16/12/08

V. Cuatro premoniciones de Platón. Fidel Castro y la Revolución Cubana.

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Recuerdo cuando leí este pasaje, en la Habana. Yo mismo no podía creerlo. Hay tantas similitudes entre estos fragmentos y el devenir de la Revolución Cubana que no me quedó otro remedio que convenir en que el líder cubano es el arquetipo por excelencia del tirano que describe Platón.
Se trata del momento, al final del libro octavo de La República, en el que Platón describe el modo de gobernar del tirano.
Otra vez, la cita directa es más oportuna que cualquier cosa que yo pueda decir. He puesto sólo los fragmentos que a mi juicio se ajustaban más a la historia de las últimas décadas en Cuba; pero entre el Libro VIII y el IX podrían extraerse algunos otros pasajes notables. Creo que este texto perfectamente podría leerse como una aguda y abreviada mirada hacia la Revolución Cubana. O cuando menos hacia los mecanismos fundamentales que puso en práctica para solidificar y conservar el poder.


***

-¿No es cierto -dije- que, en los primeros días y en el primer tiempo, aquél sonríe y saluda a todo el que encuentra a su paso, niega ser tirano, promete muchas cosas en público y en privado, libra de deudas y reparte tierras al pueblo y a los que le rodean y se finge benévolo y manso para con todos?
-Es de rigor -contestó.
-Y pienso que, cuando en sus relaciones con los enemigos de fuera se ha avenido con los unos y ha destruido a los otros y hay tranquilidad por parte de ellos, entonces suscita indefectiblemente algunas guerras para que el pueblo tenga necesidad de un conductor .
-Es natural.
-¿Y para que, pagando impuestos, se hagan pobres y, por verse forzados a atender a sus necesidades cotidianas, conspiren menos contra él ?
-Evidente.
-¿Y también, creo yo, para que, si sospecha de algunos que tienen temple de libertad y no han de dejarle mandar, tenga un pretexto para acabar con ellos entregándoles a los enemigos? ¿No es por todo eso por lo que le es necesario siempre al tirano promover guerras?
-Necesario, en efecto.
-Pero, al obrar así, ¿no se expone a hacerse más y más odioso a los ciudadanos?
-¿Cómo no?
-¿Y no sucede que algunos de los que han ayudado a encumbrarle y cuentan con influencia se atrevan a franquearse ya con él, ya entre sí unos y otros, censurando las cosas que ocurren, por lo menos aquellos que sean más valerosos?
-Es natural.
-Y así el tirano, si es que ha de gobernar, tiene que quitar de en medio a todos éstos hasta que no deje persona alguna de provecho ni entre los amigos ni entre los enemigos.

***

-¿Y no es cierto que, mientras más odioso se haga a los ciudadanos al obrar así, mayor y más segura será la guardia de hombres armados que necesite?

***

-Y elogia a la tiranía -agregó él- como cosa que iguala a los dioses con otras muchas alabanzas ; y esto no sólo él, sino los otros poetas.

***

Volvamos a hablar del ejército del tirano, de aquel ejército hermoso, grande, multicolor y siempre cambiante, y digamos de dónde sacará para mantenerlo.
-Está claro -dijo- que, si hay tesoros sagrados en la ciudad, los gastará; y mientras le baste el precio de su venta, serán menores los tributos que imponga al pueblo.
-¿Y qué hará cuando falten aquellos recursos?
-Pues no hay duda -contestó-; vivirá de los bienes paternos, así él como sus comensales, sus amigos y sus cortesanas.

Primera Parte

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