11/8/08

Goethe hojeando un libro de grabados

Anoto apresuradamente algunos recuerdos que conservo de la lectura de Las conversaciones con Goethe, que redactó Eckermann a partir de sus asiduas visitas al escritor. Varias conversaciones: Goethe afirmando que sólo debiera verse una pieza teatral de Shakespeare por año (eran obras demasiado intensas) o comentando sobre cómo luego del Werther, trabajó más por oficio que por pasión, o enseñándole a Eckermann cómo disparar con un arco.
Entre esas imágenes me detengo en una. Era usual que por las noches Goethe pasara el tiempo hojeando libros de grabados con reproducciones de pinturas famosas. Este era uno de sus hábitos. Una vez, ante una ilustracion de Rubens, descubrió que el paisaje estaba iluminado desde dos sitios incompatibles a un mismo tiempo, como si existiesen dos soles en el cielo vespertino. Trato de imaginarme el grueso volumen que él sostenía, trato de imaginar la tenue luz de las lámparas de su sala y su pequeña, íntima alegría al percatarse de ese detalle. Pienso en la placentera complicidad que -salvando los más de dos siglos que los separaban- debió sentir Goethe al advertir esa minúscula broma en el grabado de Rubens.

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