28/7/08

Virgilio insular (II)

La isla
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol, la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?

En 1979, poco antes de su muerte, Virgilio Piñera imaginó -o predijo- que su cuerpo se transformaría en una isla. La pregunta “¿así que era verdad?" con la que concluye su poema, parece la confirmación de una angustia a la que, tal vez, solo le había atribuido el carácter de un ensueño. El poema propone una asociación perturbadora: la analogía entre la isla y la muerte. La metamorfosis del poeta en isla es una transición apacible “ poco a poco, como un andante chopiniano” y luego el cuerpo tendido, “lejos ya de la inquietud”. Virgilio parece vaticinar su propia muerte y al mismo tiempo –tal vez otra de sus maldiciones- propone una relación isomórfica entre el cadáver y la isla, entre el cuerpo moribundo y la soledad insular. Si en la Isla en peso se describe quejumbrosamente una enfermedad endémica y desgastadora, en La isla, la muerte parece acogerse con beneplácito.
Por supuesto que su definitiva transformación en una isla puede interpretarse como un símbolo de la marginalidad y la rareza de su propia obra dentro de la cultura cubana (una singularidad de la que el propio Virgilio tuvo conciencia) o, tal vez, como la premonición de que sería recordado por su ya tantas veces citada maldita circunstancia del agua por todas partes.

3 comentarios:

  1. Es que lo de la maldita circunstancia del agua por todas partes es una imagen muy fuerte... Cómo no blandirla?

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  2. Me encanta tu blog, Ernesto.

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