de Manet y Whistler.

Estas referencias y asociaciones operan a modo de contraste. En lugar de los retratos de integrantes de las clases altas de la sociedad (aristócratas, burgueses, funcionarios de la iglesia, etc, aunque en la pintura no faltaron representaciones de la servidumbre, los miserables, los locos y los criminales), figuras marginales que exhiben su alteridad por medio de su indumentaria –que incluye, en ocasiones, bigotes postizos y pelucas- y en la ornamentación de sus cuerpos: tatuajes, cicatrices, argollas, piercings, cortes de pelo inusuales y provocativos.

La artificialidad de las poses, la extravagancia de los atuendos, la exuberancia de los adornos sobre la piel, crean retratos muy individualizados. Y también retratos muy humanos. Seres afligidos o enajenados, embriagados por el placer o desenfrenadamente alegres. Las sonrisas, las expresiones melancólicas o coléricas, las miradas ensimismadas, están acentuadas por la intensidad cromática de los fondos, como si el matiz sirviera para enfatizar un estado de ánimo. Pese a la apariencia poco convencional del retratado, Opie logra crear un sentido de simpatía o identificación con el modelo. Resulta notable el que los rostros, demasiado humanos, demasiado individuales, son al mismo tiempo ambivalentes. En ocasiones cuesta trabajo precisar si se trata de un hombre o una mujer. La identidad sexual, acentuada por los disfraces y las artificiales marcas en los cuerpos, conlleva a una desdefinción de los géneros como si desde esa ambigüedad se encendiese la diferencia.



21/11/08

El yogur y la flor amarilla de Borges.

Nicanor Parra
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I
Alguna vez, mientras explicaba la teoría del valor de Marx ante sus estudiantes, Fredric Jameson se permitió introducir una broma a modo de ejemplo. Al alcance de su mano estaba la lujosa edición de The Arcades Project, de Walter Benjamín, que había publicado Harvard University Press. Jameson tomó el volumen y dijo algo más o menos así:
-Este libro es fascinante y he aprendido mucho con su lectura; pero...¿cuántos helados he dejado de comprarme para poder adquirirlo?

II
Cito este chiste de Jameson, uno de los muchos que condimentan sus clases, para detenerme en un poema de Nicanor Parra:

Quédate con tu Borges

él te ofrece el recuerdo de una flor amarilla
vista al anochecer
años antes que tú nacieras
interesante puchas que interesante
en cambio yo no te prometo nada
ni dinero ni sexo ni poesía
un yogur es lo + que podría ofrecerte

Como en el ejemplo de Jameson, se trata aquí –y en apariencia- del intercambio entre un bien espiritual muy elevado y un superfluo producto alimenticio. ¿Cómo establecer un signo de igualdad en este trueque? La equivalencia entre el helado y el libro puede resolverse mediante la conversión de ambas mercancías a la cantidad de trabajo que es preciso invertir para producirlas. El trabajo es la magnitud común entre estos dos objetos con usos tan disímiles y confeccionados con materias primas tan diferentes. Pero una operación semejante no puede realizarse con los versos de Parra. El recuerdo borgiano, aunque pueda considerarse -al igual que el libro- un capital simbólico, no entra en el ámbito de la producción de bienes materiales. No puede, por tanto, equipararse a un yogur.

La comparación tal vez podría sostenerse a otro nivel: el del deseo. En ese caso habría, a primera vista, un abismo entre el fulgor de la flor amarilla, amplificado por la autoridad de Borges y el intrascendente producto lácteo, que parece dotado de un valor virtualmente nulo. El propio autor aconseja escoger lo primero. ¿Por qué entonces es, o parece ser, más apetecible el ofrecimiento que hace Nicanor Parra?

Tal vez sea necesario retroceder y atribuirle algunos valores, íntimamente relacionados entre sí, al yogur del que habla el poeta. El primero es de la risa. El desenlace del poema de Parra es cómico. El tono burlón está ya enunciado en los versos "interesante puchas que interesante." El humor ridiculiza la oferta sublime, echa abajo la imagen de la belleza para sustituirla por el placer inmediato de reír. El humor vuelve lúgubre la sensibilidad exacerbada y torna vetusta la imagen de la flor amarilla. Hasta la posible dimensión mórbida queda degradada a una evocación kitsch.

En segundo lugar, está el valor de lo inusitado. Un yogur concebido como ofrenda amorosa ensalza sobre todo al amante. Por medio del regalo, el seductor se revela como un ser original, impredecible, desenfadado, opuesto a las convenciones y de alguna manera maldito. El yogur posee una dimensión erótica que vuelve grandilocuente la evocación de Borges.

Parra se las ingenia para hacer deseable su ofrenda, en contraste con la de Borges que -como indica el pronombre personal "tu"- ya se posee y, por lo tanto, no hay que hacer esfuerzo alguno para conquistarla. El banal yogurt –presentado como lo + que puede darse- muestra al poeta como alguien inaccesible, que no concede con facilidad, y que incluso tiene la habilidad de atraer mediante la maliciosa generosidad de anteponer a su rival y venderlo como la opción más conveniente.

Humor, originalidad juguetona, hermetismo son algunos de los rasgos de la imagen del yogur en estos versos. Tal vez la propia fotografía de Parra que he puesto al inicio podría dar pie a otros comentarios relacionados con sus versos.

20/11/08

William Carlos Williams

This is Just to Say

I have eaten
the plums
that were in
the icebox

and which
you were probably
saving
for breakfast

forgive me,
they were delicious
so sweet
and so cold

William Carlos Williams

Esto es sólo para decirte

que me comí
las ciruelas
que estaban
en la nevera

y que
probablemente
estuvieras guardando
para el desayuno

perdóname,
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías

Un tucán


Buena parte de la obra gráfica de Antonio Eligio Fernández (Tonel) invita a la sonrisa que proporciona la alegría de vivir. La sonrisa de una noche de verano, más que la carcajada estrepitosa. Las bromas sexuales o las imágenes escatológicas no son nunca representaciones obscenas ni pornográficas, aun cuando exista mucho de picante o de grotesco. Los dibujos de Tonel poseen un toque de ingenuidad, un acento poético, que muchas veces tiene que ver con la irrupción de lo absurdo en una escena cotidiana.
En Un tucán la aparición del ave por la ventana es una presencia casi mágica, que queda asociada al acto sexual. Al atravesar la oquedad de la pared (como una vagina), el tucán adquiere una connotación fálica y suscita una analogía con el momento de la penetración. La equivalencia visual entre la luz que irradia la lámpara del techo y el amarillo del pico del pájaro, establece una correspondencia entre el color brillante y el placer de los cuerpos. La figura del tucán es más bien irreal o poética, como una metáfora del goce que experimentan los personajes. Veo Un tucán y recuerdo unos versos de William Carlos Williams:

This sparrow
xxxxxxxxwho comes to sit at my window
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxis a poetic truth
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmore than a natural one.

(Este gorrión
xxxxxxxxque viene a posarse en mi ventana
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmás que un ser natural
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxes una verdad poética)

15/11/08

El virtuosismo de Nikolai Gedda

Actualmente retirado, Nikolai Gedda (1925) fue un tenor muy versátil, que se destacó por su dominio de los registros agudos. Entre sus más célebres interpretaciones se encuentra su Credeasi Misera, de I Puritani de Vicenzo Bellini, donde Gedda entona un deslumbrante Fa agudo.

Una grabación de 1973. Gedda canta junto a la soprano Beverly Sills



Autor de la música del ballet Giselle, el compositor francés Adolphe Adam es menos recordado por su vasta producción operística. Sin embargo, el aria Mes amis, écoutez l'histoire de Le Postillon de Lonjumeau (1836) ha quedado como una prueba de fuego para los tenores. Mes amis, écoutez l'histoire raras veces suele representarse debido a la dificultad que plantea el Re agudo, casi al final de la pieza. A los 26 años, practicamente en los inicios de su carrera, Gedda grabó este Le Postillon de Lonjumeau, en el que pudo exhibir el alcance de su voz.

8/11/08

Doctor Atomic

Salgo del Metropolitan Opera House, luego de ver Doctor Atomic. Desconocía por completo la obra del compositor John Adams. Lo primero que me llamó la atención, leyendo las notas del programa, son las temáticas en las que se interna. Dramas políticos contemporáneos para nada frecuentes en la ópera. Basta con revisar sus títulos: Nixon en China (1986), The Death of Klinghoffer (1991) –sobre el secuestro del crucero italiano Achille Lauro por unos terroristas palestinos-, I was looking at the ceiling and then I saw the Sky (1995), dedicada al terremoto en Los Angeles (diciembre de 1993) y On the transmigration of Souls (2002), basada en los fatídicos sucesos del 11 de Septiembre del 2001.

Doctor Atomic se estrenó en San Francisco en el 2005. Como los trabajos anteriores de Adams, está inspirada en un acontecimiento histórico: los ensayos de la bomba atómica en el desierto del Alamo y los conflictos éticos que enfrentaron los físicos e ingenieros que participaron en el Manhattan Project. El protagonista de Doctor Atomic es el científico J. Robert Oppenheimer, quien encabezó los experimentos.
Oppenheimer parece estar trágica y diabólicamente obsesionado con la idea de lanzar la bomba atómica, aun cuando ninguno de los personajes tiene una medida exacta de los estragos que pudiese ocasionar e incluso cuando Oppenheimer mismo es perfectamente consciente de que se iniciaría una era de terror nuclear. Más tarde Oppenheimer se arrepintió de haber sido partidario de usar la bomba. Presentó una misiva al presidente Truman, y éste lo tildó de llorón (pero esta parte queda fuera del libreto).

Doctor Atomic es una ópera en muchos sentidos experimental: proyecciones de videos, ruidos de motores, alarmas aéreas, una canción tradicional de una tribu de aborígenes norteamericanos, integrados a la composición musical. El libreto fue armado a partir de citas intertextuales muy diversas: poemas y transcripciones literales de documentos históricos: una carta escrita por Edward Teller–uno de los físicos involucrados en el proyecto-, anotaciones directas de sus memorias y las del General Grove, que dirigió las maniobras militares. Doctor Atomic concluye con la grabación de la voz de una de las víctimas de Hiroshima. Una madre que pide agua para sus hijos y dice que no sabe dónde está su esposo.

Como el Adrian Leverkhun, del Doktor Faustus -título al que se alude en la ópera- Oppenheimer era una personalidad fascinante. A los dieciocho años tomaba cursos avanzados de química y física en la Universidad de Harvard, componía sonetos, hablaba a la perfección el alemán, el holandés y el francés. Además, dominaba otros seis idiomas, incluido el sánscrito. Era un lector de Baudelaire y de John Donne. Adams y el libretista Peter Sellar, aprovecharon la erudición de Oppenheimer para usar versos célebres como textos para sus arias.
En Doctor Atomic, Oppenheimer canta un poema de Baudelaire (Un hemisferio en una cabellera), un fragmento del Baghavad Gita y un soneto de John Donne (Batter my Heart).

Primeramente el aria Batter my heart, con versos de John Donne.




Batter my heart, three person'd God; for, you
As yet but knocke, breathe, shine, and seeke to mend;
That I may rise, and stand, o'erthrow mee, and bend
Your force, to breake, blowe, burn and make me new.
I, like an usurpt towne, to'another due,
Labour to'admit you, but Oh, to no end,
Reason yhour viceroy in mee, mee should defend,
But is captiv'd, and proves weake or untrue.
Yet dearely'I love you, and would be loved faine,
But am betroth'd unto your enemie:
Divorce mee, untie, or breake that knot againe;
Take mee to you, imprison mee, for I
Except you'enthrall mee, never shall be free,
Nor ever chast, except you ravish mee.

Y el impresionante coro del segundo acto At the sight of this, your Shape stupendous, con versos sacados del Baghavad Gita.



At the sight of this, your Shape stupendous,
Full of mouths and eyes, feet, thighs and bellies,
Terrible with fangs, O master,
All the worlds are fear-struck, even just as I am.
When I see you, Vishnu, omnipresent,
Shouldering the sky, in hues of rainbow,
With your mouths agape and flame-eyes staring—
All my peace is gone; my heart is troubled.

Una versión al español hecha por mi.

Ante la vista de tu Forma magnificente,
Atiborrada de bocas, ojos, pies, muslos y barrigas
Oh, Amo de dientes terribles
Todos los mundos se aterran, como yo mismo estoy aterrado
Cuando te miro, Visnú, omnipresente
Cargando el cielo sobre tus hombros, en tonalidades de arco iris
Con todas tus fauces abiertas y tus llameantes ojos inquisitivos
Mi calma desaparece y mi corazón tiembla


.

2/11/08

El velorio.

El martes que viene habrán terminado los años de la administración Bush. Ya nadie parece poner en duda que Obama será el próximo presidente y además habrá una mayoría demócrata en la White House. Los republicanos ya dan por perdidas las elecciones. Ni siquiera McCain y Sarah Palin ofrecen la impresión de albergar muchas esperanzas. Anoche, en Saturday Night Live, el popular espacio cómico de la cadena NBC –que ha aumentado su teleaudiencia a costa de ridiculizar a Sarah Palin- McCain procuraba sonreír, mientras se lamentaba de ser un republicano sin dinero. Acompañado de Tina Fay, el senador se prestaba a la patética farsa de anunciar algunos artilugios para la tele.
Sarah Palin piensa en su futuro político, en el que contempla, según ha declarado, presentarse como candidata en el 2012. Los asesores de McCain le atribuyen el fracaso a Palin. La aspirante a la vicepresidencia no acepta sugerencias, se sabe una diva, dicen los asesores del senador; mientras los sondeos revelan que se la considera inepta para el cargo.
Desde septiembre, en los últimos dos meses, ninguna encuesta ha resultado favorable a los republicanos. Obama ni siquiera se tomó la molestia de mencionar a su oponente en el prime time comercial de media hora que se transmitió simultáneamente en varias de las más influyentes cadenas televisivas (incluido el canal hispano Univisión).
La campaña republicana agoniza. David Letterman ha bromeado al respecto en su Late Night Show:

Halloween, dijo el comediante, son los muertos caminando entre los vivos. De eso es lo que trata Halloween, ellos regresan a la vida, están muertos, pero caminan entre....No, no, esa es la campaña de McCain.

Oh mio babbino caro.

Incluyo una interpretación de Oh mio babbino caro , con una dedicatoria a Tito, el gato de Bauta. A Tito le gusta mucho, mucho esta aria. Más de la cuenta, diría yo.






1/11/08

Yes, We Can(t)

A unos pocos días de las elecciones en los Estados Unidos, parece imposible no opinar. Personalmente soy de los que simpatizo con Obama, aunque con un trasfondo escéptico, que es el que me gustaría exponer aquí.
En una contienda electoral más que agotadora, Obama y su equipo de asesores han conservado el optimismo, han logrado hacerle frente a la propaganda negativa y han sabido reservar sus piezas de ataque para el momento oportuno.
Comparado con los anteriores aspirantes a la presidencia, Al Gore y John Kerry, el entusiasmo que ha despertado Obama ha sido cualitativamente distinto. La principal destreza del nuevo candidato demócrata ha consistido en aprovechar la inconformidad con el presente y alimentar la esperanza de un cambio (change y hope han sido sus palabras mágicas). El momento actual, como la segunda mitad de los sesenta, tiene algo de incendiario; si bien no parece que ahora exista un espacio para las revueltas juveniles de aquellos años. La guerra en Iraq ha sido, como lo fue Vietnam hace cuatro décadas, el resorte fundamental para que se reanimen inquietudes, tensiones y aspiraciones revolucionarias en las que ahora, al igual que antaño, los jóvenes, los izquierdistas y los negros parecen tener un papel protagónico. La campaña de Obama ha logrado convertirse en la voz de ese movimiento que hasta ahora había carecido de una representación sólida en el escenario político estadounidense. Hillary Clinton no fue, no pudo ser, esa voz. Tampoco Sarah Palin consiguió arrebatársela al senador de Illinois. Cuando Palin entró al escenario político de Estados Unidos, la imagen de Obama estaba ya demasiado consolidada, mientras McCain había quedado injustamente asociado a Bush. La incompetencia de Palin terminó por hundirla y contribuir aún más al desánimo y la falta de inspiración que parece prevalecer entre las filas de los republicanos.
Obama tuvo el mérico político de canalizar ese espacio de malestar generalizado. En esto seguramente contribuyó no poco su carisma, el color de su piel, su juventud y su proclamado distanciamiento de Washington.

Pero la apuesta por un cambio quizás sea también, a mediado y largo plazo, la debilidad mayor de Obama. No creo que sea tan simple permanecer a la altura de las esperanzas que ha sabido enarbolar, ni que tampoco se perciban –y mucho menos de manera inmediata- grandes reformas en la vida económica y política de los norteamericanos. Sobre el Yes, we can que lo conducirá –a no ser que ocurra un imprevisto de última hora- al gobierno, creo ver también la figura espectral del No, we can’t con la que tendrá que lidiar su triunfante administración. Obama tiene montones de papeletas para defraudar (ojalá que no ocurra así) porque posiblemente ningún político pueda resolver los agudos conflictos que angustian al norteamericano medio (guerra en Iraq, dependencia del petróleo, crisis financiera, bancarrota del sistema de salud)y menos hacerlo desde una perspectiva tan optimista.
Apostar por Obama es un poco como pedirle peras al olmo; pero aun así, es una apuesta que merece la pena intentarse. Como leí hace varios meses en el editorial de un periódico: "Estoy por Obama, aun cuando sepa que habrá de desilusionarme".
Por lo menos, creo que ha demostrado ser un político competente y sagaz. Por lo menos, me gusta su intención de ponerle fin a la guerra de Iraq lo antes posible, apelar más a la diplomacia –y menos a la brutalidad- en la política exterior, reformar el sistema de salud y hacer ajustes fiscales que favorezcan a la gran mayoría de la población. Y tampoco creo que Obama o los demócratas vayan a llevar a la economía estadounidense a la catástrofe, ni a conducir al gobierno hacia un socialismo ineficiente. Una de las virtudes de la democracia estadounidense es que admite tanteos y riesgos, sin que su estructura pueda, en esencia, ser afectada.