9/6/08

El día que Nietszche lloró (II)


En su lugar se recreaba una posible –pero seguramente ficticia- amistad entre Nietszche y el doctor Josef Breuer, que llegarían a conocerse gracias a las gestiones de Lou Andreas-Salomé. Breuer, evidentemente intrigado por las lecturas de los textos nietszcheanos, hace un pacto con éste. Le pide que lo cure de su falta de motivación y a cambio él trataría de encontrar un remedio para los dolores de cabeza que aquejaban al pensador alemán. En apariencia se trataba de un señuelo mediante el cual Breuer perseguía curar, de manera indirecta, el pesimismo de Nietszche. El doctor le transfiere al paciente el problema que intenta resolver. La película se centra en los diálogos entre los dos personajes. El médico y el filosofo conversan sobre la muerte, la infancia, la sexualidad y la vida afectiva. Nietszche le pide a Breuer que se recline en un diván y le describa sus sueños, le pide que hable de experiencias penosas o duras de admitir y en algún momento comentan sobre el padre muerto. En otras palabras, Nietszche –el paciente de Breuer- pasa a ser un psicoanalista avant la lettre. Freud, discípulo de Breuer, debió inspirarse en los relatos que éste último iba contándole de manera muy detallada.

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