30/7/08

Un artista del Tibet


El año pasado visité el Rubin Museum, que básicamente se consagra a coleccionar arte del Tibet. Allí conocí al artista en residencia, Poma Rinzin. Le hice algunas preguntas que él contestó muy amablemente, en su inglés muy correcto y que –con todo- a veces me resultaba difícil de comprender. Enseguida advertí que la originalidad, el sello personal, la novedad, la creatividad eran conceptos que no parecían tener mucho sentido para él. Sus respuestas, pronunciadas desde una serenidad que yo asociaba con la de un sabio o un iluminado, eran largas explicaciones en las que yo perdía el hilo de lo que él iba diciendo. En cambio, cuando mostré curiosidad por detalles técnicos contestaba de manera concisa, como si se sintiese en un terreno que conocía –y veneraba- profundamente. Maceraba los colores en el taller, pulverizando minerales en un mortero. Cubría el lienzo con una paciencia que raras veces, posiblemente nunca, pueda encontrarse en un artista occidental y poseía técnicas para resolver cada uno de los detalles que debía pintar. Poma me parecía más bien un artesano en el sentido tradicional de la palabra.
La pintura que estaba ejecutando era una labor de meses y visto desde afuera -desde mi experiencia, acostumbrado a pintores que a lo sumo tardan un par de semanas para terminar un cuadro- aquello era lo que en buen cubano llamamos “trabajo de presidiario”. Pese a las grandes dimensiones, su cuadro era una miniatura. En aquella pintura –es siempre un privilegio ver un trabajo a medio hacer- había mucho que apreciar: innumerables detalles, delicadas transiciones entre los colores, demasiado virtuosismo. Yo tenía la impresión de estar ante un microcosmos. Una imagen preciosista y dotada de ritmos muy sutiles. Había algo de música en aquel enorme mural.
Lamenté no conocer lo suficiente sobre las divinidades del Himalaya, sobre lo que representan los símbolos, las flores, las hierbas. Algo creí percibir: pintar era un ejercicio profundamente espiritual.
Aquí puede verse la obra ya terminada
En la fotografía, Poma Rinzin, sentado en el centro. Ernesto Menéndez-Conde, de pie. A continuación (sentadas): Constanza Cerutti, Allison M. Jones y Susan. Dalia Amor, sentada, primera a la izquierda. La foto fue tomada con su cámara.

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