3/4/08

Notas sobre lo grotesco (I)


La etimología de la palabra grotesco se deriva de grotto o caverna (Kaiser, 7). Este sentido inicial parece conservarse, al menos parcialmente, todavía hoy. Lo grotesco tiene que ver con fuerzas telúricas, subterráneas e infernales; pero fuerzas que se han humanizado: expresan, a un mismo tiempo, la deformidad física, la caída del alma, la brutalidad o la idiotez. Ya en la Francia del siglo XVI se concebía lo grotesco como la unión monstruosa entre lo humano y lo no humano (Kayser, 24). Un cerdo, un asno o un gorila no tienen, en sí mismos, nada de grotesco. Lo son en la medida que sus rasgos se humanizan. El fango, cuando se asocia a las heces fecales, es una sustancia de lo grotesco. Las simbiosis entre lo vegetal, lo animal y lo antropomórfico se corresponden con las pesadillas de inconsciente.


Lo grotesco se centra en la representación de lo que Bakhtin llamó "material body lower stratum" (excrecencias, secreciones, digestión, placer anal, etc.) o en la acentuación de rasgos físicos que tienen que ver con lo prohibido y lo obsceno. Sancho Panza es un personaje grotesco: con su barriga prominente, cabalga sobre un asno y sueña con banquetes y posesiones terrenales.

La risa es inherente a lo grotesco. El mundo de los bajos instintos, la hediondez y la putrefacción convoca la carcajada. En un capítulo de Los Hermanos Karamasov,1 encontramos este humor cruel: el velorio del cadáver de Zosima, un anciano venerable, se efectúa en un recinto cerrado y, por ende, al cabo de algunas horas, el cuerpo empieza a descomponerse y a emanar hedores que inundan la sala. Los asistentes ven en la pestilencia un síntoma de que Zosima era un hombre corrupto y se acercan para maldecirlo; mientras su discípulo Aliosha, humillado, tiene que soportar, dada su beatitud y su carácter pacífico, los insultos que se profieren contra su otrora guía espiritual. Aquí un cuadro grotesco por excelencia. Las maledicencias de la multitud, el venerable místico reducido a un cuerpo maloliente y el dolor contenido de Aliosha, incapaz de alzarse para poner fin al absurdo. Lo ridículo del incidente suscita la risa y el malentendido hace pensar en una comedia de enredos. Con razón Octavio Paz habló del humor extrañamente moderno de Dostoiesky.(385)


Al mismo tiempo, lo grotesco es una encarnación de las fobias. Las malandanzas de Sancho, su incredulidad o sus simplezas resultan graciosos; pero su simpática corpulencia y su hablar pueblerino previenen contra la rusticidad de una vida pedestre, los pecados de la gula o la codicia. El homofóbo o el racista, ven al homosexual o al negro como seres grotescos, del mismo modo que es repulsivo el libertino, en la medida en que hace temer las degradaciones a las que conduce el placer. Igualmente grotescas son las terribles representaciones del diablo y la muerte.


Como en el carnaval, en las imágenes de lo grotesco se invierten las jerarquías sociales y semánticas (Bakhtin): en la escena de Los Hermanos Karamasov, el santo ha devenido en materia putrefacta y los fieles se han vuelto blasfemos. En el cuadro La Anunciación, de la pintora cubana Antonia Eiriz, el visitante no es un ángel; sino un demonio provisto de una expresión terrible. Más bien parece vaticinar el advenimiento del Apocalipsis que el nacimiento de Cristo. En lugar de la virgen ante el telar encontramos a un ser deforme frente una máquina de coser. La beatitud se transforma en una incomprensión rayana en la idiotez. Los apacibles gestos con que la virgen recibe la buena nueva, son sustituidos por el sobresalto ante la presencia del monstruoso heraldo. Esta inversión tiene el efecto de una realidad excesiva, como si por un instante se superpusiesen la realidad y el inconsciente, lo visible y la pesadilla. Un continuador de la novela realista del siglo XIX, como Thomas Mann, pudo percibir este carácter hiperbólico de lo grotesco. En sus Reflections of a Nonpolitical Man escribió "the grotesque is properly something more than the truth, something real in the extreme, not something arbitrary, false, absurd, and contrary to reality"
Imagen al inicio del texto: La Anunciación (1963), óleo sobre lienzo de la pintora cubana Antonia Eiriz

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