31/5/08

Jim Lambie en el MoMA


Imagine que asiste al concierto de uno de sus músicos favoritos. Imagine que afuera una banda de heavy metal interfiere el sonido y le impide disfrutar las interpretaciones que fue a escuchar. Posiblemente se sienta un poco enfadado con esta imprevista intrusión. Algo más o menos semejante me ha ocurrido al tratar de detenerme en el Balzac de Rodin que está en la planta baja del MoMA. El artista escosés Jim Lambie (1964) ha cubierto con unas franjas de color el suelo donde se encuentra instalado el bronce del creador francés.
Aunque a veces suene como un delito declararse admirador de la pintura y la escultura en sus sentidos más convencionales, debo admitir que Rodin es uno de mis escultores predilectos. Encuentro en su obra -como en los lienzos de Picasso o en los dibujos de Calder- una especie de intuición en el momento de ejecutar las piezas. En Rodin las texturas, los rasgos de los personajes, la expresividad de las manos, la energía de las posturas, parecen haberse logrado de una sentada, con una facilidad pasmosa, como si el artista se hubiese limitado a jugar con la arcilla o el mármol o como si sus dedos se hubiesen deslizado con la misma naturalidad con la que, en medio de la oscuridad, hacemos girar el picaporte de nuestra propia habitación. Cada viernes, cuando visito el MoMA, suelo detenerme, aunque sea brevemente, ante la estatua del Balzac. Estas ultimas semanas he tenido que pasar de largo porque el estridente piso me impide un mínimo de concentración. Hasta terminé por tomarle un poco de manía a las franjas instaladas por Lambie y sus asistentes. Así que empieza a ser usual que vaya directamente a la primera planta. Allí me gusta perderme entre los efectos lumínicos creados por el artista islandés Oliassen. Luego sigo a otras salas.
A la salida del museo veo una muchacha acostada sobre ZOPOP, que es como se titula la obra de Lambie. Ella parece sentirse tan dichosa, extendida como un gato, boca arriba, con los brazos entrelazados sobre la cabeza. Su novio, sentado a su lado, con las piernas cruzadas, también parece muy satisfecho de estar allí. Traen una cámara digital. Se tiran algunas fotos e intercambian alguna caricia. Reparo en la brillantez de los colores que conforman ZOPOP. Acaso tengan la intensidad cromática que podría esperarse de nuestro siglo XXI. Un lugar para reclinarse, tal vez. Me digo que tal vez ese sea el sentido de la instalación. Una acción que permita pasar un rato en un ambiente poco convencional. La propia escultura de Rodin vendría a agregar un toque de rareza al conjunto. Me pareció que mi empeño por aislar el Balzac había sido una torpeza. En su lugar debí haber prestado atención al espacio creado por Lambie, con su cortocircuito visual. Las franjas de colores ponían entre signos de interrogación mi manera habitual de apreciar una obra de arte. La instalación tal vez quería hacerme ver mi dificultad para disfrutar del Balzac. Me pregunto si el artista escosés trataba de demostrar, a través de la propia experiencia del espectador, que en el mundo contemporáneo, tan vertiginoso, el placer estético estaba seriamente amenazado por la violencia visual del contexto. La estatua del escultor francés era, mientras duraba la muestra, una cita imprescindible dentro de ZOPOP. Lambie la había aprovechado a conveniencia, aun cuando el gesto tuviese la apariencia de un secuestro. Tal vez yo fui demasiado rígido y cascarrabias con eso de tratar de encontrar determinadas sutilezas en la escultura de Rodin. Tal vez me apresuré al desestimar aquel suelo inoportuno. Al cabo, el mes próximo, nuevamente podré contemplar a mis anchas la imagen del Balzac. Quizás el viernes que viene yo también debiera tirarme allí, con mi ipod en el bolsillo, y escuchar la maravillosa Paranoid, de Black Sabbath.
Salgo del museo con la impresión de haber aprendido algo...pero también espero que a Lambie y a los curadores del MoMA no se les ocurra hacernos contemplar las Señoritas de Avignon sobre un fondo de franjas estridentes. No veo cómo conseguirían incrustar a una bella joven en la pared.

Mayo del 68. Guy Debord y los Situacionistas.

En una sociedad industrial, que confunde el trabajo con la productividad, la necesidad de producir ha sido siempre hostil hacia el deseo de crear.
Raoul Vaneigem (1967)


Termina el mes de mayo. Reviso las entradas que he puesto en mi blog. Muchas de ellas están relacionadas con los movimientos juveniles de los años sesenta. Fue mi modo, no del todo intencional, de recordar las revueltas que encontraron un punto culminante en el año 68, con los trágicos eventos en Praga y México y los amotinamientos estudiantiles en París. La segunda mitad de los sesenta es un tema casi infinito, que daría para montones de comentarios y blogs. Aquí quería agregar la primera parte de un documental sobre Los Situacionistas, un grupo muy influyente en las protestas francesas de Mayo del 68. Dos libros tuvieron una importancia crucial. La sociedad del espectáculo (1968), de Guy Debord y La revolución de todos los días (1967) de Raoul Veneigem. Los Situacionistas hicieron una crítica de la cosificación de la vida cotidiana bajo el capitalismo y se propusieron cambiar la vida mediante una acción artística vinculada a lo político. Entre sus prácticas se encontraba aprovechar el potencial sígnico de los objetos de consumo para transformarlos en artefactos poéticos, dotados de un contenido contestatario. Algo que llamaron detournement (andaban tras las huellas del ready-made y del object trouve de los surrealistas).
Los Situacionistas intentaron integrar el arte y vida. Como escribió Guy Debord en 1957:

Nuestra acción sobre el comportamiento, en relación con los demás aspectos deseables de una revolución en las costumbres, puede definirse someramente por la invención de juegos de una esencia nueva. El objetivo general tiene que ser la ampliación de la parte no mediocre de la vida, de disminuir, en tanto sea posible, los momentos nulos.


Ideas tal vez no del todo novedosas –experimentos que pretendían socializar el arte fueron ensayados mucho antes por futuristas, dadaístas, surrealistas y abstraccionistas-; pero la diferencia quizás resida en que en el contexto de los sesenta dejaron de ser extravagancias. Las ideas de Debord y Vaneigem, en lo que tenían de incendiarias, se tomaron muy en serio y se propagaron como la pólvora. El célebre lema “la imaginación al poder”, escrito en alguna pared parisina en Mayo del 68, se deriva muy directamente de las actividades de Los Situacionistas.
El documental tiene tres partes.

30/5/08

El nuevo arte de hacer ruinas

El documental El nuevo arte de hacer ruinas muestra una Habana en decadencia. Hay varios entrevistados que relatan sus dramas individuales -que van desde la inconformidad política hasta la enagenación. Son, a la vez, habitantes de ruinas y ruinas humanas. Los comentarios de Antonio José Ponte constituyen el hilo conductor del filme. Todo eso estuvo bien; pero al final me quedé con la sensación de que, tal vez debido al tempo pausado del filme, a la soledad que prevalece en las vistas del entorno y a sus silencios, el resultado era algo así como una versión alemana de la ciudad, con la que yo no conseguía identificarme.
Lo de las ruinas nadie lo discute. La Habana se cae a pedazos, como si por allí hubiese pasado una guerra –de ello Ponte hace un delicioso comentario-; pero en el documental falta el bullicio de las calles. El nuevo arte de hacer ruinas no logra mostrar que la capital cubana, apuntalada y semi-derruida, es una urbe de vida exacerbada. Me cuesta trabajo imaginar la Habana sin su caos citadino. Esa trama urdida por las paradas de ómnibus repletas de personas, los ciclistas que aparecen por el lugar más insólito, las interpelaciones a los turistas, las prostitutas, los perros vagabundos, los mulatos que salen a los portales -cerveza en mano y sin camisas- para poner la música a todo volumen, los piropos que rayan en lo obsceno, el lenguaje no-verbal, las largas colas para casi cualquier cosa, las griterías, las malas palabras y un largo etcétera. Eso también es la Habana e incluso podría argumentarse que si no son ejemplos de la ruina colectiva, al menos lo son de la subsistencia.

El hombre de las mil voces


Sabíamos que las jovencitas que cortejaba Charlot pronunciaban un inevitable y engolado “Ay, Charles”, como si estuviesen medio derretidas. Y el timorato, enamoradizo, Charlot balbuceaba un poco, con su sonrisa abierta de par en par. Luego llegarían Cara de Globo y Soplete, con sus voces tan afables. Seguramente, como cada domingo por las mañanas, tendrían algún percance en El challote relleno. Y los bandidos, los policías y los grandulones tenían una voz gruesa y rasgada, al igual que los malvados con sus bigotes temibles y sus barbas muy largas. Para las persecuciones y las trifulcas sonaban unas gangarrias. La música de los cafetines también tenía una voz, como mismo la tenían los disparos, los puñetazos, el motor de los fotingos y el galopar de los caballos. Y Armando Calderón estaba inmerso hasta la locura en sus comedias silentes.

Y quién iba a decir que aquel improvisador fascinante pasaría a la posteridad gracias a una frase apócrifa. Su inesperado esto es pinga, queridos amiguitos. Fue su mejor broma, su día más afortunado. Y dicen que nunca ocurrió. Nunca se le escapó tal cosa a este hombre de las mil voces. ¿Quién podría creerle? Cuán maravilloso el humor popular cubano.


Los años no pasaron en balde. Qué diferente les suena hoy Armando Calderón a sus otrora "queridos amiguitos".

29/5/08

Custodia. Octavio Paz

Del libro Ladera Este, que reúne la poesía de Octavio Paz entre 1962 y 1968.

CUSTODIA


                                    El nombre
                             Sus           sombras
                           El hombre   La hembra
                        El mazo                 El gong
                     La i                                  La o
                   La torre                           El aljibe
                 El índice                               La hora
               El hueso                                   La rosa
               El rocío                                  La huesa
                 El venero                          La llama
                    El tizón                       La noche
                       El río                   La ciudad
                          La quilla            El ancla
                            El hembro La hombra
                                     El hombre
                            Su cuerpo de nombres

         Tu nombre en mi nombre En tu nombre mi nombre
     Uno frente al otro uno contra el otro uno en torno al otro
                                 El uno en el otro
                                    Sin nombres

Confluencias: We are Porno, sí-Canción Protesta


El cartel de Eduardo Marín para We are porno, sí. Casi de inmediato recordé el conocido Canción Protesta de Alfredo Rosgaard.El primero me hace ver la imagen de Rosgaard en lo que tiene de erotismo. Y, viceversa, el diseño de Marín, interpretado desde el cartel de 1967, apunta hacia el erotismo como una suerte de Canción Protesta. ¿Para qué agregar que entre los cubanos el sexo, como el humor popular, han sido formas fundamentales de resistencia frente al totalitarismo?

We are porno, sí (I)


Para los que se interesan por las exposiciones que se celebran en La Habana, mi amigo el pintor Luis Trápaga acaba de enviarme la invitación a We are porno, sí, que se inaugurará el 30 de Mayo (viernes) en Laboratorio Aglutinador –anteriormente Espacio Aglutinador-, galería de Sandra Ceballos. Segun la invitación, será una muestra de arte porno (casi por inercia iba a escribir erótico; pero la invitación dice porno y me atengo a ello). Para empezar, la expresión arte porno desafía cualquier convención porque a lo erótico suele atribuírsele cierto grado de artisticidad; mientras lo pornográfico tiende a verse como un producto eminentemente orientado a la satisfacción sexual y ajeno a la cualquier propósito artístico.
En We are porno, sí participarán alrededor de cuarenta artistas. Todo parece indicar que será un evento muy ambicioso y me atrevo a augurar que no pasará sin controversias. Entre otras cosas, incluirá a artistas que viven fuera de Cuba (Tomás Esson, Manuel Pardo, Eduardo Aparicio, Omar Pascual y Elio Rodríguez). El sólo hecho de reunir a cuatro grandes como Esson, Rocío García y a los ya fallecidos Chago Armada y Servando Cabrera Moreno, me parece un acontecimiento memorable. Y esto es sólo una parte de lo que promete la muestra.

We are porno, sí (II)


Aprovecho para mostrar un par de imágenes del trabajo de Luis Trápaga. Es un pintor virtualmente desconocido tanto dentro como fuera de Cuba. No deja de sorprenderme que un artista tan peculiar y talentoso sea prácticamente ignorado en un escenario artístico en el que es frecuente que cualquier mediocre consiga cierto renombre.

27/5/08

George Lois en el MoMA(I)



El MoMA exhibe las portadas que diseñó George Lois para la revista Esquire. Una de ellas está dedicada a la hija menor de Stalin. Lois estaba molesto con la edición del libro Veinte Cartas a un Amigo, en el que Svetlana hablaba horrores cometidos por su padre. La revista Esquire publicaría un artículo desfavorable–firmado por Garry Wills- en el que la disidente soviética era descrita como una oportunista. La venganza de Lois consistió en superponer un dibujo del bigote de Josef Stalin sobre el retrato de la hija desleal.
Sorprende que el diseñador que hizo las cubiertas más provocativas de los años sesenta fuese un joven que, cuando menos, simpatizaba con el stalinismo. Y esto después del deshielo que había iniciado Kruchev. Esquire aprovechó su talento y también, a no dudarlo, su izquierdismo radical, aparentemente atrevido y en la práctica muy vendible. Las portadas de Esquire, que le dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en imágenes paradigmáticas de los sesenta, confirman una de las ideas de Adorno y Horkheimer: en la época de industria cultural, hasta la actividad política de la oposición entra en complicidad con el status quo.

George Lois en el MoMA (II)

Una de las portadas tiene que ver directamente con la Revolución Cubana. The Face of a Hero, rostro realizado a partir de un montaje de las caras de Bob Dylan, Fidel Castro, John F. Kennedy y Malcoln X. Estas eran las cuatro figuras más atractivas entre los estudiantes norteamericanos de izquierda. El diseño de Lois seguramente contribuyó -como antes lo había hecho Sartre con su Huracán sobre el Azúcar- a incrementar las simpatías de la izquierda mundial hacia el líder cubano. Claro que no habría que responsabilisar sólo al diseñador de Esquire -ni tampoco a Sartre- por el mito mediático creado en torno al caudillo cubano. Era una construcción mucho más concertada, a tono con las inquietudes de los jóvenes de los sesenta, que se fue configurando de manera más o menos espontánea -y a la vez estimulada por la intelectualidad y los mass-media. Hacia comienzos de los setenta, la lista de los intelectuales desencantados con la Revolución era ya muy larga, e incluía al propio Sartre. Sin embargo, todavía hoy cuesta trabajo deshacer la imagen mítica del revolucionario cubano. Para la izquierda contemporánea, que es mucho más escéptica que antes, sigue siendo difícil de digerir la posibilidad de una crítica a la Revolución Cubana que provenga de la propia izquierda. Y si esa crítica fuese enunciada por un cubano que, además, reside en los Estados Unidos -o en cualquier otro lugar del planeta que no sea Cuba- entonces sus opiniones quedan casi automáticamente descalificadas como reaccionarias. Un cubano, que se sienta inconforme con lo que sucede en su propio país, que viva en una sociedad capitalista y que, al mismo tiempo, se identifique con los movimientos que luchan por reformas destinadas a lograr una mayor igualdad social, posiblemente no tenga más alternativa que hablar desde la marginalidad.



De un modo u otro, The face of the Hero circuló por la Habana. Recuerdo que mi madre había pegado la imagen en una de las paredes de su habitación. En la sala, encima de un televisor de los años cincuenta, estaba colgada una guitarra sobre la que alguien pintó unas flores lilas, rojas y amarillas. Y en la terraza de nuestro tercer piso, un vistoso letrero en el que podía leerse: La locura.

George Lois en el MoMA(III)



Otro de los célebres diseños de George Lois. Andy Warhol ahogándose en el remolino de una sopa de tomate. El declinar de las vanguardias, o en todo caso el momento en que el mercado asimilaba a las atrevidas novedades artísticas y las transformaba en bienes de consumo. A Warhol le encantó la idea de Lois. Posó entusiasmado para las fotografías con las que éste último confeccionaría su diseño. Warhol no ignoraba que su arte se había convertido en un producto mediático y en una mercancía. Tampoco le disgustaba que así fuese. Buena parte de sus gestos y excentricidades fueron actos de publicidad. Su cínico coqueteo con el mercado fue, entre otras cosas, una intencional prolongación de su creación artística. El desenfado de Warhol hacia la cosificación de su arte fue el de un visionario. Sólo hace falta compararlo con la mayoría de los artistas conceptuales que en su momento creyeron hacer obras que no fuesen comercializables y que terminaron en los lotes para las subastas de Christie’s y Sotheby’s.

George Lois en el MoMA (IV)




Las protestas contra la guerra en Viet-Nam fueron un tema recurrente en las portadas de Esquire. El humor negro y la crueldad fueron las armas predilectas de George Lois. En la imagen de abajo, el teniente Calley, acusado de masacrar a niños vietnamitas, posa risueño entre un grupo de infantes del país asiático.

24/5/08

Southern Man (I)

Elliott Erwitt, Segregated Water Fountains, 1950

Innecesario decir que Estados Unidos, con todas las injusticias sociales que puedan –o quieran- achacársele, se encuentra a años luz de esta conocida imagen, captada en 1950 por el fotógrafo Elliott Erwitt, en algún lugar de North Carolina. No digo que no existan prejuicios y tensiones raciales. Siglos de exasperación no pueden borrarse de un plumazo; pero esta imagen de la infamia es, desde hace tiempo, un capítulo definitivamente cerrado. Una ironía del destino quiso que fuese precisamente el voto de North Carolina el que le permitiera a Barack Obama afianzarse de una vez y por todas como vencedor en la fatigosa contienda electoral contra los Clinton. El senador de Illinois, con sus multitudes de seguidores, encarna lo que tal vez sea el momento culminante de una ineludible redención histórica. Y es una redención que se ha consumado en un lapso de tiempo relativamente breve. Hace apenas cuatro décadas nadie habría podido soñar que un día pudiese asistirse –como todo parece indicar que ocurrirá- a la primera victoria electoral de un candidato negro a la presidencia de los Estados Unidos. Ni siquiera el célebre I have a dream, de Martin Luther King Jr. pudo llegar tan lejos. En los Estados Unidos, país que suele asociarse con el conservadurismo político, ocurren aperturas sociales de tales magnitudes que sólo desde la distancia pueden percibirse con nítidez.

Southern Man (II)

Una historia pasada y, no obstante, Southern Man, de Neil Young, ofrece una imagen muy vívida del chasquido del látigo sobre las espaldas, del horror de los grilletes y de las herramientas destinadas al castigo. Y más allá del maltrado corporal, el degradante trabajo esclavo, el forzado desarraigo del suelo natal y la existencia cotidiana, confinada en barracones.



Me he permitido traducir Southern Man. Luego el texto en inglés. Cualquier sugerencia es bienvenida.

Hombre Sureño
Hombre sureño
Mejor resguarda tu cabeza
No olvides lo que dice tu libro sagrado
Definitivamente vendrá un cambio para el Sur
Ahora tus cruces arden rápido
Hombre sureño

Vi cultivos de algodón y vi a negros
Elevadas mansiones blancas y pequeñas chozas
¿Hombre sureño, cuándo les restituirás?
Escuché gritos y el chasquido del látigo
¿Hasta cuándo?, ¿Hasta cuándo?

Hombre sureño
Mejor resguarda tu cabeza
No olvides lo que dice tu libro sagrado
Definitivamente vendrá un cambio para el Sur
Ahora tus cruces arden rápido
Hombre sureño

Llily Belle, tu pelo es castaño y dorado
He visto a tu hombre negro merodear
Jurarle a Dios “yo voy a doblegarlo”
¿Hasta cuándo?, ¿Hasta cuándo?

Southern Man
Southern man better keep your head
Dont forget what your good book said
Southern change gonna come at last
Now your crosses are burning fast
Southern man

I saw cotton and I saw black
Tall white mansions and little shacks.
Southern man when will you pay them back?
I heard screamin and bullwhips cracking
How long? how long?

Southern man better keep your head
Dont forget what your good book said
Southern change gonna come at last
Now your crosses are burning fast
Southern man

Lily Belle, your hair is golden brown
Ive seen your black man comin round
Swear by God I'm gonna cut him down!
I heard screamin and bullwhips cracking
How long? how long?

23/5/08

Salvador Dalí en What’s my line?

Navegar por youtube es una experiencia laberíntica y con frecuencia impredecible. Alguna caprichosa asociación me hizo tropezar con What’s my line? , un popular programa de televisión norteamericano de los años cincuenta, que se mantuvo hasta Septiembre de 1967. Una celebridad llegaba y estampaba su firma en una pizarra. A continuación se sentaba junto al moderador y frente a cuatro panelistas que -con los ojos vendados- hacían preguntas destinadas a identificarlo. Si la personalidad invitada no era reconocible por su apariencia física, entonces los panelistas no tenían que cubrirse los ojos. Hubo panelistas célebres como Groucho Marx, Woody Allen, Gore Vidal y Orson Welles.
Supongo que What’s my line? sirviera de modelo para el espacio televisivo cubano Escriba y Lea. Sólo que éste último era innegablemente más instructivo y hasta propiciaba que la gente lo jugara cuando se encontraban en grupos (algo que posiblemente fuera más complicado con su antecesor estadounidense, que dependía de un invitado especial).
Por What’s my line? desfilaron conocidas estrellas como Barbra Streisand, Buster Keaton, Jerry Lewis, Judy Garland, James Stewart, Joe DiMagio, Louis Amstrong, Alfred Hitchcock, el torero español Luis Miguel Dominguín y Salvador Dalí. En contra de lo que uno pudiera imaginar, Dalí no incurrió en ninguna de sus usuales extravagancias. Por el contrario, creo que hizo todo lo posible respetar las reglas del programa. Se limitó a responder "Yes" o "No". Aun así, es para mearse de la risa (bueno, a lo mejor no tanto; pero si garantizo que es inevitable reír).

19/5/08

White Rabbit

El supuesto pasatiempo de traducir al español la canción White Rabbit de Jefferson Airplane , terminó por ser un rompe-cabezas mucho más complejo y divertido de lo que yo hubiese podido esperar en un comienzo. No estoy muy seguro de haber logrado una versión del todo satisfactoria, aunque la encuentro -tal vez sin la debida humildad- mucho más aceptable que otras traducciones que pueden consultarse online. Perseguir al Conejo blanco me hizo "caer" nuevamente en la lectura de Alice in Wonderland. En particular quería ver cuál era exactamente la cita “feed your head” con la que concluye la canción. Me sorprendió que tal expresión no apareciese por ninguna parte en el libro de Lewis Carroll. La canción, en cambio, alude a un breve diálogo que se encuentra casi al final del capítulo XI. Lewis Carroll escribió:
But what did the dormouse said?-one of the jury asked
That I can’t remember, said the Hatter
(Pero, ¿qué dijo el Lirón?- preguntó uno de los jueces.
Eso no puedo recordarlo, contestó el Sombrerero)
Grace Slick, la autora de la canción, hizo un ingenioso desvío con respecto a la novela. No hay que insistir en la intención transgresora de ese delicioso coqueteo con el texto original.
Aquí mi versión al castellano de White Rabbit -se agradece cualquier sugerencia para enmendarla- y a continuación la letra en inglés.

Conejo Blanco

Una pastilla te hace más grande
Y otra te vuelve pequeño
Y las que tu madre te da
No sirven para nada
Ve y pregúntale a Alice
Cuando mida diez pies de alto

Y si andas persiguiendo conejos
Y sabes que vas a caer
Diles que te había llamado
Una oruga que fumaba el narguile
Invoca a Alice
Cuando era pequeñita

Cuando los hombres en el tablero de ajedrez
Se ponen de pie y te indican a dónde ir
Y tu has acabado de ingerir cierto tipo de hongos
Y tu mente empieza a relajarse
Ve y pregúntale a Alice
Yo creo que ella sabrá

Cuando la lógica y la proporción
Han caido en una agonía patética
Y el Caballero Blanco está hablando al revés
Y la Reina Roja grita su “que le corten la cabeza”
Recuerda lo que dijo el Lirón
Echa a volar tu mente
Echa a volar tu mente

White Rabbit
One pill makes you larger
And one pill makes you small
And the ones that mother gives you
Don't do anything at all
Go ask Alice
When she's ten feet tall

And if you go chasing rabbits
And you know you're going to fall
Tell 'em a hookah smoking caterpillar
Has given you the call
Call Alice
When she was just small

When men on the chessboard
Get up and tell you where to go
And you've just had some kind of mushroom
And your mind is moving low
Go ask Alice
I think she'll know

When logic and proportion
Have fallen sloppy dead
And the White Knight is talking backwards
And the Red Queen's "off with her head!"
Remember what the dormouse said:
Feed your head
Feed your head

II

Presentación de Jefferson Airplane en el Smothers Brothers Comedy, el 7 de Mayo de 1967. La banda interpretó lo que tal vez fueran sus dos piezas más exitosas: White Rabbit y Somebody to love, ambas compuestas por Grace Slick.

White Rabbit (II)

Presentación de Jefferson Airplane en el Smothers Brothers Comedy, el 7 de Mayo de 1967. La banda interpretó lo que tal vez fueran sus dos piezas más exitosas: White Rabbit y Somebody to love, ambas compuestas por Grace Slick.

16/5/08

¿Qué tal amigos?...bienvenidos a su espacio...la Opera.


(Para Isis Wirth)
I
Un breve post en el blog La Reina de la Noche me hizo interrumpir mi trabajo y recordar a alguien que tuvo una innegable influencia sobre mi formación: el locutor e investigador musical Angel Vázquez Millares. Durante varios años, cada vez que podía, escuchaba su programa La Opera, a las diez de la noche. Y si no tenía ocasión de hacerlo, entonces procuraba no perderme la retrasmisión, al día siguiente, a las cinco y treinta de la tarde.
No consigo recordar cómo comencé a interesarme por la ópera. Tal vez fue a partir de una escena del filme Moliere que nunca más he vuelto a ver y que ahora ni siquiera consigo recordar con claridad. La escena, según logro rememorarla, era más o menos como sigue. Moliere, moribundo, desciende las escaleras. Algunos personajes lo sujetan y asisten; pero el momento de bajar los escalones se repite una y otra vez como si la acción fuese en marcha atrás o se interrumpiese para volver al mismo punto de partida. Una suerte de escalera interminable o Moliere, como un Sísifo, condenado a repetir indefinidamente la misma esteril faena. En el fondo unas voces de tenores, mezzos, contraltos y barítonos interpretaban lo que debió ser, supongo, una pieza barroca. Seguramente fue de aquel modo, completamente fortuito, que surgió mi interés y, muy pronto, mi fascinación por la ópera. Luego escuché las relativamente populares Traviatta y Carmen, y finalmente descubrí los programas diarios de Vázquez Millares. Pasé muchas tardes dominicales atento a los comentarios sobre la ópera, el autor y los interpretes de la grabación que Vázquez Millares transmitiría en su programa de las dos. Ahora recuerdo sobre todo el tono de su voz.
Posteriormente, durante los desastrosos comienzos de los noventa , cada sábado al mediodía yo caminaba hasta la Biblioteca Nacional. Vázquez Millares presentaba, ante una audiencia cada vez más numerosa, videos de óperas. Poco a poco, gracias a la donación de cubanos residentes en el extranjero –y sobre todo mediante la contribución de un millonario que había emigrado a Puerto Rico y de quien se rumoraba había sido amante de María Callas- la biblioteca fue reuniendo una muy actualizada colección de videos de ópera (el dvd no había llegado por aquel entonces). Vázquez Millares era el encargado de hacer las presentaciones. Traía algunas notas; pero era evidente que improvisaba gran parte de sus comentarios. Hablaba con una elocuencia y una erudición poco frecuentes, incluyendo anécdotas que al final resultaban útiles para la propia comprensión de la ópera. Muy pocas veces faltó a aquellos encuentros en la Biblioteca Nacional. Escucharlo era algo casi tan esperado como la proyección de la ópera misma. En algunas ocasiones tuve oportunidad de conversar con él. Siempre estaba dispuesto a escuchar a los demás, incluso cuando se aparecieran con alguna interpretación ingenua o disparatada.
II
Hoy vivo en New York. Puedo ir con frecuencia al Metropolitan Opera House. Puedo ver en vivo representaciones semejantes a las que, en formato VHS, esperaba con avidez cada sábado. Puedo asistir a espectáculos donde cantarán las grandes figuras del presente. Una noche en el Met es inevitablemente encantadora. A la salida, de regreso a mi apartamento, persisten en mi memoria algunos de los momentos más notables de la puesta en escena; pero, muy a mi pesar, tengo que confesarme que la ópera no despierta el mismo entusiasmo de antes, cuando la descubría mediante los programas radiales de Angel Vázquez Millares. Quizás porque muchas de las arias, duetos, etc, me resultan ahora demasiado familiares. Quizás porque una obra de arte es más vital y necesaria en temporadas de crisis sociales, como aquellos comienzos de los noventa en Cuba. Quizás porque ya pasaron los momentos de esplendor de la ópera: murieron o se retiraron las legendarias voces que Vázquez Millares presentaba en sus programas. O quizás, sencillamente, porque el tiempo pasa y, poco a poco, de manera casi inevitable, arte y vida comienzan a disociarse.
III
Busco en Internet la radio cubana. Compruebo, con satisfacción, que Vázquez Millares ha sido reconocido por su labor de cerca de cuarenta años divulgando la ópera. CMBF tiene una página web; pero –por desgracia- su señal no se transmite online. Pienso en el placer con que hubiese escuchado algunos de los programas de Vázquez Millares, aquí en Manhattan. Me digo que quizás pueda ocurrir, en un futuro no muy lejano.

4/5/08

Summer of Love, 1967


¿Es posible la nostalgia por un pedazo de historia uno no llegó a vivir, que se conoce sólo a través de referencias más o menos fragmentarias e idealizadas? ¿Puede incluso esa nostalgia ser más intensa que la añoranza por el pasado correspondiente a nuestras propias experiencias personales? Posiblemente sí. Al menos en mi caso no consigo curarme de la nostalgia por los años de las revueltas juveniles. Aquí la primera parte del documental It was twenty years ago today (1987) sobre el año 1967, cuando se celebró el Summer of Love, el Monterey Pop Festival y existía un pujante activismo contra el status quo y la guerra en Viet-Nam (un activismo que contrasta con lo poco que lastimosamente se hace hoy en contra de la invasión a Iraq).Por aquel entonces, el LSD se propagaba entre los jóvenes, junto a la libertad sexual, las modas psicodélicas y la creencia en que era posible cambiar la vida. El documental toma como punto de partida el álbum de The Beatles, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band para ofrecer un panorama de los movimientos juveniles en 1967. Contiene entrevistas a George Harrison, Paul McCartney, Allen Ginsberg, Abbie Hoffman, Timothy Leary, Bob Dylan, Paul Kantner y otras figuras que tuvieron un rol protagónico en las protestas y ensueños de aquel año.



Son nueve o diez partes. Pueden encontrar el resto en youtube. Muy recomendable.