26/11/08

Times Square y la llama de una vela

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Percibimos el color de un modo diferente a como lo veían los hombres del siglo diecinueve o los europeos del medioevo y el Renacimiento. Diferente a como lo capta el miembro de una comunidad tribal de África o del Amazonas. El desarrollo tecnológico produce nuevos colores, intensidades lumínicas que nunca antes habían existido. Colores estridentes, deslumbrantes, violentos, que además se deslizan de manera vertiginosa ante la mirada.

Buena parte de la vitalidad de Times Square, en New York, se debe a las luces: billboards, anuncios de las tiendas, letreros de neón, pantallas gigantescas que transmiten imágenes casi fosforescentes y parecen sustituir las paredes por señales de televisión. Las luces como joyas radiantes. El propio cielo nocturno, despejado y sin estrellas, ofrece el efecto de una madrugada ininterrumpida y resplandeciente. El caos lumínico de Broadway es una de las grandes celebraciones del capital, el consumo y el espectáculo.

El impacto de estos nuevos colores es inmediato y embriagador. Es inevitable contagiarse con el entusiasmo de las avenidas, marchar al ritmo acelerado de las muchedumbres, participar del caos. El tiempo allí parece más vertiginoso, los instantes más fugaces, más fulgurantes. Un paseo por Broadway es estimulante para los sentidos, como una gran fiesta. Tal vez ni siquiera pueda hablarse de paseo, sino de prisa juvenil, de euforia.


Es evidente que participamos de otra sensibilidad, con ventajas y desventajas con respecto al pasado. Es irónico que precisamente cuando se ensayan numerosas experiencias para integrar el arte a la vida -lo cual es un problema que vino a plantearse sobre todo a partir de las vanguardias- la distancia no sólo no logre suprimirse; sino que posiblemente sea más acentuada de lo que alcanzaba a serlo en el arte de otros períodos históricos.

En las artes visuales anteriores al siglo veinte podrían señalarse innumerables casos de una efectiva participación del arte en la sociedad y hasta en la vida política. Pero me gustaría mencionar el ejemplo de la pintura flamenca del siglo XV. Como es sabido, en Flandes se empleó por vez la pintura al óleo, que anteriormente se usaba para decorar los armamentos de los torneos y colorear las heráldicas en los exteriores. El óleo proporcionaba pigmentos más brillantes que el temple o la encáustica. Los pintores flamencos, además, saturaban el color mediante una técnica que consistía en superponer numerosas capas de un mismo matiz para resolver las transiciones entre claros y oscuros. Y si a la saturación del color se suma la prolijidad de detalles que se representaban, la diversidad de texturas y el uso –por aquel entonces novedoso- de la perspectiva, se podría tener una idea del exceso de realidad que era una pintura. Una realidad tal vez más abundante, tal vez más plena, que la propia existencia cotidiana. Habría que imaginar por unos instantes el resplandor que proporcionaban las pinturas en un mundo en el que se dependía de las llamas de las velas para iluminar los recintos. En un mundo más pausado y silencioso. En un mundo en el que existía una extendida fe en los contenidos ultramundanos.

Todavía hoy resultan intensos los colores de la pintura flamenca: las telas que lucen las vírgenes o los donantes, el brillo de las vasijas metálicas, los broches, las joyas, las monedas o los espejos. El espectador contemplaba unos colores que eran seguramente sobrecogedores. La vela encendida en la lámpara del cuadro El Matrimonio de los Arnolfini, de los hermanos Van Eyck, no sólo era un símbolo del amor que venía a consagrar la unión matrimonial; era también, hasta cierto punto, gracias al color, gracias a los detalles minuciosos con que era copiada, una experiencia de ese amor. El símbolo pintado no se reducía a lo literal, no era simplemente un elemento dotado de un sentido iconográfico. Se trataba de una imagen que afectaba los sentidos. La lámpara quedaba sobrecargada -y sobrepasada- por una connotación semántica y a la vez afectiva. ¿Podríamos hoy comprender la intensidad del fervor que experimentaría un devoto ante la contemplación de un tríptico que relatase las escenas de la vida de un santo? ¿No habría aquí una íntima integración del arte a lo cotidiano?

6 comentarios:

  1. vaya Erne!! te excediste con este post!! ay como me ha gustado y lo mejor es que he aprendido cosas sobre el desarrollo de la imagen y los colores que nunca habia pensado!!! eres un sabiondo y poeta!! jeje coincido contigo en todo! y la descripcion que haces del Times Square es genial! que me entran unas ganitas tremendas de ir por alla! jeje y para colmo has sacado una de mis pinturas preferidas!! el matrimonio de Van Eyck, guau! ya le llegara su hora en mi blog! es que yo voy lenta como la tortuga y tu siempre te me adelantas, jeje pues enhorabuena! un abrazo y feliz dia de dar las gracias o happy thanks giving o lo que sea!!

    p.s es cierto eso de la cantidad de tonos que existen y los nombres tan graciosos! me acuerdo del amarillo pollito... como se usaba en Cuba! jajja

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  2. Lindo post Ernesto, pura sensibilidad visual. Me hiciste recordar cuando me llevaron a conocer "las luces de la ciudad" tú y mi tocayo, tras la última jornada de Killing Time.

    Puse enlace a tu texto sobre Florencito en Los lirios.

    Abrazo

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  3. Excelente post, Ernesto. Cuánto gusto.

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  4. Querida Patricia,
    muchas gracias por tus comentarios. Ciertamente Times Square y los Arnolfini, ambos, son obras maravillosas. Ya tengo deseos de leer tus futuras palabras sobre la pintura de Van Eyck. En Cuba tenia muchos deseos de viajar a Londres para verla. Algun dia ire y visitare el todo el museo.
    Hasta la sala mas larga, hasta la mas avanzada...ah,
    Demasiadas "a". Mis amigos rusos no tendran que ir por Nevada, no?
    Un abrazo.

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  5. Querido Rafael,
    gracias por hacer un enlace al texto de Florencito. Estaras manana en la inauguracion? Si es asi cuelga algunas fotos en Los lirios, si puedes.
    Como olvidarlo? Tienes que caer por aca, otra vez, para dar un paseo por las luces. Un abrazo y gracias por tu comentario.

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  6. Gracias Isis,
    siempre aprecio mucho tus opiniones y me alegra saber que pasas por aca. Ya vi que te anticipaste un poco a los domingos de operas. Manana me detendre en los videos. Ahora solo tuve tiempo de ver el de Farinelli.
    un abrazo.

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