12/6/08

El Nombre de la Rosa. El nombre.


El título de una novela no es nunca indiferente. Enseguida uno procura establecer una relación entre el nombre que le ha asignado el autor y las cientos o decenas de páginas que constituyen el cuerpo de la narración. Como lamenta Umberto Eco, un titulo es una clave para la interpretación: impone, desde un inicio, cierta unidireccionalidad en la lectura. Encontrar el vínculo entre el título y la obra es una de esas certezas desde las que creemos comprender o disfrutar una novela. En El nombre de la Rosa, Umberto Eco –defensor de la obra abierta y de la polisemia del signo artístico- se propuso que la relación entre el título y el texto no se agotase en una lectura unívoca. El nombre de la rosa debía funcionar como una máquina de producir significados.
Si en sus Apostillas a El nombre de la rosa, Eco estimó necesario referirse al título fue para hacer aún más notable su margen de indeterminación. Eco insistió en la imagen de la rosa y en su capacidad para admitir una gran cantidad de lecturas.
La rosa es una figura simbólica muy rica en significados....el título precisamente desorientaba al lector que era incapaz de una sola interpretación. (2)
Bachelard afirma que, como imagen, la rosa ha perdido gran parte de su poder evocador dentro del herbolario de los poetas. Uno de los aciertos de Eco consistió en devolverle cierto misterio a una imagen que, a fuerza de usarse, ha pasado a formar parte del repertorio kitsch o de un romanticismo trasnochado.

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