25/10/08

Una tarjeta de presentación. Adrien Piper.


Querido amigo:
No estoy aquí para conquistar a nadie, ni para ser conquistada. Yo estoy sola aquí porque quiero estar aquí, SOLA. Esta tarjeta no intenta ser parte de un flirteo más prolongado.
Muchas gracias por respetar mi privacidad.

Esta es, más o menos, la traducción de una de las tarjetas de presentación que realizó la artista norteamericana Adrien Piper en 1986. Varios paquetes de estas tarjetas estaban dispuestos encima de una mesa. El espectador tenía la posibilidad de tomar todas las que quisiera y hacerlas circular.
Piper trabaja sobre su identidad como mujer y como negra. Pero lo llamativo del texto en inglés es que no es posible precisar a qué género pertenece la persona que habla, aunque pueda asumirse que está escrito desde la posición de una mujer que se siente percibida (y asediada) como un ser dependiente de la protección masculina. El texto, extendido como carta de presentación, es un tanto paradójico. Por un lado, afirma una feminidad que persigue ser aceptada en términos de igualdad con respecto al hombre, para quien el hecho de estar solo no es socialmente entendido como un signo de debilidad o de necesidad de compañía. Por el contrario la figura del solitario (que suele encarnar en el artista incomprendido, el científico que hace prevalecer su verdad en contra de los prejuicios de la comunidad, el cowboy, el soldado valiente, el deportista que sobresale en su equipo, el libertino desenfrenado, el poeta maldito, etc.) es uno de los paradigmas de la masculinidad. Piper quiere dejar de ser asociada con la fragilidad y el papel subalterno que de manera estereotipada la sociedad le ha atribuido a la mujer. Al mismo tiempo la nota conserva lo que de acuerdo con Baudrillard –en oposición a los feminismos radicales- constituye la esencia de lo femenino: la capacidad de seducir. Piper coquetea al declarar que no tiene intenciones de hacerlo. Se hace inaccesible sólo para inflamar el deseo. Una maniobra encaminada a activar relaciones de seducción. Su propia intención de afirmar su soledad en un espacio público agrega un acento masculino que supieron aprovechar seductoras como Marlene Dietrich y Katherine Hepburn, distantes del prototipo de la rubia sensual cuyo sex appeal reside en su pretendida debilidad.

1 comentario:

  1. Suscribo tu interpretacion del texto de esta tarjeta! Que interesante apreciar la seduccion de esta artista! Si, se puede deducir de esta declaracion todo un intento de seducir. Ay, las maniobras femeninas!
    Saludos,
    Verónica

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