31/5/08

Jim Lambie en el MoMA


Imagine que asiste al concierto de uno de sus músicos favoritos. Imagine que afuera una banda de heavy metal interfiere el sonido y le impide disfrutar las interpretaciones que fue a escuchar. Posiblemente se sienta un poco enfadado con esta imprevista intrusión. Algo más o menos semejante me ha ocurrido al tratar de detenerme en el Balzac de Rodin que está en la planta baja del MoMA. El artista escosés Jim Lambie (1964) ha cubierto con unas franjas de color el suelo donde se encuentra instalado el bronce del creador francés.
Aunque a veces suene como un delito declararse admirador de la pintura y la escultura en sus sentidos más convencionales, debo admitir que Rodin es uno de mis escultores predilectos. Encuentro en su obra -como en los lienzos de Picasso o en los dibujos de Calder- una especie de intuición en el momento de ejecutar las piezas. En Rodin las texturas, los rasgos de los personajes, la expresividad de las manos, la energía de las posturas, parecen haberse logrado de una sentada, con una facilidad pasmosa, como si el artista se hubiese limitado a jugar con la arcilla o el mármol o como si sus dedos se hubiesen deslizado con la misma naturalidad con la que, en medio de la oscuridad, hacemos girar el picaporte de nuestra propia habitación. Cada viernes, cuando visito el MoMA, suelo detenerme, aunque sea brevemente, ante la estatua del Balzac. Estas ultimas semanas he tenido que pasar de largo porque el estridente piso me impide un mínimo de concentración. Hasta terminé por tomarle un poco de manía a las franjas instaladas por Lambie y sus asistentes. Así que empieza a ser usual que vaya directamente a la primera planta. Allí me gusta perderme entre los efectos lumínicos creados por el artista islandés Oliassen. Luego sigo a otras salas.
A la salida del museo veo una muchacha acostada sobre ZOPOP, que es como se titula la obra de Lambie. Ella parece sentirse tan dichosa, extendida como un gato, boca arriba, con los brazos entrelazados sobre la cabeza. Su novio, sentado a su lado, con las piernas cruzadas, también parece muy satisfecho de estar allí. Traen una cámara digital. Se tiran algunas fotos e intercambian alguna caricia. Reparo en la brillantez de los colores que conforman ZOPOP. Acaso tengan la intensidad cromática que podría esperarse de nuestro siglo XXI. Un lugar para reclinarse, tal vez. Me digo que tal vez ese sea el sentido de la instalación. Una acción que permita pasar un rato en un ambiente poco convencional. La propia escultura de Rodin vendría a agregar un toque de rareza al conjunto. Me pareció que mi empeño por aislar el Balzac había sido una torpeza. En su lugar debí haber prestado atención al espacio creado por Lambie, con su cortocircuito visual. Las franjas de colores ponían entre signos de interrogación mi manera habitual de apreciar una obra de arte. La instalación tal vez quería hacerme ver mi dificultad para disfrutar del Balzac. Me pregunto si el artista escosés trataba de demostrar, a través de la propia experiencia del espectador, que en el mundo contemporáneo, tan vertiginoso, el placer estético estaba seriamente amenazado por la violencia visual del contexto. La estatua del escultor francés era, mientras duraba la muestra, una cita imprescindible dentro de ZOPOP. Lambie la había aprovechado a conveniencia, aun cuando el gesto tuviese la apariencia de un secuestro. Tal vez yo fui demasiado rígido y cascarrabias con eso de tratar de encontrar determinadas sutilezas en la escultura de Rodin. Tal vez me apresuré al desestimar aquel suelo inoportuno. Al cabo, el mes próximo, nuevamente podré contemplar a mis anchas la imagen del Balzac. Quizás el viernes que viene yo también debiera tirarme allí, con mi ipod en el bolsillo, y escuchar la maravillosa Paranoid, de Black Sabbath.
Salgo del museo con la impresión de haber aprendido algo...pero también espero que a Lambie y a los curadores del MoMA no se les ocurra hacernos contemplar las Señoritas de Avignon sobre un fondo de franjas estridentes. No veo cómo conseguirían incrustar a una bella joven en la pared.

2 comentarios:

  1. Open mind Ernesto, open mind!
    Aunque se entiende el conflicto. Realmente la instalación hace recordar algo como salido de IKEA!
    Saludos profe!

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  2. Si Bauta, creo que el arte de ahora a veces es muy sencillo, a veces muy oscuro, a veces es simplemente infumable; pero ensenna sobre todo a tener una mente abierta.
    Saludos Mister y cuidado con las gruas. Diles que no hacen falta arreglos en tu edificio.

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