25/6/08

Kitsch Hermético

Flavio Garciandía, El lago de los cisnes, dimensiones variables, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, 1986.

La irrupción de la estética kitsch en el arte cubano de la primera mitad de los ochenta coincidió con la introducción de contenidos banales en la obra de arte. Una crítica cultural contra la grandilocuencia del arte social y didáctico de la década anterior. A la vez, era una ruptura con el oficio de pintar y los soportes tradicionales de la pintura y la escultura, que en el caso cubano tenían una imporatancia desmedida todavía a inicios de los ochenta. La apropiación del kitsch se correspondió con usos menos convencionales del espacio de la galería y con el abandono de los marcos y técnicas en las que tendían a encerrarse las artes visuales cubanas (Mosquera, 1993, 108, 115, 137)
El socialismo aspiraba a imponer una cultura humanista en la que el kitsch estaba fuera de lugar. Para los estetas marxistas de Europa del Este, cuyas teorías se inculcaban en las publicaciones y los centros de enseñanza cubanos, la persistencia del kitsch solía interpretarse como un rezago del pasado burgués. La cultura de masas, en la que el kitsch es uno de sus ingredientes más activos, era uno de los flancos de la estética marxista contra el capitalismo. Como escribió el esteta búlgaro Iván Slavov:
[...] en el capitalismo el kitsch es un rasgo preponderante de la ‘cultura de masas’ y hasta, en parte, del vanguardismo. En nuestra sociedad (socialista) él es persona “non grata” (244)

En tal sentido la apropiación del kitsch con propósitos artísticos era irreverente. Más aún cuando las intenciones que se ocultaban detrás del uso de esta imaginería no estaban en modo alguno definidas. El kitsch, en apariencia demasiado obvio, irrumpió en las galerías con una ambigüedad casi hermética. ¿Qué perseguían los artistas? ¿Parodiar? ¿Criticar el mal gusto imperante? ¿Celebrar una estética que, pese a sus soluciones simplonas y edulcoradas, suele estar provista de ingenuidad, alegría y desenfado? ¿Ampliar los horizontes formales del arte y renovarlo con la inclusión de las usualmente excluidas “formas malas”? ¿Poner al día el arte cubano? ¿Volver los ojos hacia las ornamentaciones que aderezan la vida cotidiana de las clases trabajadoras? ¿Educar al espectador? Los propios artistas no parecían muy seguros a la hora de referirse a la inclusión de ornamentaciones muy simples, colores estridentes, grafías torpes y expresiones banales en sus creaciones. A comienzos de los ochenta, las imágenes que apelaban a lo cursi, tenían mucho de aquello que, según Adorno, constituye la verdad de lo nuevo; es decir, la falta de intencionalidad . Las manifestaciones del kitsch, en el espacio de las galerías, parecían quedar en suspenso, en busca de sentidos que lograsen sujetarlas. Los cisnes, las chinerías, los floripondios y las figuritas de yeso no eran para nada transparentes a la hora de entrar en el espacio del arte. La apropiación del kitsch, aunque no necesariamente fuese percibida como tal, era crítica en el sentido en que define Adorno el carácter social del arte: “Lo que es social en el arte es su movimiento intrínseco contra la sociedad, no sus declaraciones manifiestas...Hasta el punto de que si una función social puede atribuírsele al arte es precisamente su inutilidad” (1970, 336)

3 comentarios:

  1. Prefiero el matiz de "en", en lugar de "por". Creo que así es. Puede ser: Deformqdo por lq revolución y educado enla revolución.
    Así queda mejor. Gracias por tus post siempre interesantes.

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  2. Ernesto, creo que este fenómeno del Kitsch en el arte cubano de los 80 se debió al influjo del posmodernismo, que se replanteó la relación con ´el otro´, legitimó lo popular, la ´baja cultura´, etc.
    Hubo artistas que lo llevaron a un nivel de sabrosura y desparpajo mucho más interesante del que logró Flavio, como el caso de los Puré -a pesar de haber sido sus alumnos en el ISA.

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  3. Gracias Rafael,
    Este es un pedazo de un texto mas largo que, por desgracia, no me animo a continuar (y que no te envie por ese motivo). Existio, en efecto, esa influencia de lo postmoderno; pero las influencias no son modas que se imponen sin motivo alguno. Para que una influencia foranea adquiera vitalidad hace falta cierta predisposicion a aceptarla. Creo que ese fue el acierto de Torres Llorca, Leandro Soto y Flavio. Asimilaron unas vertientes que se correspondian a sus propias sensibilidades y que fueron candentes en el contexto cubano.
    Creo tambien que lo de Pure tuvo, como dices, un nivel de sabrosura mas interesante (la frase me encanta precisamente porque tiene algo de impresionista y, por si misma, no proporciona ninguna claridad). Sin embargo, lo que Flavio aporto fue la ambiguedad, que es -me parece- un valor esencial en el arte reciente. Gracias por este comentario. Saludos.

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