20/6/08

Bajo una luna llena con Bernard Berenson (III)

Bernard Berenson era el humanista por excelencia, pero no del tipo en el que nosotros pensamos cuando consideramos el renacimiento del aprendizaje y la cultura en la Florencia del siglo XV, sino más bien lo que puede ser definido como un ser humano excepcionalmente civilizado. Clive Bell, uno de las figuras más notables del grupo de Bloomsbury, ofreció la siguiente definición de ese tipo de personas en su ensayo Civilización:

No es ni el hombre beato ni el hombre natural; no es el artista, ni el héroe, ni el filósofo; pero aprecia el arte, respeta la verdad y sabe cómo comportarse. Para disfrutar la vida al máximo, para disfrutarla en su totalidad y en sus más recónditos detalles, para lograr ese objetivo, sus medios fundamentales consisten en los poderes, intensamente cultivados, de pensar y sentir. Su curiosidad intelectual carece de límites, es intrépida y desinteresada. Es un hombre tolerante, imperturbable, y si no es siempre afable y urbano, al menos nunca es truculento, desconfiado o prepotente. Elige sus placeres de manera deliberada y sus opciones no están constreñidas ni por temores ni por prejuicios. Y ya que puede distinguir entre los medios y los fines, puede evaluar las cosas por su significado emocional más que por su utilidad práctica. Todas las rigideces de “deberes”,“derechos”, “santidades” pasan volando sobre él, como la arenilla o la incómoda paja, sin llegar a afectarlo. Su sentido de los valores, inteligentemente manejado, es una aguja para desinflar las pompas de jabón de la indignación moral. Es crítico, auto-consciente y hasta cierto punto y, en todo caso, analítico. Inevitablemente será egregio. Consciente de sí mismo como individuo, tendrá poca simpatía por las unanimidades de la multitud; pero al educar su mente, sus emociones y sus sentidos, elaborará un modo de vida en el que despejará, hasta donde sea posible, los hábitos que autolimitan y las pasiones. No, no será natural.


Si esto se hubiese escrito en el pretérito, pudiera haber sido un elogio a Berenson y a otros que en mayor o menor medida fueron como él. Pero ¿qué tiene que ver esto con el arte y con nuestras maneras de reaccionar ante el arte?
Yo diría que la respuesta es: absolutamente todo. Según Bell, una persona civilizada no es “natural” , como mismo un paisaje pintado no es en modo alguno la naturaleza. La insinuación que hace Bell es que este tipo de persona es una creación “desnaturalizada” como mismo algunas plantas exóticas son el resultado de un elaborado proceso de injertos.

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