3/7/08

Take your time. Olafur Eliasson

Dan Flavin














Lo visible no puede percibirse sino es a manera de diálogo. Asistir varias veces a la misma exposición, detenerse varias veces ante una misma obra, hasta que, poco a poco, la imagen comience a insinuar su intimidad. Parecería como si la imagen se resistiese a entregarse a un espectador que paseara apresuradamente por las salas. En tal sentido, el tiempo es una sustancia de lo visible. Y más aún, el tiempo es la sustancia que devela lo visible.
El artista islandés Olafur Eliasson presentó en el MoMA una exposición que se llamaba precisamente Take your time. El tiempo, como la luz, era un elemento imprescindible de la muestra.
En el techo de un pasillo, Eliasson colgó una hilera de lámparas fluorescentes. Mirar hacia arriba y ver allí una especie de continuador de Dan Flavin habría sido un lugar común que hubiese estropeado -apresuradamente- toda la diversión.
Habría que mirar a los ojos, al rostro, a los brazos de cualquiera de los espectadores para caer en la cuenta de que la obra de arte era uno mismo, inmerso en el artificial ambiente lumínico creado por Eliasson. La luz volvía los rostros cetrinos, los labios adquirían un tinte violáceo, al igual que las pupilas o los cabellos.
Eliasson había aprovechado una vista a la calle en el interior del museo. Allí puso un espejo en el suelo y otro en el techo. Salvo este par de detalles, aquel espacio no era más que una simple vista al exterior. Aún así había inevitablemente una hilera de curiosos. Tomaba tiempo llegar hasta esa ventana. Me pareció que esto no era más que una celada, no excenta de humor. Eliasson inventaba un pretexto, por completo banal, para inducir a los espectadores a permanecer allí, en aquel pasillo de luz intensa, durante el rato que durase la espera. El espectador era forzado a tomarse el tiempo para disfrutar de la presencia de los demás, de las alteraciones que producía la luz en los otros y en uno mismo. Y muy pronto los espectadores participaban del juego propuesto por Eliasson. Estar allí tenía algo de festividad. El ambiente lumínico creaba una comunicación no-verbal, un sentido de comunión entre las personas, como si la luz fuese una iniciación, una entrada en una sociedad improvisada e irreal. La luz era suficiente para convocar un sentimiento comunitario. La luz volvía familiares los rostros ajenos y enigmáticas las caras de las personas conocidas.

Un video de Take your time. Comienza con una vista de otra de las piezas de Eliasson, que también me gustaría comentar en estos días. Por desgracia, la persona que tomó el video, pasó apresuradamente por la instalación que traté de describir.

1 comentario:

  1. De hecho, me pareció que toda persona en dicho pasillo llevaba un poquito de risa en los ojos. La luz anaranjada, a mi parecer, nos convierte a todos en extras de paso por la escena de un filme en blanco y negro.
    En mi impresión desconcertada, tal luz/color nos hace muy conscientes de nuestra presencia, el espacio que ocupamos en relación a los otros cuerpos.
    A lo mejor es idea mía, enamorada como vivo de las luces y los efectos... ^_^

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