25/4/08

Un arte público contraproducente




















Las creaciones de las artes visuales y la literatura cubana actual, con sus ambivalencias hacia el poder, sus reivindicaciones éticas y sus ocasionales “malditos”, están condicionadas por reglas del juego tendientes a institucionalizar la crítica social en el ámbito de la producción artística. Aunque no puedan ir más allá de ciertos límites, el artista o el escritor son voces autorizadas a cuestionarse el poder. En ese sentido son figuras excepcionales –y privilegiadas- dentro de la sociedad cubana. Pero hablan desde un espacio segregado, minoritario, y frecuentemente proyectado hacia el público foráneo. Es decir, hablan dentro de un sistema que ha amputado considerablemente la resonancia social de las creaciones. Hans Haacke, en sus conversaciones con el sociólogo francés Pierre Bourdieu, sostiene que el artista debe crear una “provocación productiva.” Sin embargo, añade el creador alemán, dicha provocación sería ineficiente si la prensa fracasa en su papel de amplificarla y crear un foro para el debate (22). Si hemos de creer a Hans Haacke, el impacto de una obra de arte no reside tanto en las reacciones de los espectadores que asisten a la muestra como en la capacidad de la prensa para propagar y encender la trasgresión. Y es aquí, en las resonancias, donde el arte cubano de contenidos críticos tropieza con un muro virtualmente inexpugnable.
Una de las mayores contradicciones por las que atraviesa el campo artístico cubano de los últimos lustros consiste en que el artista, al hacer la crítica del orden imperante, depende, a la hora de hacer circular las obras, de las propias instituciones contra las cuales esgrime sus ataques. Razonando un poco un a la manera del pensador esloveno Slavov Zizek podría argumentarse que lo que resultaría verdaderamente subversivo no es que los creadores cubanos hagan obras desafiantes contra el poder; sino que se dediquen a la representación de contenidos apologéticos. Basta reparar en dos ejemplos del arte oficialista reciente: Cinco Palmas y El arca de la libertad. La primera de estas obras fue realizada en diciembre del 2006, como parte del mega-homenaje por el ochenta cumpleaños de Fidel Castro. Un tributo a la lucha contra Batista porque Cinco Palmas fue el lugar en el que se reunieron los rebeldes, diezmados después del conocido “bautizo de fuego” de Alegría de Pío. El arca de la libertad, igualmente inaugurada a fines del 2006, es una silueta del yate Granma, recortada, al igual que la otra imagen, en una plancha de hierro, cuya superficie fue pintada al óleo por catorce prestigiosos creadores. El propio Fidel Castro tuvo la ocurrencia de ubicar este mural metálico en el patio interior del Museo de Bellas Artes de la Habana. Allí, afirmó el Comandante en su improvisado rol de curador, es donde debiera estar esa imagen para que el pueblo pueda apreciarla.



















Arte comprometido, en el sentido de arte político -aunque es posible que para algunos de los artistas que fueron invitados a colaborar la palabra “comprometido” haya tenido la connotación de encargo oficial difícil de eludir- estas imágenes en metal son corrosivas. Expresan, con inmediatez y elocuencia, el autoritarismo que rige a la sociedad cubana. Son representaciones optimistas, muestras de una pretendida adhesión colectiva hacia el gobierno –en Cinco Palmas participaron treinta artistas - y en las que se exalta la gesta revolucionaria de un modo grandilocuente, con marcados acentos míticos (el yate Granma como Arca de la libertad). En su concepción misma, la retórica de estas dos obras guarda no pocos parentescos con el triunfalismo que uno puede encontrar en la prensa, los billboards, los programas de orientación política y los noticieros de la Televisión Cubana. Si a través de los contenidos críticos el arte contemporáneo cubano exhibe ante el público foráneo la flexibilidad y la capacidad de discernir de las instituciones que lo promueven; los recientes tributos colectivos crean el efecto de que las obras de arte destinadas al espectador cubano – la primera convenientemente ubicada en un espacio público de gran visibilidad, la segunda consagrada autoritariamente como arte por el máximo líder del gobierno- no difieren gran cosa de las creaciones que llenaron los concursos y salones a comienzos de los setenta.

5 comentarios:

  1. Antes de cualquier muela, hay algo en estas obras que pesa por sí solo: son espantosas.

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  2. Absolutamente de acuerdo. Especialmente horrible es El arca de la libertad, que fue una concepcion de Kcho. Los cubanos -sobre todo aquellos que no suelen asistir a las exposiciones y que no estan tan familiarizados con artes visuales- tambien estan saturados de estos artistas (Fabelo, Zaida, Nelson Dominguez, Flora Fong, Choco, Pedro Pablo Oliva, Kcho y otros). Resulta que les llaman "los mismos". Y en efecto, cuando visite Cuba a fines del 2006, estaban, casi literalmente hablando, en todas partes: en exposiciones con fines comerciales, en murales colectivos, en hoteles, en restaurantes para turistas y hasta en la television, opinando sobre casi cualquier asunto. Es lamentable ver a artistas que estimo -como Pedro Pablo Oliva y Kcho- colaborando en esas farsas. Encuentro curiosa la concepcion de trabajo colectivo. El colectivo, como dice en algun momento el personaje de Memorias del Subdesarrollo, diluye el sentido de responsabilidad de los individuos que participan en el acto. Al menos supongo que Fabelo, Fong, Dominguez, Zaida del Rio y los demas, tengan consciencia de que hacen mamarrachos y todos, de un modo u otro, esquivan comprometer sus nombres con los de esos engendros.
    Por cierto, agradezco tu post sobre el pintor Carlos Alberto Garcia en Penultimos Dias, que lei esta manana. Carlos fue profesor mio en La Habana, en la clase de grabado. Yo lo admiro mucho y creo que es uno de los artistas cubanos que no ha alcanzado aun el reconocimiento que merece.
    Saludos,
    Ernesto.

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  3. Machetico, Ernesto, tienen mucho que aprender. Eso es verdadero arte de vanguardia. En la primera línea de defensa, en la trinchera de la bataaalla de ideeeaaas.
    El curador en Jefe

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  4. Mmm, reflexionó Zaratustra...
    Yo les propondría a todos los ex Arte Calle reeditar su experiencia grafittera, encima del yate original, en el museo de al frente.
    RLR

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  5. Como de costumbre, no se les da ala a los artistas emergentes. Todo, desde cargos de poder en el gobierno hasta redundantes oportunidades de reconocimiento en el mundo artístico, se recicla en los mismos círculos...

    La idea de grafitar el yate original suena pecaminosamente divina!
    Sería el equivalente a romper el cristal y robarse los zapaticos de rosa.

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