13/12/08

La obra maestra accidental

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Me parecieron deliciosas dos de las anécdotas que incluyó Michael Kimmelman en la introducción de su libro The Accidental Masterpiece. On the Art of Life and Viceversa. Las traduje y las pondré a continuación, en dos entradas. Seguramente muchos de nosotros tenemos nuestras obras maestras accidentales.

I
Por uno de esos accidentes del destino, en 1893 el pintor Pierre Bonnard estaba caminando por una calle de París (o así cuenta la historia) y se puso a espiar a una joven, delicada y pequeña, que se bajaba de un tranvía. Ella probablemente medía cinco pies de alto, delgada y frágil, con ademanes nerviosos, como los de un pájaro agitado. Más tarde ella le diría a Bonnard que tenía dieciséis años y que se llamaba Marthe de Méligny. El la acompañó hasta su trabajo (resultó que ella cosía perlas artificiales para coronas de muertos). Esto ocurrió algunos años antes de que él supiera su verdadero nombre, Maria Boursin, y su verdadera edad, que no era dieciséis años en aquel momento; sino casi una década más mayor.
Durante la siguiente mitad de siglo, como el biógrafo de Bonnard lo ha dicho, Marthe se convirtió en la “figura que definiría su vida y su trabajo”. Su creciente nerviosismo, su misantropía, sus celos y su hipocondría conspiraron para determinar lo que sería la vida solitaria que llevaron juntos. Esto no quiere decir que un arte particularmente admirable –como el de Bonnard- se pueda atribuir, o definir, por una sola circunstancia. Como ha afirmado el historiador de arte Kenneth Clark, las obras maestras tienen varias capas de espesor. En el caso de Bonnard, esas capas incluyen las influencias de Edgar Degas, Antoine Watteau y las estatuas griegas de la Antigüedad. Pero Marthe, o más bien la relación que Bonnard llevó con Marthe, fue un catalizador. No es muy probable que Bonnard haya programado aquella mañana para encontrar una compañera, una musa, a quien él habría de dibujar y pintar interminablemente. Pero probablemente ningún artista antes que él haya centrado su arte tan completa y obsesivamente en una sola persona. ¿Quién sabe? Quizás sin darse cuenta, Bonnard intuyó algo a primera vista en Marthe, algo que él sintió que podría necesitar como pintor, a pesar de que es difícil imaginar que él haya soñado con pasar el resto de su vida más o menos secuestrado por esta persona tan frágil. En cualquier caso, a pesar de que era un pintor relevante cuando se fijó en ella, él fechó el nacimiento de su identidad pictórica poco después que ambos se conocieran. Si él hubiera pasado por otra calle, o si hubiera mirado en otra dirección cuando ella salía del tranvía, o no se le hubiera acercado, o en su lugar se hubiera dirigido hacia un café, o a encontrarse con un amigo, o si sencillamente se hubiera detenido a apretarse los cordones de sus zapatos, él habría conocido a otra mujer y habría llevado una vida diferente.
Uno podría decir que el resultado de su encuentro con Marthe fue una obra de arte accidental. O para decirlo de otra manera, el nuevo, profundo, y hermoso arte de Bonnard salió de lo que a muchos de sus amigos les pareció una relación claustrofóbica y a veces desdichada. Vivir intensamente es uno de los deseos más elementales de las personas y una necesidad artística. Bonnard, en su reclusión elegida con Marthe, vivió lo más intensamente posible a través de su obra. Su fuerza de voluntad en hacerlo así fue un acto creativo e ilustrativo. “Lo que me atraía era menos el arte en sí que una vida artística y todo lo que significaba para mí”, dijo Bonnard en una ocasión. “He estado atraído por la pintura y el dibujo durante un largo tiempo; pero eso no era una pasión irresistible. Lo que yo quería a toda costa era escapar de la monotonía de la vida”.Lo que parecía monótono desde afuera, era precisamente lo contrario para Bonnard. En efecto, al pintar esas escenas rapsódicas de su vida doméstica con Marthe –la casa que compartían, el jardín, la sala de desayunar, la cesta de frutas maduras sobre la mesa de comer, una vista desde la ventana, Marthe en el baño- él transformó su vida moderadamente retirada en un arte de una pasión irresistible.

3 comentarios:

  1. Yo no diria que es solo esa relacion del 'azar' este vinculada al arte, sino en toda relacion humana. Hay un ensayo de Derrida muy bueno al respecto (Aphorism Countertime), donde se analiza esos contratiempos intersubjetivos desde el horizonte de Romeo y Julieta.
    Recuerdo tambien un bonito soneto de Rimbaud, el cromatico 'Vowels', el cual tambien fue inspirado por una mujer de pelo verde que Rimbaud vio por la calle un dia.
    Quizas la vida sea eso: un contratiempo de lo que fue y no "es".
    Interesante meditar sobre esto con tu post de Bonnard.

    -G

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  2. Lindo post Ernesto. Gracias por compartir ese momento de Bonard que desconocía. Siempre aprendo algo aquí.

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