16/5/08

¿Qué tal amigos?...bienvenidos a su espacio...la Opera.


(Para Isis Wirth)
I
Un breve post en el blog La Reina de la Noche me hizo interrumpir mi trabajo y recordar a alguien que tuvo una innegable influencia sobre mi formación: el locutor e investigador musical Angel Vázquez Millares. Durante varios años, cada vez que podía, escuchaba su programa La Opera, a las diez de la noche. Y si no tenía ocasión de hacerlo, entonces procuraba no perderme la retrasmisión, al día siguiente, a las cinco y treinta de la tarde.
No consigo recordar cómo comencé a interesarme por la ópera. Tal vez fue a partir de una escena del filme Moliere que nunca más he vuelto a ver y que ahora ni siquiera consigo recordar con claridad. La escena, según logro rememorarla, era más o menos como sigue. Moliere, moribundo, desciende las escaleras. Algunos personajes lo sujetan y asisten; pero el momento de bajar los escalones se repite una y otra vez como si la acción fuese en marcha atrás o se interrumpiese para volver al mismo punto de partida. Una suerte de escalera interminable o Moliere, como un Sísifo, condenado a repetir indefinidamente la misma esteril faena. En el fondo unas voces de tenores, mezzos, contraltos y barítonos interpretaban lo que debió ser, supongo, una pieza barroca. Seguramente fue de aquel modo, completamente fortuito, que surgió mi interés y, muy pronto, mi fascinación por la ópera. Luego escuché las relativamente populares Traviatta y Carmen, y finalmente descubrí los programas diarios de Vázquez Millares. Pasé muchas tardes dominicales atento a los comentarios sobre la ópera, el autor y los interpretes de la grabación que Vázquez Millares transmitiría en su programa de las dos. Ahora recuerdo sobre todo el tono de su voz.
Posteriormente, durante los desastrosos comienzos de los noventa , cada sábado al mediodía yo caminaba hasta la Biblioteca Nacional. Vázquez Millares presentaba, ante una audiencia cada vez más numerosa, videos de óperas. Poco a poco, gracias a la donación de cubanos residentes en el extranjero –y sobre todo mediante la contribución de un millonario que había emigrado a Puerto Rico y de quien se rumoraba había sido amante de María Callas- la biblioteca fue reuniendo una muy actualizada colección de videos de ópera (el dvd no había llegado por aquel entonces). Vázquez Millares era el encargado de hacer las presentaciones. Traía algunas notas; pero era evidente que improvisaba gran parte de sus comentarios. Hablaba con una elocuencia y una erudición poco frecuentes, incluyendo anécdotas que al final resultaban útiles para la propia comprensión de la ópera. Muy pocas veces faltó a aquellos encuentros en la Biblioteca Nacional. Escucharlo era algo casi tan esperado como la proyección de la ópera misma. En algunas ocasiones tuve oportunidad de conversar con él. Siempre estaba dispuesto a escuchar a los demás, incluso cuando se aparecieran con alguna interpretación ingenua o disparatada.
II
Hoy vivo en New York. Puedo ir con frecuencia al Metropolitan Opera House. Puedo ver en vivo representaciones semejantes a las que, en formato VHS, esperaba con avidez cada sábado. Puedo asistir a espectáculos donde cantarán las grandes figuras del presente. Una noche en el Met es inevitablemente encantadora. A la salida, de regreso a mi apartamento, persisten en mi memoria algunos de los momentos más notables de la puesta en escena; pero, muy a mi pesar, tengo que confesarme que la ópera no despierta el mismo entusiasmo de antes, cuando la descubría mediante los programas radiales de Angel Vázquez Millares. Quizás porque muchas de las arias, duetos, etc, me resultan ahora demasiado familiares. Quizás porque una obra de arte es más vital y necesaria en temporadas de crisis sociales, como aquellos comienzos de los noventa en Cuba. Quizás porque ya pasaron los momentos de esplendor de la ópera: murieron o se retiraron las legendarias voces que Vázquez Millares presentaba en sus programas. O quizás, sencillamente, porque el tiempo pasa y, poco a poco, de manera casi inevitable, arte y vida comienzan a disociarse.
III
Busco en Internet la radio cubana. Compruebo, con satisfacción, que Vázquez Millares ha sido reconocido por su labor de cerca de cuarenta años divulgando la ópera. CMBF tiene una página web; pero –por desgracia- su señal no se transmite online. Pienso en el placer con que hubiese escuchado algunos de los programas de Vázquez Millares, aquí en Manhattan. Me digo que quizás pueda ocurrir, en un futuro no muy lejano.

6 comentarios:

  1. Querido Ernesto, muchísimas gracias por esta dedicatoria que tanto aprecio y valoro. Mucho de lo que dices en este bellísimo post, lo comparto, además de que yo también oía sin falta el programa de las dos de la tarde, el domingo; y el de las diez de la noche, y yo fuí varias veces a esas sesiones de videos en la Biblioteca Nacional. Lo que dices de la voz de Vázquez Millares, es así. Todavía yo hoy la puedo escuchar. Durante muchos años, desde niña, lo oía, y luego, cuando hice durante ocho años el guión del programa Ballet, que salía cada domingo a la una de la tarde antes del de las dos de Vázquez Millares, mi único anhelo era hacer con el ballet algo tan bueno, en su medida, como lo que hacía Vázquez Millares con la ópera. Cada vez que coincidía con él en los estudios de grabación de CMBF... tenía al maestro delante.
    Luego supe que no sólo los cubanos lo escuchaban, sino que muchos extranjeros de paso en la Isla acudían sin falta cada domingo a la cita, para saborear su español, incluso si no eran amantes de la ópera ni de la música clásica. Era él el polo de atracción. Quizás ello también esté en relación con lo que dices de que ya la ópera no te despierta el mismo entusiasmo que antes, como cuando la oías conducida por Vázquez Millares. Él, con su pasión, aún si al servicio de la ópera, era lo número uno.
    Gracias, nuevamente.
    Isis

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  2. Querida Isis,
    Que privilegio haber trabajado en CMBF, que fue siempre una emisora de altisima calidad.
    Muy curioso saber que algunos extranjeros escuchaban el programa de Vazquez Millares solo para disfrutar de sus palabras, aun cuando no se interesaran por la opera.
    Vazquez Millares es uno de esos grandes pedagogos a los que debo agradecer parte de mi formacion en Cuba.
    Gracias otra vez por tus comentarios.

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  3. Ernesto: Gracias por tu inteligente comentario a mi texto sobre Rauschenberg en PD. Felicitaciones por tu aportador blog. Un abrazo.
    César Beltrán

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  4. Gracias a ti por tu escrito sobre Rauschenberg. Yo tenia pensado hacer algo para mi blog. No tuve tiempo.
    Un abrazo.

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  5. Me hace recordar, este post, el regreso del Met una noche de febrero con nieve.
    Lindas palabras para Vázquez Millares y merecidas.

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  6. Al igual que ustedes tuve el privilegio de acudir a las presentaciones de Vazquez Millares, y me volvi adicto a sus palabras, todo el que ame el conocimiento cae redondo ante la provervial elocuencia enciclopedica del maestro, aunque vivo en miami, las pocas veces que he asistido al met en new york lo he hecho recordando al maestro, aunque ya mi pasion no es como antes, pues ese arte se disfruta mucho en el debate y hasta en el ensangrentado diluvio de opiniones pero no en la soledad... me alegra saber que no soy el unico con esa nostalgia

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