3/4/08

Notas sobre lo grotesco (II)


Para Adorno, lo bello se definió como represión de lo feo, que era lo temido (47). El Nietzsche de El Origen de la tragedia y el Bakhtin que estudia las festividades populares renacentistas parecen confirmar la hipótesis adorniana. Uno y otro constataron el creciente debilitamiento de lo grotesco a lo largo de la historia. La vitalidad dionisiaca tuvo que ceder ante el componente apolíneo y quedó marginada y moderada en las festividades populares. Desde el carnaval renacentista hasta el romanticismo; lo grotesco va de una alegría orgiástica, en la que encarnaban fuerzas regeneradoras de la sociedad y la naturaleza, a las visiones mórbidas, neuróticas y alienadas de los autores románticos que, como demostró Bakhtín, se encargaron de suprimir la dimensión fecundante y revitalizadora (56). De igual modo, el humor popular en la comedia griega y en el mundo rabelesiano pasó a convertirse en una idealización romántica de lo folklórico, en la que se atenuaban, sublimaban o excluían las bromas sexuales.El siglo XX parece volver obsesivamente sobre lo grotesco, si bien no ya en el sentido cíclico de muerte y fertilidad que reconoció Bakhtin en el carnaval.

La presencia de lo grotesco en el arte del siglo XX tiene que ver con el rechazo al mundo moderno, mecanizado, pragmático y burocratizado. Las vanguardias encuentran en lo "primitivo" un modo de criticar, a un mismo tiempo, el orden social y el estético (Antliff, Mark-Patricia Leighten, 180). Lo grotesco expresaba el desajuste psicológico provocado por el vertiginoso desarrollo del capitalismo, con sus traumáticas guerras mundiales, sus deshumanizados avances tecnológicos, sus crisis cíclicas y su pérdida de fe en los contenidos ultramundanos.

En unas sociedades como las contemporáneas, en las que se ha atenuado el complejo de Edipo, ha desaparecido la lucha de clases y la revuelta ha sido asimilada en un "entertainment type value"; en unas sociedades en las que la tolerancia se ha vuelto genuinamente represiva (Jameson, 110), existen todavía, desde la categoría estética de lo grotesco, ciertos márgenes para proponer "a symbolic refusal of everything which that society has to offer" (112). Si bien estas posibilidades son cada vez más limitadas, lo grotesco no ha perdido del todo su carácter trasgresor ni su sentido político: descentralización de los discursos hegemónicos, enfrentamiento contra la xenofobia y el racismo, afirmación de las minorías sexuales y condena de las atrocidades que cometen los llamados regímenes democráticos.

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