12/6/08

El Nombre de la Rosa y la izquierda política

La mención de Praga, en el prólogo Naturalmente, un manuscrito es uno de los puentes que Umberto Eco tiende entre el mundo contemporáneo y el pasado medieval. No sería ocioso preguntarse por qué Eco escogió a Praga del 68 –y no por ejemplo al México de ese mismo año o al Chile de 1973- como el turbulento escenario en el que se produce la súbita ruptura con una persona querida.
La represión en Ciudad México fue la respuesta (brutal) de un gobierno inestable y amenazado por una revuelta que pondría en riesgo la imagen del país en vísperas de los juegos olímpicos. Del mismo modo el asalto al Palacio de la Moneda fue una réplica de la extrema derecha frente a un gobierno de corte socialista. Reacciones irracionales; pero hasta cierto punto predecibles. Al menos no debieron sorprender a los movimientos de izquierda. Con la entrada de los tanques soviéticos en Praga, en cambio, se frustró algo que cabría llamar una esperanza: la posibilidad de un socialismo reformista, sin acartonamientos, en el que existiese un espacio para pluralidad, el diálogo y la risa.
La entrada de las tropas soviéticas en Praga y la desaparición del manuscrito son eventos correlacionados. Eco deja en claro su repudio al socialismo de los países de Europa del Este y también su ruptura con los movimientos de izquierda. El personaje con quien discute el narrador y que "no por maldad" se lleva el manuscrito podría ser una representación de esa izquierda que adolece de una inmensa ingenuidad a la hora de percibir el carácter opresivo de los regímenes socialistas. Una izquierda de la que Umberto Eco se separa abruptamente, a raíz de la ocupación de Praga por los soviéticos. La breve acotación "no por maldad" apuntaría a esa perniciosa pureza de la izquierda que, con su ceguera, contribuyó a sostener a los totalitarismos de Europa del Este y a la Revolución Cubana.

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