8/12/17

Los Criterios de Desiderio

Desde sus primeros tanteos, a comienzos de la década de 1970, Criterios tuvo una sorprendente vitalidad. Fue un proyecto cultural que Desiderio Navarro supo renovar ininterrumpidamente, a medida que se transformaba el pensamiento teórico contemporáneo. La revista y los eventos que organizó en La Habana sacudieron un escenario cultural en el que -tanto en los centros de enseñanza como en la muy animada vida literaria del país- predominaban las concepciones marxistas de los manuales soviéticos y las ediciones de  obras clásicas de la literatura universal. Criterios  proporcionaba herramientas críticas contra los dogmatismos estéticos y a su vez actualizaba a los lectores cubanos, que se habían formado con la masificación de autores como Dostoievski,  Zola, Flaubert y Víctor Hugo.

Los ensayos que aparecieron en Criterios  fueron maneras de enfrentarse a las ortodoxias estéticas importadas desde la URSS. Rescataban la importancia de la dimensión formal en la obra de arte y en las creaciones literarias. Eran esfuerzos, a menudo realizados en los propios países de Europa del Este, por integrar los aportes de la semiótica y la teoría de la información al marxismo. En tal sentido, los ensayos eran un modo de intervenir en el presente. Hablaban de un marxismo especulativo y ponían en tela de juicio los esquematismos que laceraban la producción cultural. Desde un inicio, la línea editorial de Criterios propagó este tipo de enfoques. Esta orientación teórica era, dentro del contexto cubano, una labor que tuvo mucho de quijotesca, realizada en solitario y sin mucho respaldo institucional. En la actualidad, luego del colapso ideológico de los socialismos de Europa del Este, la apuesta por este género de marxismo sigue siendo no menos incomprendida y quijotesca para muchos cubanos, desde hace tiempo hastiados de la retórica oficialista.

La publicación a gran escala de los llamados ‘clásicos’ de la literatura universal, fue uno de los indudables aciertos de la política cultural de la Revolución Cubana. Un logro que en la actualidad se ha destruido, pero que convendría no menospreciar cuando se ensaye una mirada histórica de las últimas seis décadas de gobierno. Sin embargo, la masificación de los ‘clásicos’ era –al igual que ocurría en los socialismos de Europa del Este- un arma de doble filo. Superponía un velo adicional sobre la ya opaca cortina que ocultaba el presente. Los lectores de la isla estaban bastante desinformados sobre los nuevos desarrollos del pensamiento teórico. Incluso los estudios poscoloniales, que a primera vista parecerían guardar afinidades con la política tercermundista de la Revolución, eran virtualmente desconocidos en la isla. Solo de forma excepcional y a veces pseudoclandestina, circulaban algunos textos. Por lo general, los cubanos escuchaban campanas sin saber dónde.

Gerardo Mosquera ha escrito una hermosa frase que me gustaría citar “Desiderio, abridor de mundos”. Para los interesados en los problemas estéticos y literarios, Criterios fue toda una revelación. La revista contribuyó  poderosamente a que se pusieran en boga nociones como intertextualidad y posmodernidad y se complejizaran los debates sobre estas cuestiones. Gracias a Criterios los cubanos se enteraron que existían autores como Bajtín y Lotman, Jameson, Clifford, Hal Foster y Boris Groys entre muchísimos otros. Con cada nuevo volumen irrumpía lo más experimental del pensamiento semiótico del momento, del posestructuralismo, la narratología, la antropología y los estudios culturales.

Pero Desiderio Navarro no solo persiguió divulgar los nuevos enfoques teóricos. En las páginas de Criterios  raras veces aparecían textos que hubiesen sido previamente publicados en español, aunque no se conocieran en La Habana.  Los ensayos eran, en su gran mayoría, traducidos por vez primera al castellano. Esta decisión editorial hizo de Criterios  una de las revistas más novedosas de su tiempo, no ya en el ámbito editorial hispano -que todavía hoy suele ser bastante provinciano- sino a escala mundial. La capacidad de Navarro para traducir en más de una docena de lenguas, le permitía agrupar, como raras veces puede permitirse un editor, textos originalmente redactados en polaco, con otros que escribieran en alemán, en inglés, en ruso o en hebreo.  Criterios era una revista babélica traducida al español. 


12/11/17

Santa y la revolución de los humildes.

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Una campesina carga una silla por un lomerío. Se dirige a un sitio recóndito. Pronto sabremos que alguien le ha asignado la tarea de vigilar, durante tres días, a un escritor homosexual que vive en un abrumador desamparo. La joven tiene el cometido de impedirle que vaya a sabotear un evento al que asistirán invitados extranjeros. La silla le servirá para sobrellevar, sentada, las horas a la intemperie, en un paraje solitario, frente a la precaria casa del  disidente. 

Los realizadores de Santa y Andrés encontraron oportuno comenzar el filme con unas breves palabras, que vendrían a ubicar la historia en el contexto de la Cuba de la primera mitad de la década de 1980, en una sociedad que marginó tanto al escritor contestatario como al homosexual. Aun así, la situación que presenta la escena inicial es tan absurda que podría resultar desconcertante para quienes no estén familiarizados con la realidad cubana y probablemente suscite la incredulidad de quienes todavía ven la Revolución como un proyecto humanista, incesantemente calumniado por la propaganda de las transnacionales de la información. Los que vivimos en Cuba, y conocimos los muchos disparates que desde muy temprano caracterizaron a aquella revolución, posiblemente comencemos a preguntarnos si se trata de una historia basada en hechos reales.

En cualquier caso, el espectador -que necesariamente asiste a la sala cinematográfica con una posición política prejuiciada hacia el régimen cubano-  parecería demandar que la escena inicial del filme, en lo que contiene de absurdo, fuese legitimada por cierto apego a una verdad histórica. Una de las primeras sorpresas que nos depara Santa y Andrés consiste en que esta exigencia de que la ficción tenga que relatar algún acontecimiento históricamente verificable queda relegada a un segundo plano. De inmediato se impone el drama de dos personas marginadas, impelidas a comunicarse, a establecer vínculos afectivos y a crear complicidades frente a las posiciones de poder. 

Los tanteos, la desconfianza y los ademanes vacilantes desde los cuales los protagonistas procuran relacionarse (pasando por encima de las diferencias ideológicas y los prejuicios morales), es lo que verdaderamente se erige como una crítica al proyecto social iniciado en enero de 1959.

El segundo giro imprevisto del filme es que la campesina -quien al menos en un principio cree en la ideología dominante- es una figura todavía más oprimida que el escritor disidente y homosexual. Este último, desencantado de la sociedad y viviendo en condiciones paupérrimas, aun dispone de su manuscrito, aunque tenga que escribirlo de forma clandestina, de su sexualidad -que también debe satisfacer a escondidas-, de su adicción al alcohol y de su pasado, que atesora en una fotografía. Santa, en cambio, lleva una existencia monótona, inmersa en faenas que parece desempeñar sin mucho entusiasmo, intentando infructuosamente ganarse las simpatías de un hombre que la desprecia, la coacciona y no tiene interés en continuar una relación afectiva con ella. Incluso su pasado está signado por una experiencia que ella evita evocar. Andrés le permite encausar su necesidad de sentirse útil para otra persona, en definitiva tan desamparada como ella misma. El escritor disidente intenta hacerle más llevadera su tarea de vigilarlo y más tarde está dispuesto a aceptar, dentro de los límites de su orientación sexual, sus expresiones de afecto.


El encuentro malogrado entre estos dos subalternos es una de las críticas más contundentes que puedan hacérsele al proyecto social cubano. La revolución, que hizo extensivos algunos beneficios –como la salud, el disfrute de la lectura y la enseñanza-  a grupos sociales tradicionalmente oprimidos, también impuso un horizonte ideológico excesivamente adusto, que inducía al sentimiento de estarle en todo momento agradecido al gobierno, que conminaba al temor hacia el que pensaba distinto, a aceptar el poder de convicción de las poses machistas y a la creencia en que inmiscuirse en la vida de los otros era una responsabilidad ciudadana. Santa encarna al sujeto formado bajo dichos horizontes ideológicos. Su amistad con Andrés, sin ser del todo correspondida –el escritor nunca deja de verla con desconfianza-, tiene el aire de una transgresión y una revelación. Le permite vivir en carne propia el carácter deshumanizado de aquella revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”. 

9/11/17

Los extremos se tocan

Para nadie es un secreto que el gobierno de Donald Trump atraviesa por serios problemas. Su impopularidad no ha dejado de crecer, al igual que los despidos y renuncias de sus colaboradores. A esto hay que sumarle el grave vínculo de varios de sus representantes con el gobierno ruso durante el proceso electoral estadounidense. En este contexto Trump adoptó un paquete de restricciones que hacen retroceder las políticas de Obama sobre las relaciones bilaterales con el gobierno cubano. El muy impopular inquilino de la Casa Blanca persigue ganarse las simpatías de la comunidad cubano-americana, sin importarle el hecho de que las nuevas medidas contribuyen a obstruir el desarrollo del ya de por sí atrofiado capital privado en la isla. Los simpatizantes del embargo no consiguen entender que el desarrollo del capital privado es una premisa fundamental para la caída del régimen de La Habana. Los Castro lo advirtieron muy tempranamente y el embargo no ha hecho otra cosa que facilitarles la represión económica de los ciudadanos. 

10/10/17

Los escondidos 1933, de Galway Kinnell

Una traducción del poema Hide-and-Seek 1933,  de Galway Kinnell, desde hace varias semanas en los trenes de Nueva York, como parte de la serie Poetry in the Subway.

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Los escondidos 1933, de Galway Kinnell.

Una vez, cuando jugábamos a los escondidos,
Y era hora de irse a casa
Los demás abandonaron el juego antes de que terminara.
Y olvidaron que yo todavía estaba oculto
Me quedé escondido como una cuestión de honor
Hasta que salió la luna

Hide-and-seek 1933

Once when we were playing
hide-and-seek and it was time
to go home, the rest gave up
on the game before it was done
and forgot I was still hiding.
I remained hidden as a matter
of honor until the moon rose.

30/9/17

La muerte en pelota



“Fidel juega a la pelota”. Así se titulaba un artículo que apareció en las páginas de la revista Cuba, en agosto de 1964. Contenía una serie de fotografías,  realizadas por Lorenzo Rocamora. La pintora Antonia Eiriz se basó en una de esas imágenes para realizar su conocido cuadro La muerte en pelota (1966)Hizo algunas modificaciones. Eliminó a la figura del fotógrafo que aparece al fondo y acercó las gradas al home, de manera que también pudiese verse el público. Es posible reconocer la barba del dirigente, aunque el rostro del bateador quedara bruscamente cortado y desenfocado en el margen superior del lienzo. 


Al espectador le correspondía decidir cuál de los personajes podría ser la muerte: si el umpire que, con su uniforme negruzco y su máscara de protección, aparentaba ser una representación alegórica, o  el vital jugador, que con su batazo encandilaba a una muchedumbre de rostros desdibujados y expresiones exaltadas hasta lo monstruoso.


26/8/17

Un lienzo de Fidelio Ponce de León en una película de Alfred Hitchcock

En el minuto 43 de The Rope (1948) Alfred Hitchcock presenta durante un poco mas de  dos minutos un lienzo del pintor cubano Fidelio Ponce de León. Una de las dos telas que el director de cine adquirió cuando el Ponce hizo su primera muestra personal en el Lyceum de La Habana, en octubre-noviembre de 1934. 


13/8/17

Lezama Lima y el 26 de julio.


La lectura de Lezama Lima es siempre desafiante. Sus oscuridades son a menudo ambivalentes y la claridad, cuando existe, es frecuentemente engañosa, como un señuelo que invita a vislumbrar lo hermético. Los textos lezamianos eluden lecturas unívocas  y en ocasiones subvierten lo que aparentan afirmar. En lo que sigue haré una interpretación del conocido ensayo “26 de julio: imagen y posibilidad”, usualmente aceptado como un texto laudatorio de la Revolución Cubana. Lezama Lima propone unas ambivalencias que es preciso interrogar. En particular su empleo de la oposición semántica entre ‘posibilidad’ e ‘imposibilidad’ y su cita al héroe mítico griego Anfión, permiten sostener que las ambivalencias del texto se deben a que el poeta habla desde dos momentos distintos. Primeramente lo que representó el asalto al Cuartel Moncada en el pasado (antes y a comienzos de la Revolución). El 26 de julio, escribe Lezama usando los verbos en el pretérito, “no fue un fracaso, fue una prueba decisiva”. Más adelante habla desde el presente (“el 26 de julio significa para mí”). Este antes y este ahora son esenciales para aproximarse al texto. Sirven también para releer sus ensayos de 1960. Entre “Desde la poesía”–donde el proceso iniciado en 1959 había inaugurado una era imaginaria- y “26 de julio: Imagen y posibilidad”, se interponen ocho años durante los cuales el entusiasmo del poeta devino en distanciamiento y en escepticismo. Las posiciones de Lezama hacia la Revolución Cubana cambiaron ya antes de 1961, si creemos en el testimonio de su hermana Eloísa.[1] Sin embargo, las severidades de la política cultural posiblemente hicieran que el autor de Paradiso no encontrase otra alternativa que expresar su descontento por medio de un lenguaje hermético y ambivalente. Dicho lenguaje no solo era uno de los pocos subterfugios desde los cuales era posible burlar la censura y el que caracterizaba la producción literaria lezamiana, sino también un modo de redactar un panegírico que a su vez pudiese leerse, si se revisaba con algún detenimiento, como una expresión de inconformidad. No es tampoco improbable que Lezama hubiese querido protegerse de inquisidores –no faltaron en la segunda mitad de la década de 1960- que escudriñaran sus textos, con la intención de encontrar críticas o burlas ocultas. De ser así, el poeta podría habérselas ingeniado para que las ambivalencias quedasen aparentemente despejadas si se revisaban sus ensayos anteriores. El diálogo entre los dos escritos de 1960 (“Desde la poesía” y “Se invoca al Ángel de la Jiribilla”) y el de 1968, es innegable, hasta el punto de que ambos textos contribuyen a un desciframiento, tal vez aparente, de “26 de julio: imagen y posibilidad”. Intentaré argumentar que, en una especie de nueva vuelta de tuerca, el tiempo verbal, con su alusión al ahora, a la realidad vigente, termina por expresar el malestar del poeta. Convengo de antemano en que se trata de una maniobra de lectura un tanto laberíntica, pero no incompatible con las complejidades que plantean los textos lezamianos.[2] 
La idea central de “26 de julio: Imagen y posibilidad” pudo haber sido largamente meditada por el poeta. Una lectura, así sea superficial, de la correspondencia con su hermana, permite apreciar que Lezama sospechaba que sus cartas eran leídas por las autoridades cubanas. De todos modos, en septiembre de 1963, el escritor se atrevió a lanzar una de sus más severas quejas contra el gobierno: “si no hay libertad no hay posibilidad, no hay imagen, no hay poesía’. Aquí se encuentra el germen del ensayo que publicaría cinco años más tarde. 

Para el Lezama de “26 de julio”, la imagen albergaba la posibilidad y gracias a eso poseía la capacidad de ascender a la historia. Pero solo cuando la imagen estaba apegada a la muerte y al sufrimiento, el hombre conseguía iluminar la posibilidad hasta insertarla en los procesos históricos, del mismo modo que Odiseo, un ser viviente entre los difuntos, ascendía hacia la luz, siguiendo los ruegos de su madre muerta. El cubano había perdido su fe en los símbolos de la  nación. El 26 de julio había avivado sus ideales. Gracias al asalto al Cuartel Moncada, una nación frustrada había recuperado su destino histórico. Los jóvenes que atacaron la ‘fortaleza maldita’ entendieron aquella acción como un modo en que Martí -un preñador de la imagen de lo cubano- creaba una realidad por medio de la imagen. El 26 de julio tuvo el propósito de redimir el ideario martiano, malogrado por su muerte y por la injerencia norteamericana. Sin embargo, el 26 de julio fue un intento fallido, que finalmente cedió ante “la jabalina de oro de la posibilidad”.[3]
El fracaso abría un nuevo momento: la prueba del laberinto. Lezama Lima culminó su texto con la siguiente frase:
El 26 de julio significa para mí, como para muchísimos cubanos tentados por la posibilidad, la imagen y el laberinto, una disposición para llevar la imposibilidad a la asimilación histórica, para traer la imagen como un potencial frente a la irascibilidad del fuego, y un laberinto que vuelve a oír al nuevo Anfión y se derrumba.

Aquí tendríamos una triada. El cubano tentado por la posibilidad (es decir, el hombre que, al igual que Martí, lucha porque la imagen ascienda a la historia), el tentado por la imagen (el poeta, aquel ‘apesadumbrado fantasma de las nadas conjeturales’) y el tentado por el laberinto (por la necesidad de tomar decisiones acertadas, como comentaré más adelante), apuntan hacia tres figuras distintas, si bien pudieran ser la misma persona: el revolucionario, el poeta y el buen político. Para cada uno de estos sujetos el 26 de julio significa algo diferente. Convendría parafrasear y segmentar la oración.
1. Para el tentado por la posibilidad –el revolucionario que lucha por realizar los ideales nacionales- el 26 de julio significa la disposición a “llevar la imposibilidad a la asimilación histórica”
2. Para el tentado por la imagen (el poeta), el 26 de julio es la disposición a “traer la imagen como un potencial frente a la irascibilidad del fuego”.
3. Para el tentado por el laberinto (el político sabio) el 26 de julio es el momento en que el laberinto “vuelve a oír al nuevo Anfión y se derrumba.”
Al comienzo del texto Lezama ha dicho que la imagen era la causa secreta de la historia. Su ‘hipótesis y su ‘fuerza operante’ eran la posibilidad. ¿Por qué ahora eso de “llevar la imposibilidad a la historia”? Interrogado sobre cómo la Revolución mejoró la cultura, Lezama comenzó por negar que la revolución fuese un proceso estático. No era una forma sino un devenir. Esta aclaración le dio pie para definir una revolución –en sentido genérico y no necesariamente el presente cubano- como unas “imposibilidades que se rinden ante posibilidades”. Es decir, las posibilidades conseguían abrirse paso, venciendo lo imposible.  La imposibilidad no es ninguna forma de idealismo más o menos romántico e inalcanzable, sino una aspiración frustrada, que ha dejado de ser posible. Si en 1960, la Revolución Cubana había sido una posibilidad infinita, en 1968, el 26 de julio era una disposición a la imposibilidad, que ya no tenía nada que ver con un proceso revolucionario.
En 1960, Lezama –tentado por la posibilidad- creía que la Revolución Cubana había traído nuevamente el espíritu de una “pobreza irradiante, del pobre sobreabundante por los dones del espíritu” (Confluencias, 398). La Revolución inauguraba la era imaginaria de la posibilidad infinita. Luego de un momento de falso esplendor republicano, se asistía a una vuelta a la pobreza creadora, como la que había existido en el siglo XIX cubano y que era intrínseca al proceso ascensional de la nación. Sin embargo, el ensayo “Se invoca al Ángel de la Jiribilla” culmina con una súplica desesperada ante el temor de que el proyecto revolucionario, tal y como él lo interpretó, quedara como un imposible. Su invocación al Ángel de la Jiribilla es más bien angustiosa. Después de afirmar “Mostramos la mayor cantidad de luz que puede, hoy por hoy, mostrar un pueblo sobre la tierra.”, la invocación adquiere un giro dramático, se convierte en una súplica para que la posibilidad infinita pudiese imponerse, en vistas de su inminente fracaso: “Ángel de la Jiribilla, ruega por nosotros. Y sonríe. Obliga a que suceda.” Le pide que proteja la posibilidad infinita, evidentemente en peligro de no cumplirse. Le implora que repita la  frase: “lo imposible, al actuar sobre lo posible, engendra un posible en la infinidad”, como si fuese un mantra, una guía que era preciso no perder de vista. Lezama, simpatizante de la Revolución, ya parece advertir en “Se invoca al Ángel de la Jiribilla”, que su sueño de la posibilidad infinita tiene pocas oportunidades de lograrse. Más bien parece decir que solo una voluntad angelical –ingenua, tal vez- podría conseguir que se impusiera dicha visión. La única certeza que todavía conserva Lezama sobre el advenimiento de una era imaginaria, es la de lo imposible.
 “Ahora, ya sabemos que la única certeza se engendra en lo que nos rebasa. Y que el icárico intento de lo imposible es la única seguridad que se puede alcanzar, donde tú tienes que estar ahora, Ángel de la Jiribilla. (Confluencias, 100)
Quienes quisiesen ver en “26 de julio: imagen y posibilidad” una celebración de la Revolución Cubana podrían citar la línea final de este texto de 1960. Aquí tendríamos, en este breve ensayo, “esa disposición a llevar la imposibilidad a la asimilación histórica”. El inquisidor habría encontrado una respuesta satisfactoria a la frase medio ‘sospechosa’. Lezama, aunque mintiese o exagerara, hacía la apología de la Revolución. El poeta hermético celebraba la utopía como mismo lo había hecho antes. Sin embargo, es preciso advertir dos cosas. En “Se invoca al Ángel de la Jiribilla”, lo que resulta imposible, en enero de 1960, es que la revolución llegue al momento de la “posibilidad infinita”. En ese sentido, “Se invoca al Ángel de la Jiribilla”  funciona como un epílogo a su ensayo “Desde la poesía”. En segundo lugar, si volvemos a “26 de julio: imagen y posibilidad” el tiempo verbal en el presente tiende una nueva trampa, que corrobora el escepticismo que había expresado en su imploración de 1960. El  “significa” en el presente, sugiere que todavía en 1968, tres lustros después del asalto al Cuartel Moncada, el intento icárico de lo imposible no había logrado realizarse. No había dejado de ser más que una disposición. El 26 de julio no condujo a que la imagen, como posibilidad infinita, encarnase en la historia. El icárico intento, el sueño del vuelo, estaba necesariamente ligado a la imagen. En otro ensayo de 1968, observó que la potencia (lo terrenal) necesitaba la apoyatura de lo celestial y la Imagen era el vínculo entre lo telúrico y lo estelar. "Si la potencia actuase sin la Imagen,- escribe Lezama- sería tan solo un acto autodestructivo y sin participación". (Confluencias, 420). Si el 26 de julio había quedado solamente como una disposición, sin haber arribado a la Posibilidad infinita, ¿era entonces el gobierno cubano una potencia que había actuado –y que todavía actuaba- sin la imagen?

Para el poeta –el tentado por la imagen- el 26 de julio significaba la disposición a “traer la imagen como un potencial frente a la irascibilidad del fuego”. En las palabras del jurado que le concedió el premio UNEAC de poesía a Heberto Padilla –cuya autoría, al menos en parte, habría que atribuirle a Lezama Lima- se elogia la ‘actitud crítica ante la historia’. Padilla adoptaba una actitud que era común al poeta y al revolucionario: la del inconforme, el que “aspira más porque su deseo lo lanza más allá de la realidad vigente”. La irascibilidad del fuego podría entenderse como esa realidad vigente, que el poeta persigue superar por medio de la imagen.
Finalmente el laberinto. Es, dentro del texto lezamiano, el fragmento que se puede identificar con más facilidad, debido a las referencias intertextuales muy específicas que proporciona el autor. Los ex libris de uno de los grandes prosistas de nuestra lengua son alusiones a dos viñetas del libro Relaciones de Antonio Pérez. El centauro barbudo –el propio Pérez, encarcelado, acusado de cometer un crimen- derriba el laberinto. Deja de contemplar un estado de cosas injusto, dice ‘hasta aquí’ y consigue destruir los muros que lo aprisionan. El acto de cruzar los labios con el dedo índice es un ademán de prudencia, y anticipa que, después de deshacer el laberinto se habrán de tomar decisiones sabias. Con anterioridad el poeta había observado, con fascinación, que Martí leyó al político español. Propuso un parentesco entre el poeta cubano y el cortesano del siglo XVI, a quien Baltazar Gracián había llamado Anfión, como una manera de celebrar su elocuencia.
Anfión es un héroe mítico griego, comparable a Orfeo. Hermes le había regalado una lira. A diferencia de su hermano Zeto, quien había tenido que trabajar duramente para construir los muros de Tebas, los sonidos de la lira de Anfión ejercían un poder tan persuasivo que las piedras, obedeciendo a las notas musicales, se alineaban para erigir la muralla. El nuevo Anfión –tal vez distinto al que mencionara Gracián- podría verse como una imagen de Fidel Castro, cuya elocuencia conseguía cautivar a las multitudes (no hay que descartar que Lezama viese, burlonamente, un parecido visual entre el Centauro del ex libris y el dirigente cubano pronunciando uno de sus discursos). Sin embargo, la historia del héroe tebano tiene un desenlace trágico. Apolo y Artemisa asesinan a sus hijos, como un castigo a las burlas de su esposa Nióbe, quien afirmó haber procreado más que la diosa Leto. Anfión, dominado por la hybris trató de destruir el templo de Apolo. Si uno se atiene al mito de la Antigüedad, la hybris de Anfión es “una irascibilidad del fuego”. El héroe tebano encarna dos momentos distintos: la elocuencia –la lira es un instrumento apolíneo- y la soberbia. Lezama citó a Anfión con frecuencia a lo largo de su obra. Era uno de sus personajes griegos predilectos. Difícilmente no hubiese reparado en aquella dualidad.
Lezama se cuidaba las espaldas. Si un funcionario lo hubiese interrogado habría podido responderle que el laberinto era una cita a Antonio Pérez, a quien ya previamente había comparado con José Martí, y el nuevo Anfión, podría ser Fidel Castro, un continuador de aquella tradición revolucionaria. El laberinto que se derrumbaba era la Revolución triunfante, que vendría a liberar al pueblo cubano. Pero no quedaba del todo claro si el Centauro barbudo que cruzaba su dedo sobre los labios y tomaba decisiones correctas, luego se transformaría en un nuevo Anfión, en el político soberbio que quiso destruir el templo de la divinidad. El adjetivo ‘nuevo’, por el contrario, podría sugerir que se trata de un personaje distinto al que el propio Lezama había citado en “Se invoca al Ángel de la Jiribilla”.




[1] Lezama Lima, Eloísa. Una familia habanera.  Miami: Ediciones Univesal, 1998: 94.
[2] En una entrevista con Ciro Bianchi Ross, el poeta afirmó:
En Orígenes, por ejemplo, hay varias notas que demuestran nuestra señal de inconformidad, de estar alertas ante la situación del país. Y quien lea atentamente mi poesía verá cosas que, si bien no están en la superficie, están de todas maneras y constituyen un grito de nuestra generación en defensa de nuestra identidad cultural, en contra de la desintegración y frustración política del país.
Lezama Lima, José. Diarios (compilación y notas Ciro Bianchi Ross). La Habana: Ediciones UNION: 145.
Es preciso notar que Lezama habla de dos cosas distintas, las notas que aparecieron en Orígenes  y su poesía –incluidos los versos que escribió después de 1959. De modo que su queja contra frustración política y la desintegración del país no debieran limitarse solo a los libros anteriores al triunfo de la Revolución. Se impone, indudablemente, revisar sus textos en busca de aquellas alusiones, difíciles de desentrañar, en libros como Dador y Fragmentos a su imán
[3] Leído en relación con “Desde la poesía” la jabalina de oro de la posibilidad podría entenderse como una imagen de la falsa opulencia que, según Lezama, habría caracterizado al período republicano.
En Las metamorfosis de Ovidio encontramos la jabalina de oro, un regalo de Febo Apolo a su amigo Cipariso. Este último la utiliza en las cacerías. Sin embargo, por un equívoco –creyendo dispararle a una presa cualquiera- Cipariso mata a su querido ciervo. Cabe conjeturar que la jabalina de oro es, por lo tanto, una metáfora del destino fatídico y autodestructiva, comparable a la decisión de Cipariso, que cree matar a una presa que habría de proporcionarle beneficios y termina por aniquilar una posesión querida.
En la novela, Paradiso, sin embargo, Foción recita los siguientes versos:
Pero no se adelanta frente al jabato
¿No es el dueño de la jabalina de oro?
La jabalina de oro, en este caso, es una imagen fálica, un atributo de lo masculino. Pero este uso metafórico no parece tener una relación muy directa con la imagen que encontramos en el ensayo de 1968.

19/4/16

A la deriva

La exsecretaria de Estado ganó, tal y como anticiparon las encuestas, el Estado de Nueva York. Existieron algunas irregularidades y se estima que unos tres millones de personas -buena parte de ellos independientes y por tanto inclinados hacia el Senador de Vermont-no tuvieron oportunidad de participar en las primarias. No se registraron como demócratas antes del 25 de octubre, como lo exigían las regulaciones del Partido o, de manera sorprendente, a última hora vieron alteradas sus afiliaciones partidistas.  Como quiera que sea, los entusiastas de Bernie Sanders tendrán que poner los pies en la tierra y admitir que los resultados dejan al Senador con escasas posibilidades de lograr la candidatura demócrata.

Como simpatizante de Sanders, la derrota en Nueva York me parece catastrófica para los demócratas. Es preciso tener en cuenta que los discursos de Hillary y su adversario pudieran verse como discrepancias entre pequeñas diferencias. La exsecretaria se ha aproximado a las visiones más radicales de su rival y posiblemente lo haga todavía más, con el propósito de atraer a los seguidores del Senador. La diferencia entre ambos no reside ni en sus promesas, ni en sus posiciones políticas. La distinción entre los candidatos es, sobre todo, de orden ético. Un gran por ciento de la población no considera a Hillary digna de confianza e incluso, tiene la imagen de que permanece demasiado apegada a los intereses del gran capital. Esta falta de credibilidad -que se confirma en su continuo cambio de posiciones y en su renuencia a divulgar el contenido de sus presentaciones ante Goldman Sach- no solo genera escaso entusiasmo, sino que también la hace vulnerable ante los ataques de sus rivales (ya sea Sanders o los Republicanos). Lamentablemente, abundan los materiales en los que puede observarse que ella miente, se contradice o actúa de forma oportunista. Personalmente no veo cómo Hillary conseguiría involucrar a los partidarios de Sanders, sin revertir este perfil de persona deshonesta.

Hillary enfrenta un segundo problema, quizás todavía más grave que el anterior: la investigación que conduce el FBI a propósito de su cuenta de correo electrónico. Se desconocen los resultados de dichas pesquisas, pero no hay que descartar la posibilidad de que Clinton sea encausada por su descuidado manejo de información altamente confidencial y por el uso de su posición como Secretaria de Estado para beneficiar a la Fundación Clinton, entre otras negligencias. 

Finalmente, la pugna entre Clinton y Sanders ha generado mucho descontento entre los seguidores de este último. Muchos partidarios del senador se sienten defraudados con el Partido Demócrata, que en todo momento favoreció a Hillary, con los llamados súper delegados -que han tenido un peso abrumador en toda la contienda-, con los canales de televisión y con los periódicos más establecidos. Los jóvenes que siguen a Sanders han tenido demasiadas evidencias -una de las más groseras fue el espacio de 20 segundos que la emisora ABC le dedicó a senador durante todo el 2015- de las manipulaciones de los mainstream media y de los comportamientos abusivos del Democratic National Committee. Al menos por ahora, muchos partidarios del senador sienten una justificada hostilidad no solo hacia la candidata, sino también hacia el propio Partido Demócrata. No hay que descartar que Sanders -o alguna otra figura política emergente- intente aprovechar el movimiento anti-establishment, y de orientación independiente que encontró un líder en el senador de Vermont. Es decir, no es del todo improbable que haya que contar con un tercer partido en las elecciones generales.


Estos tres problemas, la falta de credibilidad de Clinton, la investigación que lleva a cabo el FBI -y que parece una especie de bomba de tiempo-, además de la dificultad para atraer a los simpatizantes de Sanders, hacen de Hillary una figura muy endeble frente a sus opositores republicanos e incluso frente a los de un posible tercer partido. No hay que dar por sentado que ella pueda derrotar sin más ni más a Trump (o al republicano que salga como candidato). Lanzar a Clinton podría ser una jugada sumamente arriesgada, en una contienda electoral que se ha caracterizado por ser más bien impredecible.   

6/4/16

Rigged

Hace unas semanas tuve que buscar la palabra ‘rigged’ en el diccionario. La traducción ‘amañado’ transmite inmediatamente uno de los rasgos más notorios de la presente contienda electoral en Los Estados Unidos. El llamado mainstream media, de corte liberal, ya estaba vendido de antemano, al igual que varios centenares de ‘superdelegados’, comprometidos incluso antes de que otros candidatos iniciaran sus respectivas campañas electorales. Los mainstream media, sus analistas, muchos de sus más prestigiosos periodistas y los espacios informativos estaban -y están- abiertamente comprometidos con Hillary Clinton. De ahí la estrategia de hablar lo menos posible sobre su rival -pero llegado el caso potencial aliado- Bernie Sanders, de declarar prematuramente la victoria de la predilecta, y de discutir muy poco -lo mínimo- sobre su irresponsable manejo de información altamente confidencial. Los mass media tampoco comentan mucho sobre las consecuencias políticas que pudiera tener la investigación en curso que conduce el FBI (si queremos estar un poco informados sobre este escándalo casi no hay más alternativa que sintonizar la conservadora Fox News). De ahí también la estrategia de atacar al posible oponente Donald Trump, para sentar las bases de la victoria, en el supuesto escenario de un enfrentamiento entre la exsecretaria de Estado y el fascistoide, excéntrico multimillonario (aquí, dicho sea de paso, el tiro les salió por la culata porque convirtieron a Trump en una figura protagónica del debate político).

Ahora, en vistas de que no se pueden silenciar por mucho más tiempo los multitudinarios eventos que celebra Sanders por dondequiera que va, los mass-media han comenzado ataques más bien desesperados contra el senador de Vermont. Los mainstream media, al igual que los Clinton, empiezan a inquietarse. Las primarias se les escapan de las manos. Los lectores y los televidentes han dejado de creer en los expertos, en los análisis de los periódicos y hasta en las preguntas que se les formulan a los entrevistados. Los votantes empiezan a ser escépticos ante los espacios noticiosos, que les parecen desdichadamente corruptos.

Las primarias demócratas han sido un enfrentamiento entre los mainstream media y las redes sociales, los programas de televisión, las páginas web y los diarios alternativos. Estos últimos han demostrado ser mucho más dinámicos, han demostrado representar con mayor capacidad de convocatoria las opiniones de los jóvenes y de las clases trabajadoras. Estos espacios alternativos, muchos de ellos emergentes, le han conferido  una voz política muy vital al prevaleciente malestar social frente a las especulaciones financieras, las evasiones de impuestos y la influencia perniciosa del dinero sobre los partidos políticos dominantes, entre otras muchas inconformidades.

Las primarias demócratas han sido también un enfrentamiento ético. La decisión de Sanders de no aceptar ningún tipo de contribución por parte del gran capital es, primeramente, una postura ética y la única forma consecuente de oponerse al Citizen United Act. Ha sido también un modo de hacer evidente que su rival es una figura política poco creíble, públicamente dispuesta a criticar a las grandes empresas, mientras mantiene vínculos ocultos con dichos grupos financieros.


El abierto favoritismo de los mainstream media y de los súper-delegados podría provocar una grave escisión entre las élites y las bases demócratas.  Esto sin contar que es sumamente arriesgado apoyar de manera tan agresiva a una candidata que se encuentra bajo el escrutinio del FBI. Es temerario lanzar a una figura política a quien -de acuerdo con las encuestas- más del sesenta por ciento de la población no considera digna de confianza y que acude, con la complicidad de los mass media, a futiles argumentos para no publicar sus presentaciones ante los ejecutivos de Goldman Sach. Hillary es una candidata que posee un record nefasto, que incluye, entre otros, su apoyo a la guerra de Iraq, a la desregulación de Wall Street y, como se ha dado a conocer en estos días, al US-Panama Trade Agreement. 

15/8/15

Entre la espada y la pared


El deshielo entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba no cesa de sorprender y no cabe duda que ha sido posible gracias a la iniciativa –y a las presiones- de la diplomacia norteamericana. Son los yanquis, tradicionalmente vistos como arrogantes, los que ceden y conceden –desde la liberación de los cinco espías hasta la negativa a invitar a los disidentes cubanos a la ceremonia de izamiento de la bandera en el edificio de la embajada- con tal de apresurar y estimular el diálogo. Los representantes del gobierno cubano, en cambio, son los que exigen, los que parecen poner trabas al entendimiento y aletargar las negociaciones. Esta situación -a primera vista contradictoria si se piensa que la economía cubana sería la más beneficiada con el restablecimiento de vínculos diplomáticos y comerciales- hace pensar que el gobierno cubano no percibe la nueva política estadounidense como ninguna concesión, ni como una victoria. La administración Obama se impone, no desde sanciones y posiciones de fuerza, sino desde una especie de cortejo, de un modo seductor, mientras desde la isla responden a regañadientes, ya sin muchos peros que interponer, porque el olfato político de sus ancianos dirigentes intuye que no les será sencillo sostenerse en las nuevas circunstancias.

Estados Unidos rectifica una política fallida, repudiada por la comunidad internacional, que favoreció el enquistamiento del régimen de La Habana en la medida en que permitió justificar la represión económica de la población y culpar a los Estados Unidos por el progresivo deterioro de la economía nacional. Las relaciones hostiles entre ambos países también sirvieron para legitimar la necesidad de un partido único, la falta de libertades cívicas y la imposición de un orden represivo destinado a obstruir tanto el desarrollo del capital privado nacional como los espacios políticos de la oposición.

Por lo pronto, el entendimiento parece poner al gobierno cubano entre la espada y la pared. Por un lado le resulta difícil no involucrarse en esta nueva política, basada en gestos corteses, que cuenta con el respaldo internacional, con las simpatías de gran parte de la población cubana y también, posiblemente, con el entusiasmo de influyentes grupos de poder en Cuba (la dirigencia política muy bien podría estar escindida entre los defensores de la vieja política y los partidarios del emergente diálogo). Por otra parte, –aunque el canciller Bruno Rodríguez afirme una y otra vez que las diferencias entre gobiernos no van a resolverse- el acercamiento es un modo de presionar a La Habana para que haga urgentes aperturas económicas y políticas.


De entrada –y este es un primer acierto de la política de Obama- los ideólogos de la dictadura se han visto forzados a atemperar e incluso subvertir sus tiradas antinorteamericanas. Silvio Rodríguez ha lanzado la frase ‘Cuba sí, yanquis también’ y las banderas estadounidenses comienzan a ponerse de moda en La Habana, con el beneplácito de las autoridades. Asistimos a la agonía del discurso antimperialista que definió históricamente al proyecto iniciado en 1959, y que han sostenido las izquierdas populistas e impopulares de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.  Pero este derrumbe de la retórica antimperialista -y su consiguiente impacto político sobre los gobiernos latinoamericanos- es solo el efecto más inmediato y ya perfectamente visible de las nuevas relaciones entre los países vecinos. No es difícil conjeturar que el cambio político gestionado por Los Estados Unidos afectará estructuralmente a la manera de administrar el país. Hasta ahora el gobierno de Raúl Castro ha realizado reformas que contribuyan a sanear la economía nacional siempre y cuando no comprometan la estabilidad política del régimen. Son ajustes tímidos y realizados con cautela porque se trata de un gobierno que se sabe impopular y frágil. Un gobierno que se siente seriamente amenazado con la posibilidad de que los ciudadanos hablen en voz alta, aunque solo fuese por un minuto y en la performance de una artista.  Ahora la clase dirigente, que es esencialmente renuente a los cambios, tendrá que lidiar con un vecino poderoso, que extiende la mano y ofrece las mil y un tentaciones, a cambio de atreverse a ensayar políticas menos conservadoras. Las nuevas relaciones diplomáticas, que parecen anticipar el levantamiento definitivo del embargo económico, podrían inducir –o hasta obligar- a cambios más acelerados y que favorezcan el desarrollo del capital privado y la aparición de proyectos y posiciones políticas alternativas.