16/12/08

IV. Cuatro premoniciones de Platón. El Psicoanálisis.

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Como es sabido, dos de los temas centrales del psicoanálisis –el Complejo de Edipo y el Narcisismo- deben sus nombres a personajes de la tragedia y la mitología griega. Además, el psicoanálisis está plagado de referencias a las leyendas grecolatinas. Incluso un pensador como Gaston Bachelard, que se aparta del psicoanálisis clásico, habla en algún momento -en su Psicoanálisis del Fuego- del Complejo de Prometeo.
La propia teoría psicoanalítica está enunciada, de manera muy sumaria, al inicio del noveno libro de La República. Mejor citarlo que parafrasearlo:

Casi al inicio del Libro IX de La República puede leerse lo siguiente:

-Sí por cierto; y atiende a lo que de esos deseos quiero percibir, que es esto: me parece que de los placeres y deseos no necesarios una parte son contra ley y es probable que se produzcan en todos los humanos; pero, reprimidos por las leyes y los deseos mejores con ayuda de la razón, en algunos de los hombres desaparecen totalmente o quedan sólo en poco número y sin fuerza, pero en otros, por el contrario, se mantienen más fuertes y en mayor cantidad.
-¿Y qué deseos -preguntó- son esos de que hablas?
-Los que surgen en el sueño -respondí-, cuando duerme la parte del alma, razonable, tranquila y buena rectora de lo demás y salta lo feroz y salvaje de ella, ahíto de manjares o de vino, y, expulsando al sueño, trata de abrirse camino y saciar sus propios instintos. Bien sabes que en tal estado se atreve a todo, como liberado y desatado de toda vergüenza y sensatez, y no se retrae en su imaginación del intento de cohabitar con su propia madre o con cualquier otro ser, humano, divino o bestial, de mancharse en sangre de quien sea, de comer sin reparo el alimento que sea; en una palabra, no hay disparate ni ignominia que se deje atrás.
-Verdad pura es lo que dices -observó.
-Pero, por otra parte, a mi ver, cuando uno se halla en estado de salud y templanza respecto de sí mismo y se entrega al sueño después de haber despertado su propia razón y haberla dejado nutrida de hermosas palabras y conceptos; cuando ha reflexionado sobre si mismo y no ha dejado su parte concupiscible ni en necesidad ni en hartura, a fín de que repose y no perturbe a la otra parte mejor con su alegría o con su disgusto, sino que la permita observar en su propio ser y pureza e intentar darse cuenta de algo que no sabe, ya sea esto de las cosas: pasadas, ya de las presentes, ya de las futuras; cuando amansa del mismo modo su parte irascible y no duerme con el el ánimo excitado por la cólera contra nadie, sino que, apaciguando estos dos elementos, pone en movimiento el tercero, en que nace el buen juicio, y así se duerme, bien sabes que es en este estado cuando mejor alcanza la verdad y menos aparecen las nefandas visiones de los sueños.
-Eso es enteramente lo que yo también creo -dijo.
-Pero nos hemos dejado arrastrar demasiado lejos; lo que queríamos reconocer era esto: que hay en todo hombre, aun en aquellos de nosotros que parecen mesurados, una especie de deseos temibles, salvajes y contra ley, y que ello se hace evidente en los sueños. Mira, pues, si te parece que vale algo lo que digo y si estás conforme.

Primera Parte.
Quinta Parte (final).

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