4/12/08

In erectio.

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I
Luego de la oscura nube hegeliana me gustaría tomar nuevamente el lápiz y escribir, para conservar todavía cierto gusto por lo clásico, sobre una tarde encantadora en el Museo de Bellas Artes de la Habana.

Como parte de un entrenamiento para una práctica social que nunca llegué a realizar, una profesora de la Universidad de La Habana debía instruirme en el conocimiento de la cerámica griega. Me reuní con ella en lo que para mí era una de salas más insípidas del museo: La Colección del Conde Lagunillas, que contiene alrededor de un centenar de vasijas.

La profesora, entrada ya en los cincuentas, se había especializado en el tema de los vasos griegos. Hablaba con innegable pasión y además, al menos en mi caso, consiguió transmitirme esa admiración por aquellas piezas de arcilla.

II
Tal vez como ningún otro vestigio de las artes visuales del mundo griego, la cerámica permite adentrarse en la vida cotidiana de aquella prodigiosa cultura. Muchas veces yo había pasado de largo por esas vasijas, encerradas en pedestales de un gusto trasnochado y academicista. Ignoraba cuánto había dejado de apreciar. Ahora, delante de mí, estaba esta formidable pedagoga, explicando parte de aquella riqueza. Los vasos –que eran muy caros en la Antigüedad y llegaron hasta a convertirse en toda una industria exportable- permitían ver cuán estilizado era el modo de vida de los griegos.

III
La profesora me hablaba de las ánforas, que servían para almacenar tres líquidos que eran indispensables por aquel entonces: el agua, el vino y el aceite de oliva (los griegos, siguiendo un hábito muy higiénico, se aseaban con aceite de oliva. O más bien se afeitaban porque el baño consistía en embadurnarse el cuerpo y luego retirar el aceite con una suerte de espátula metálica, ligeramente arqueada y afilada).

En otro lugar estaban las cráteras, llamadas así por su boca ancha, que se usaban para mezclar el vino (tres porciones de agua y una vino). Y los kilix –o las copas- que los griegos, sentados en círculo, pasaban de mano en mano, para beber durante los banquetes.

Las hidrias, unas vasijas de gran tamaño, provistas de tres asas. Las mujeres, que eran las encargadas de buscar el agua, a veces caminando largas distancias, cargaban las hidrias en sus cabezas, sosteniéndolas por las asas laterales, y la tercera asa se usaba para poder verter el líquido en otro recipiente. Y estaban también los pixis, pequeñas cajitas circulares para guardar cosméticos, y los lekitos, vasijas funerarias, con escenas de duelo, pintadas contra un fondo blanco. Las formas de los vasos eran en muchos sentidos dictadas por las funciones para los que estaban reservados.

IV
Igualmente fascinantes eran las ornamentaciones, con esos motivos decorativos que han perdurado hasta nuestros días: las palmetas, las grecas y los meandros. La profesora me explicaba las técnicas: el paso de los dibujos arcaicos, a las figuras negras contra los fondos rojos cobrizos, y luego una inversión que les permitió hacer líneas más dinámicas (figuras rojas y fondos negros). Y durante el momento helenístico, los vasos que se hacían cada vez más sobrecargados de motivos y personajes. La explicación continuaba hasta la iconografía: los atletas que participaban en la carrera con impedimentos, los guerreros que se enfrentaban, mostrando sus temibles escudos con cabezas de Medusas, las divinidades: Atenea, Afrodita, Zeus, la ménade tratando de escapar del sátiro itifálico... es decir, el sátiro con el pene in erectio, aclaró la profesora.

V
Las palabras en latín me hicieron reír; pero lejos de adentrarme aún más en el mundo grecolatino, me devolvieron al presente. In erectio era un término demasiado aséptico, como si se tratase de una definición científica. La lección sobre los griegos de la Antigüedad quedaba truncada por la súbita para irrupción de este lenguaje posiblemente erudito; pero que expresaba más bien el pudor del presente y no la vida menos desprejuiciada de los griegos. Me atrevería a decir que no era sólo el pudor de la profesora; sino de cierta manera también el de nuestro tiempo, con todo lo liberal y desenfadada que nos parezca la vida contemporánea.

VI
Hoy no se conservan las pinturas griegas –salvo los murales encontrados en la colonia italiana de Paetsum. No podemos saber exactamente cómo eran las pinturas. En su defecto, tenemos las cerámicas, en las que abundan los motivos sexuales: orgías, parejas copulando, teniendo sexo oral, hombres eyaculando, personajes que participan en el cotabos –un juego que consistía en lanzar una gota de vino y tratar de hacerla pasar por un aro. El que lo lograba, recibía como premio la posibilidad de satisfacer un deseo sexual con cualquiera de las personas que asistían al banquete.

Las pinturas romanas, conservadas en Stabia, Herculano y Pompeya, pueden dar una idea de cómo se integraban los murales a las calles y las haciendas en el mundo grecolatino.

En Pompeya existen decenas de pinturas con temas eróticos. Muchas de ellas hoy pasarían por pornográficas. Frecuentemente las escenas se representan con humor o con exageración, como si transmitieran una alegría de vivir. En una de las paredes que han logrado conservarse, una representación de un pene sirve para indicar la dirección hacia el lupanar. En la imagen que aparece en la foto, el falo va acompañado de un letrero que dice: Aquí habita la felicidad. ¿Cómo pasar por alto la desenvoltura, el humor y la inocencia de esta imagen y su presencia en el espacio público? Comparados con los griegos y los romanos, nosotros vivimos, todavía hoy, en sociedades en las que persisten prejuicios, aunque evidentemente sean más abiertas de lo que lo fueron en el siglo XIX.

VII
Se me podría decir que en la actualidad existe toda una industria del sexo que haría palidecer a cualquiera de los motivos iconográficos grecolatinos. Tiendas de sexo, canales de televisión dedicados exclusivamente a transmitir programas porno, sitios de internet, sean gratuitos o pagados, comunidades identificadas por un tipo determinado de prácticas, etc. Todo eso es cierto y seguramente no habría que simplificar –como estoy haciendo aquí- la comparación; pero lo que contaría, me parece, no es ni la cantidad ni el contenido de las imágenes sexuales que se consumen; sino la manera en que circulan. En el mundo grecolatino las representaciones explícitamente sexuales estaban en prácticamente todas partes: las paredes, los espejos, las estatuas, los vasos, los amuletos y las comedias que se presentaban en los anfiteatros. Las imágenes de contenido sexual estaban integradas a la vida cotidiana y a la sociedad. Se exhibían con naturalidad. En la actualidad la industria sexual está más bien confinada al espacio privado, a la intimidad del individuo, recluida en sitios muy específicos, próximas todavía a lo oculto y lo inconfesable.

9 comentarios:

  1. Yo creo que cada sociedad tienes sus virtudes y lado ocuros...que los griegos y romanos hayan decorados sus paredes con simbolos sexuales no quiere decir que debamos adoptar tales costumbres, No considero que aquellas sociedades sean modelo alguno para imitar. Creo que la pornografia debe exister pero a preferencia y eleccion de quien la necesite consumir....realmente no creo que me gustaria ver un pene colgado en el lobby del Capitolio de los Estados Unidos asi sea esta una obra de el mismisimo Miguel Angel y no por que sea irrespetuoso sino porque no cumpliria su funcion estandondo esta en un lugar equibocado. pero si la difrutaria en otro ambito... yo creo que el problema radica cuando se le trata de imponer a los demas preferencias de otros. Tambien los romanos tenian coliseos con los espectaculos mas horribles que la humanida haya cometido y no creo que necesitamos replica alguna de aquello. Yo creo que en los EE.UU tenemos la pornografia donde esta debe estar al alcance de la mano de quienes la necesita consumir.... pero dejeme elegir por favor entre el agua y la Coca cola. Mi conclusion, si, somo mas civilizados, el simple acto de poder elegir lo demuestra pero no me la laces el pene por la cabeza.

    Ahora si, como arte lo difruto mucho son dibujos de incrible belleza

    Saludos

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  2. Muchas gracias por pasar por aqui y dejar su comentario. Basicamente estoy de acuerdo con lo que usted dice. La pornografia no deberia estar en la calle, como un producto mas. Impuesta a todo el mundo. Pero el asunto es que el mundo grecolatino muchas representaciones de temas sexuales ni siquiera eran tenidas por pornograficas, incluso cuando esta palabra proviene del griego.

    En el mundo contemporáneo existen actividades en las que la sexualidad se comparte socialmente, sin que resulte escandaloso ni obsceno. Pienso en el dia de Mardi Gras en New Orleáns, los Carnavales de Rio, o el Mermaid Parade en Coney Island. Seria divertido si estos eventos no se redujesen a ser celebraciones locales, o estuviesen limitados a dias festivos. Pero yo solo queria limitarme a llamar la atención sobre una diferencia entre el mundo grecolatino y el nuestro, sin tratar de presentar al primero como un modelo a seguir.Seguramente debi haber aclarado esto en mi entrada. Su comentario me da la oportunidad de hacerlo y le agradezco mucho por ello.
    Donde si difiero es en eso de no colgar una obra de arte con motivos sexuales en el Capitolio de Washington. Es oportuno que mencionara a Miguel Angel porque fue algo que sucedió con su mural El Juicio Final. Los censores repintaron la obra y agregaron unos pannos para cubrir muchos de los desnudos. Hoy casi todo el mundo esta de acuerdo en que aquello fue un disparate.
    Muchas gracias otra vez por pasar por aca y por dejar su opinión. Saludos.

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  3. Qué interesante esta exposición sobre el delicado tema de lo sexual en la vida cotidiana. Me dio risa la profesora cincuentona, con su ímpetu de adentrar a un joven en las escenas de la cotidianeidad griega y de repente parar todo en seco con un término en latín, por el pudor demasiado presente.
    Pienso que hoy en día lo sexual está tan insertado en la vida social que me cuesta trabajo entenderlo solamente según la única propuesta de la pornografía. Lo sexual es también otras cosas, son las relaciones y los actos que se establecen a veces, y que tienen una esencia sexual (relacionarse, escribir ideas que serán leídas, rivalizar con el compañero, seducir, exhibirse, etc) Sintetizo: lo sexual puede "trasvasarse" de lo meramente entendido como un acto (es de lo que se trata en la pornografía) praa estar ahí, presente, contaminando casi toda nuestra vida de relación.
    (¿Es muy freudiano esto o qué te parece?)
    Saludos, los de siempre,
    Verónica

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  4. Querida Veronica:
    Absolutamente de acuerdo contigo. Hay muchas otras formas de expresion de lo sexual, que muchas veces se expresan en el cortejo y en todos esos comportamientos que tu has enumerado. Un objeto muy simple puede estar tambien cargado de connotaciones sexuales y hasta puede incluso ser un ejemplo de exhibicionismo. Un ejemplo muy simple que se me ocurre es un anillo. Colocado en el dedo anular, significa que la persona que lo porta posee un compromiso sentimental con otra persona; pero tambien quiere decir que mantiene relaciones sexuales, con quien se lo regalo. Hoy las ropas, los cortes de pelo, las palabras escritas, casi cualquier cosa tiene una connotacion sexual. Seguramente era igual en el pasado. Pero yo aqui trate de limitarme a comentar imagenes mas explicitas.
    Saludos, los de siempre.

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  5. De lo explícito a lo implícito van solo placitos. Excepto en Vegas, donde lo explícito se advierte hasta en la placita.

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  6. Muy interesante Ernesto.
    Yo siempre fui una apasionada admiradora de la cultura griega.
    El tema con el arte plagado de imágenes sexuales me parece que denota la existencia de muchos menos tabúes al respecto que los de hoy en día. Sobre todo, con la homosexualidad.
    No sé si es tan comparable con la industria pornográfica del siglo XXI, ya que tendríamos que ponernos a discutir sobre la definición de "arte": que las vasijas con imágenes de orgías son obras de arte, no hay duda; pero, ¿lo son por ejemplo las revistas que vemos a diario con mujeres mostrando su cola? mmm...
    Con respecto a los comentarios anteriores, tampoco creo que la sociedad griega de la Antigüedad sea un modelo a imitar, pero sí hay muchos aspectos en los que nos vendría bien ser como ellos. El hecho de que haya menos inhibiciones es un claro ejemplo. Decir que "somos más civilizados" es totalmente evolucionista y erróneo. Tampoco digo que colguemos pornografía en los lugares serios e importantes: sería violar la regla de adecuación del lenguaje y los registros serían discordantes.
    Con respecto al comentario de Verónica: ¡Completamente de acuerdo! Considerar solamente a la pornografía como imágenes sexuales sería de un modo anacrónico. Los objetos, los cortes de pelo, los anillos, la manera de hablar... Todo tiene un significado simbólico. Y la sexualidad "tiñe" nuestros actos.
    Muchos besos!!!

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  7. Realmente no deseo cambiar el curso de la comversacion pero con respecto al comentario de Jessi y sobre los tabues con respecto a la homosexualidad. Realmen te discrepo. No creo que haya ningun tipo de tabu. y mucho menos discriminacion en la sociedad americana en contra de lo homosexuales. Ellos difrutan y como es normal participan en todos lo renglones de la sociedad americana. No creo que haria falta un presidente homoxesual con su pareja en la casa blanca para demostrar lo contrario.
    Y si considero un disparate que las leyes de un pais tengan que reajustarse y cambiarse por que un determinado grupo tenga una predileccion o preferencia sexual, eso es ridiculo y extremista. Lo que se busca con esto es la fragmentacion de la sociedad y no integrarla. Bajo la constitucion americana todo ciudadano tienen el mismo derechos no hace falta distincion o privilegio alguno todos somo iguales.

    Sobre si debemos tomar de los griego ...hace rato que eso sucedio. Pero recuerde cada sociedad es unica y responde a sus propias necesidades con respecto al momento historico y las circunstancia que le toco vivir.

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  8. very instructive.
    seguro de las griegas modosas (si las hubiere)les decían: "con cara de romper ánfora..."
    un saludo, man.

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  9. Me ha gustado mucho leer estas notas sobre la las ánforas griegas del Conde de Lagunillas, una de las mejores colecciones privades del mundo y que gracias a él tenemos el privilegio de tener en La Habana. Gracias. Alberto Lauro

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