25/9/08

Grietas del totalitarismo

Para el pensador esloveno Slavov Zizek, la risa, lejos de poseer un poder crítico en las sociedades totalitarias, estaría integrada al engranaje ideológico y coercitivo que permite el sostenimiento del poder. Zizek se aproxima, sin citarlo, al Bajtín del Rabelais y su mundo, para quien el humor popular era una especie de válvula de escape tolerada -y aun estimulada durante las jornadas del carnaval- por un poder que en la vida cotidiana se ejercía de manera autoritaria y severa. Pero Zizek va un poco más lejos: la ideología imperante, escribe, no pretende ser tomada seriamente o literalmente.Tal vez el mayor peligro para el totalitarismo sea la persona que toma la ideología literalmente. La burla sería, por tanto, no un efecto lateral, nocivo y degradante, sino una respuesta prevista de antemano y hasta productiva para el sostenimiento de la ideología: En las sociedades contemporáneas, democráticas o totalitarias, esa distancia cínica, la risa, la ironía, son por así decirlo, parte del juego (55) . En esto Zizek se separaría de Bajtín, quien en ningún momento le atribuyó este género de contragolpes a la iglesia, que se encargaba de propagar la ideología imperante en el mundo medieval y renacentista.

A primera vista, la observación de Zizek parecería tener validez si se aplicase al socialismo cubano, donde el humor popular ha conservado una vitalidad directamente proporcional a las crisis sociales, en contraste con la mojigatería y la esterilidad que exhiben los medios de difusión masiva. El humor popular –junto al mercado negro, la escasa productividad laboral y la sexualidad obsesiva- figuraría entre las transgresiones que harían posible el mantenimiento del status quo. En la novela Ragtime, de Doctorow, la revolucionaria Emma Goldman, solía repetir: a lo ricos sólo se les puede quitar lo que ellos están dispuestos a dar. Algo similar podría decirse de las sociedades totalitarias: no se les podría transgredir más de lo que estén dispuestas a tolerar.

Sin embargo, la interpretación de Zizek no me parece del todo satisfactoria, al menos en lo que al caso cubano se refiere. Me inclino a pensar que la risa -como el desenfreno sexual, la ineficiencia productiva y el mercado negro- si bien confinados en una marginalidad, supuestamente punible y reprobable –aunque al mismo tiempo, pseudo tolerada como un goce transgresor- no pierden por ello su función corrosiva. A largo plazo terminaron por crear irreparables grietas en el orden establecido. Formas de resistencia que, al menos hasta cierto punto, dejaron de ser parte del juego e inocularon el caos dentro del control totalitario.
Muchas consignas –como “ahora sí que vamos a construir el socialismo”- o expresiones explícitamente represivas -como “diversionismo ideológico”- tuvieron que ser desmanteladas o caer en desuso gracias, al menos en parte, a la presión que ejerció el humor popular, que también se ha encargado sistemáticamete de ridiculizar, desinflar y subvertir el triunfalismo oficialista.

Por otra parte, la ineficiencia, el mercado negro, la sexualidad exacerbada y la risa son fenómenos inseparables. Operan como una constelación de problemas, como síntomas de un mismo malestar. Podría decirse que la Revolución Cubana ha sabido sobrellevar esta enfermedad y hasta ha aprendido a aprovecharla a conveniencia; pero no es menos cierto que la incurable patología ha vuelto por completo disfuncional a la economía del país, ha forzado a reformas poco deseadas, ha tornado inoperante el discurso oficial y ha contribuido no poco al descrédito de los funcionarios del gobierno. Por paradoja, el socialismo cubano es un proyecto social agrietado por formas de resistencia sin las cuales probablemente tampoco habría logrado sostenerse. La persona que malgasta su tiempo de trabajo, participa en el mercado negro, se burla de los dirigentes y lleva una intensa actividad sexual, no se limita a sobrevivir dentro de difusos márgenes entre lo permisible y lo prohibido. También contribuye a crear fisuras en el edificio totalitario.

1 comentario:

  1. Hola, Ernesto. Recién me pongo al día en tu blog. Todo espectacular.
    Gracias por este texto sobre Zizeck. Tiene razón.

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