5/7/08

Isla y Utopía (II)

La utopía es, de acuerdo con Louis Marin, “una reconstrucción de la sociedad presente (contemporánea) mediante un desplazamiento y una proyección de sus estructuras en un discurso de ficción”. En las exploraciones sobre lo insular no existe ninguna tentativa por reconstruir el presente social. Lo insular es, más bien, una especie de entidad anfibia que oscila entre el hombre, el mar y la naturaleza. Una mirada hacia estados anímicos que parecen inseparables de determinadas condicionantes topográficas, pero que permanecen relativamente al margen de las transformaciones sociales y de la historia.
En las utopías la sociedad se reforma. Los hombres, desde el jerarca hasta los súbditos, contribuyen a la realización de un ideal de justicia social en el que, como si se tratase de una puesta en escena, cada persona cumple una determinada función que hace posible la existencia –y eventualmente la prosperidad- del colectivo. En las nociones sobre la insularidad lo que se presenta, a menudo de forma exacerbada, es un hedonismo, sea ético o estético, que, aunque se trate de una “verdad poética”, no necesariamente se celebra como un ideal de justicia ni como un sueño moral. Más bien podría afirmarse lo opuesto: el tropo de la insularidad emerge allí donde la utopía no puede vislumbrarse, donde el presente social no permite atisbar ninguna salida satisfactoria. Si el discurso utópico, de acuerdo con Louis Marin, “sólo aparece en el momento en que, históricamente, se constituye el modo de producción capitalista", el tropo insular adquiere relevancia precisamente en el momento en el que el proyecto social parece encontrarse en un callejón sin salidas.

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