20/12/13

Las relaciones internacionales en la literatura mundial.

Hoy he vuelto sobre la traducción de este ensayo, leído por el pensador y profesor norteamericano Fredric Jameson en Duke University, en noviembre del 2008. He hecho una cuidadosa edición del texto y espero haberlo limpiado bastante. La versión revisada puede leerse en este enlace. 

16/10/13

¿Quién secuestró la democracia?


En el verano del 2010, Fidel Castro, el otrora presidente de la República de Cuba, vaticinó una inminente destrucción global. En cuestión de semanas estallaría un conflicto bélico, una especie de Tercera Guerra Mundial, donde las armas nucleares devastarían el planeta. Solo una persona, solo un ser humano –llamado Barack Obama- tendría a su alcance la posibilidad de detener el desastre. Además debía actuar con prisa porque el horror se desataría dentro de unos pocos días. Por suerte esta predicción apocalíptica no pasó de ser otro síntoma más de la decrepitud del anciano dirigente cubano. La pesadilla encarnaba lo que podría ser la fantasía más descabellada de un dictador; es decir, el sueño en el que una sola persona quedaría investida con el poder de decidir el destino de toda la humanidad.

El Congreso norteamericano acaba de poner en práctica una versión del delirio castrista. Ahora un solo hombre, el  Líder de la Mayoría en la  Cámara de Representantes o una persona por él designada, tiene la capacidad de evitar –a estas alturas solo dispone de unas pocas horas- no una catástrofe nuclear; pero sí una crisis económica mundial. La Cláusula 4, de la House Rule XXII  del Congreso estadounidense establecía lo siguiente:
When a stage of disagreement have been reached on a bill or resolution with House or Senate amendments, a motion to dispose of any amendment shall be privileged
(Cuando se ha llegado a un momento de desacuerdo con la Cámara o con el Senado en torno a un proyecto de ley o resolución, se privilegiará una moción para derogar cualquier enmienda.)
A altas horas de la noche del 30 de septiembre pasado, la Cámara de Representantes modificó esta ley. En la sección 2 de la HRes.368, el congreso promulgó lo siguiente:

Sec. 2. Any motion pursuant to clause 4 of rule XXII relating to House Joint Resolution 59 may be offered only by the Majority Leader or his designee.\
(Sección 2. Cualquier moción en conformidad con la cláusula 4 de la ley XXII, relacionada con la Resolución Conjunta No. 59 de la Cámara de Representantes, solo puede ser propuesta por el Líder de la Mayoría o por uno de sus designados.)

Esta alteración de la ley fue aprobada por la mayoría republicana, con 228 votos a favor y 199 en contra.

En resumidas cuentas: La posibilidad presentar una moción que ponga fin al cierre del gobierno o que impida la posible suspensión de pagos de la deuda, es ahora y por ley una atribución exclusiva del Líder de la Mayoría. Todo el planeta queda a sus pies. Confiemos en su buena voluntad y que Dios lo tenga en la Gloria por los siglos de los siglos. 

14/10/13

Los hijos malcriados de la democracia

Como la mayoría de las personas, solo conozco de manera muy rudimentaria los pormenores del llamado Obamacare. Desde su propio nacimiento, la falta de claridad, unida a la escasa información y a las tergiversaciones de sus adversarios, han sido uno de los lastres –no el único- de esta ley. Sin embargo, por lo poco que sé, me encuentro entre sus beneficiarios. Soy uno de los cuarenta y tantos millones de norteamericanos o residentes que podrán disponer de un seguro médico que sea eventualmente costeable o que al menos guarde una relación proporcionalmente aceptable con mis ingresos anuales. Además, el Affordable Care Act suprimió la abominable práctica de encarecer los seguros médicos –o denegarlos- a personas que padezcan lo que se conoce como “pre-existing conditions”, una categoría abierta a las más inescrupulosas especulaciones de las compañías aseguradoras.

Las predicciones sobre el eventual desastre económico que provocará la reforma sanitaria son no menos confusas que la propia ley. Por lo pronto, no pasan de ser meras conjeturas, muchas de ellas probablemente exageradas, aunque hayan desatado mucho más ruido que la hecatombe financiera que representó la guerra en Irak para la economía estadounidense.  Lo que en modo alguno puede discutirse es que costos de la salud actuales son exorbitantes. El sistema que los políticos conservadores más radicales se empecinan en apuntalar es un engendro, económicamente opresivo, incluso para muchos de los que poseen el privilegio de un seguro médico.

Los detractores del Affordable Care Act no parecen reparar en un imperativo ético que la sociedad norteamericana ha tardado demasiado en saldar: era inmoral que aproximadamente un quince porciento de la población–sin incluir a los inmigrantes ilegales, que siguen siendo dramáticamente excluidos del Affodable Care Act- careciese de seguro médico en la potencia más poderosa del planeta.

Los políticos del Tea Party y del ala conservadora republicana se indignan ante la exigencia de que cada ciudadano tenga que adquirir un seguro médico. La idea de que el gobierno fuerce a comprar algún tipo de póliza les parece un golpe a la democracia y a las libertades individuales. Pero el método al que han acudido para sabotear el Affordable Care Act es un atentado sin precedentes contra los valores democráticos que dicen defender. Los republicanos aspiran a imponer un modo despótico de hacer política. Se apoyan en un abuso del poder legislativo que con toda razón ha sido tildado de secuestro.  Los rehenes no son solo los empleados del gobierno federal y todas las otras empresas e individuos que de algún modo dependen del funcionamiento de los programas e instituciones gubernamentales; sino también, según coinciden la mayoría de los analistas, la economía mundial. Todo el planeta queda alarmantemente expuesto a las maniobras políticas de un grupo de congresistas que han evidenciado ser totalmente irresponsables.

Hoy no parece haber dudas de que esta tentativa de secuestro fue desde un inicio desacertada. Pero se trata de una práctica que no es ajena al tipo de negociaciones que suelen proponer los republicanos y la propia iniciativa parece derivarse de la debilidad de Barack Obama, frecuentemente inclinado a satisfacer cualquiera de las demandas de sus opositores. Este comportamiento complaciente condujo a la pérdida de escaños de los demócratas en el Congreso, una vez que la opinión pública pudo constatar cuán vacilantes eran los representantes del partido que tenía el cometido de aliviar el descontento generalizado hacia las clases políticas. Con sus concesiones, a veces lacayunas, Obama no solo propició el ascenso de Tea Party al Congreso, sino que también inspiró esta nueva iniciativa de los legisladores republicanos.  

La situación actual es exasperante. Las tentativas por llegar a un acuerdo avanzan con lentitud y, por lo pronto, no pasan de ser meras pantomimas, destinadas a paliar el malestar generalizado. El partido republicano ha sido el principal castigado por las encuestas. La opinión pública norteamericana e internacional ejercen presiones; pero basta ver cualquiera de las intervenciones recientes de Ted Cruz para percibir cuán inspirado y triunfal se siente el senador de Texas. La impopularidad de su maratónico discurso no hizo mella sobre sus convicciones. Por el contrario, parece haberse convertido en un incentivo, comparable al de estrellas pop como Miley Cyrus, que se divierten con la idea de escandalizar a los medios.  Los republicanos más conservadores  contaban con recibir el rechazo de amplios sectores de la población y la propia parálisis y disfuncionalidad del gobierno se corresponde con sus objetivos políticos. Esta indiferencia ante la impopularidad y el sentimiento de implementar una agenda política les permite actuar de forma aventurera, sin vacilar ante la inminencia de un desajuste económico mundial, ni ante los elevados costos económicos –estimados en 300 millones de dólares diarios- de la crisis de gobernabilidad que han puesto en marcha. 

25/8/13

ArtExperience:NYC, Verano del 2013

Para el número ArtExperience:NYC, del verano de 2013 teníamos planificado publicar una entrevista con el artista estadounidense James Turrell. Lamentablemente el artista tuvo que posponerla para septiembre. De todos modos, incluimos una reseña sobre su magnífica exposición en el Guggenheim Museum.
Aquí ver la edición correspondiente al verano, en su versión al español, haga clic en este enlace:

24/6/13

Todos los números de ArtExperience:NYC en Flip-Book


Ya hemos subido los nueve primeros números de ArtExperience:NYC en Flip-Book. Son alrededor de 1200 páginas que, espero, contribuyan a ofrecer una imagen del escenario artístico neoyorkino de los últimos dos años y medios. Por ahora, solo hemos publicado las ediciones en inglés. Pronto pondremos las traducciones al español

Para ver las revistas en Flip-Book, hacer clic aquí.


28/5/13

Los platos rotos

El amarillo era sinónimo de cobardía y por lo tanto no debería emplearse. También había que cuidar de los azules y los violetas, que se asociaban a la frialdad. Otro tanto ocurría con el negro y los tonos oscuros, que denotaban pesimismo. Estas codificaciones se pusieron en práctica en el Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR), en la Cuba de comienzos de los años setenta. Las regulaciones entorpecieron el propio trabajo de propaganda política y, al menos en lo concerniente a la intensidad cromática, podrían servir para avalar la expresión “quinquenio gris”, acuñada por el escritor cubano Ambrosio Fornet, aunque luego pueda discutirse si el término es o no un eufemismo.

Aunque en la primera mitad de la década de los setenta se impuso una vertiente de la política cultural que tuvo no poca fuerza desde los comienzos mismos del proyecto social iniciado en 1959, los años que van desde 1971 hasta 1975, han tipificado el momento más desacertado en la conducción y sovietización de la cultura cubana. Los ejemplos abundan y es casi ocioso detenerse en ellos. Las purgas en el teatro cercenaron drásticamente el desarrollo de las artes dramáticas, la producción cinematográfica se tornó insípida y difícilmente puedan rescatarse algunos filmes. En la actualizad el otrora celebrado De cierta manera, de Sara Gómez, no pasa de ser un panfleto de pésimo gusto.  La política editorial, la enseñanza universitaria y artística, los concursos literarios, los salones de artes plásticas, el arte público. Prácticamente ninguna esfera de la producción artística y literaria quedó al margen de las rigideces de la política cultural.

El cantautor Silvio Rodríguez y el escritor Norberto Fuentes han lamentado, cada uno a su modo, el reciente fallecimiento de Luis Pavón, encargado de implementar la política cultural de comienzos de los setenta. Por muchas buenas cualidades que, en su trato personal, hubieran podido tener funcionarios como Armando Quesada, Serquera y Luis Pavón, todo parece indicar que, de un modo muy directo, son en gran parte responsables de los desmanes de la política cultural, incluidas las persecuciones, censuras y abusos que se cometieron contra numerosísimos artistas e intelectuales.

Sin embargo, durante los últimos cincuenta y cuatro años de gobierno ningún funcionario cubano ha tenido la capacidad de decisión ni la iniciativa que permitiría atribuirle errores tan graves y tan sistemáticos como los que se cometieron durante aquellos años. Se impone delimitar los papeles de esas figuras, al margen de cuanto entusiasmo hayan desplegado a la hora de cumplir sus funciones. Pavón y compañía debieron limitarse a llevar a cabo orientaciones que recibieron desde arriba. Con toda seguridad, no pasaron de ser peones de un horizonte ideológico bastante dogmático y de directivas que provenían desde las más altas esferas del poder. Convendría, por lo tanto, no exagerar el papel que desempeñaron esos burócratas, por siniestros que pudieron parecer en su momento y sobre todo más tarde, cuando fueron destituidos y tuvieron que pagar los platos rotos. De hecho, no es exagerado afirmar que ellos también se encuentran entre las víctimas. Fueron los chivos expiatorios que, con más o menos torpeza, permitieron encubrir a los verdaderos artífices del quinquenio gris y, al mismo tiempo, vender la imagen (engañosa) de un momento histórico ya superado, encerrado en aquellos años.

30/3/13

Los visitantes de Ragnar Kjartansson


The Visitors (2012), del artista islandés Ragnar Kjartansson es un buen ejemplo de una obra de arte contemporánea que apenas requiere explicaciones suplementarias. Inmediatamente cautiva a los espectadores con la banda sonora, el escenario para cada video, el empleo del espacio de la galería y la interpretación que hacen los músicos que participaron en la pieza. Escribir sobre The Visitors podría conspirar contra el disfrute que producen las imágenes. Por lo tanto, me limitaré solo a unos pocos comentarios sobre una serie de oposiciones, tal vez demasiado obvias, en el trabajo de Kjartansson, con la esperanza de que contribuyan a apreciar el video de canales múltiples como una forma de pensar el presente.


Repetición/Diferencia. The Visitors muestra un ensayo hecho por un grupo de músicos. Los interpretes se encuentran en una casa antigua de dos plantas, grabando una canción, cuya letra repite continuamente: “Una vez más caigo en mis maneras femeninas”. Es llamativo cuán bien acopladas están las voces y los instrumentos musicales. Supongo que para llegar a lograr semejante armonía, debieron existir innumerables ensayos anteriores. De este modo la repetición se sugiere en la sincronía entre los músicos, del mismo modo que está ya implícita en la construcción gramatical “una vez más”. La obra dura 64 minutos, durante los cuales los intérpretes ensayan tres veces la canción, agregando pequeñas variaciones en cada ocasión.

Como la banda sonora proviene de las cuatro paredes de la galería, The Visitors no solo acentúa el carácter espacial de la música-que podría perderse en muchas otras grabaciones-; sino también el papel individual de cada intérprete. Kjartansson ubicó a los músicos en distintos lugares de la casa, y vemos a cada uno aisladamente, en cada una de las pantallas. No hay modo de mirar los nueve videos al mismo tiempo, de forma tal que los espectadores están siempre expuestos a escuchar una voz o un acorde que surge de una pantalla que no es la que se está viendo en ese preciso instante. Esas notas musicales interrumpen continuamente la repetición. Los intérpretes también cambian su disposición de ánimo, sus gestos o sus instrumentos musicales. Algunos se comportan de un modo excesivamente dramático, mientras otros actúan de un modo más apacible. Las diferencias están integradas a la repetición. Apuntan a las individualidades, a cada músico como  un ser humano que interpreta la música de un modo personalizado, aunque tenga un papel muy específico dentro del conjunto.


26/3/13

Perdido en la traducción: Song Dong en la galería Pace




En Doing Nothing Book (Libro del No hacer nada), 2008-2012, el artista Song Dong ofrece diferentes traducciones al inglés de un breve texto, que escribió originalmente en chino. La mayoría de las versiones fueron debidamente certificadas por traductores profesionales de su país, como si los sellos oficiales y las firmas fuesen garantías jurídicas de la fidelidad de las palabras vertidas al otro idioma. Sin embargo, las equivalencias inglesas eran muy diferentes entre sí, e iban desde:

“Giving up might lose chances. Carrying out might get unrewarding results. But the unrewarding is also necessary.” (Desistir sería perder oportunidades. Realizar podría tener resultados que no serán recompensados. Pero aquello que es infructuoso también es necesario).
Hasta:
“Doing is better than ignoring; to do it is to waste; to do even there is no payment.” (Hacer es mejor que ignorar, hacer es desperdiciar, hacer incluso cuando no haya ningún pago).

El Google translator produjo la siguiente frase:
“Do not do white, do also to waste, to waste have to do.” (No hagas blanco, hacerlo es también desperdiciar, pero el desperdiciar también tiene que hacerse).

Innecesario decir que los caracteres chinos tienen significados plurales, pero aun así no dejaba de preguntarme cómo estos pocos signos podrían dar lugar a casi veinte versiones distintas. De una traducción a otra el texto chino se me hacía más y más desconcertante. Los cuños, los sellos, las palabras escritas a mano, los contrastes visuales entre los ideogramas y los caracteres latinos, superponían otras capas de significados sobre las diferencias semánticas.

En la pared de enfrente, los caracteres chinos se muestran en una línea vertical, a gran escala, hechos con luces de neón. Esta vez no se ofrecía más que una traducción, que los espectadores podían leer en un pequeño rectángulo de papel pegado en la pared:

That which goes undone goes undone in vain
That which is done is done still in vain
That done in vain must still be done

(Lo que se queda sin hacer se deja sin hacer en vano
Lo que está hecho, también está hecho en vano
Pero, aun así, lo que se hace en vano debe hacerse) 


Seguir leyendo aquí

24/2/13

Tusa Cutusa es un animal feroz. Cuba y la experiencia Post-Soviética (Primera parte)


Esta es la primera parte de un texto todavía en preparación, a propósito de la reciente aparición del libro Caviar and Rum, publicado por Palgrave Macmillan y antologado por Jacqueline Loss y José Manuel Prieto. 

I
La Revolución Cubana afirmó, entre sus armas ideológicas más contundentes, su carácter nacionalista y tercermundista. Le correspondía a la revolución un lugar señero en las luchas anti-colonialistas y en los movimientos de liberación nacional de los años sesenta y setenta. Igualmente aspiraba a establecer alianzas económicas, políticas y culturales con otros países latinoamericanos, africanos o asiáticos. La dimensión nacionalista era interpretada como una continuidad con las gestas independistas del siglo XIX.  Esa era la manera (positiva) de argumentar que se había alcanzado una soberanía nacional. El reverso –o evidencia negativa- era la enemistad hacia el gobierno norteamericano y el término “Pseudo-República” para definir el periodo histórico que comprendía desde 1902 hasta 1958.

Fue un discurso ideológico que se reiteró con tal insistencia que, al menos dentro de Cuba, todavía hoy cuesta pensar que las relaciones del gobierno cubano con la otrora Unión Soviética tuvieron, bajo el semblante de una “amistad inquebrantable”, todos los rasgos de un vasallaje neocolonial. Fuimos una neocolonia, sin siquiera enterarnos. Los nexos con la URSS no solo se limitaron a una abrumadora dependencia económica, sino también a alianzas militares, donde la parte caribeña aportó al personal que operaría en el terreno (es decir, los que harían el trabajo sucio y estarían expuestos a ser carne de cañón). La Unión Soviética se convirtió en el socio privilegiado en el mercado mundial, con la elaboración de convenios económicos que remedaban  la mal llamada “reciprocidad comercial”, que anteriormente existió entre los Estados Unidos y Cuba (los soviéticos, al igual que los norteamericanos, también ofrecieron precios preferenciales para el azúcar cubano).La Unión Soviética monopolizó virtualmente el consumo interno del país, desde los alimentos hasta los efectos electrodomésticos, desde las maquinarias y herramientas para la producción hasta los medios de transporte. La influencia soviética sobre la sociedad cubana también afectó a las producciones culturales y a la enseñanza e incluyó la distribución de publicaciones periódicas, filmes, programas televisivos y cursos masificados–en la radio, la televisión y en las escuelas- de idioma ruso.

Algunos intelectuales cubanos residentes en la isla, a la hora de hacer la crítica de las políticas culturales de la Revolución, señalaron, no sin buenos argumentos, que el momento más álgido de la instauración de modelos soviéticos en la dirección de la cultura  fue el eufemísticamente llamado “quinquenio gris” (1971-1976), que además se demonizó en las figuras de algunos funcionarios.  Coincidiendo con esta visión crítica del pasado, también se estigmatizaron o se borraron los residuos del realismo socialista, desde las novelas de Manuel Cofiño hasta las numerosísimas formas de propaganda y arte político. De este modo no solo se tiende a atenuar la incidencia de los modelos soviéticos antes y después de aquellos años del quinquenio gris; sino que también se oculta el hecho de que muchas expresiones o estructuras de lo soviético todavía están vigentes, no tanto en el  ámbito de las producciones culturales, como en la sociedad cubana en un sentido más amplio. Toda la propaganda triunfalista, el sistema unipartidista, los métodos de vigilancia, las maneras de denigrar y reprimir a los opositores políticos, la corrupción a todos los niveles y la ineficiencia de una economía supuestamente planificada y centralizada,  son rasgos y formas de regir la sociedad que se derivan de esquemas y modelos importados de la otrora Unión Soviética.

La huella de lo soviético en el imaginario cultural y social es una presencia muy arraigada y vital, que no admite ser segregada a un momento histórico ya superado. Debiera entenderse también como un vestigio de la condición neocolonial que, con sus momentos de fricciones y distensiones, tuvo la Revolución Cubana prácticamente desde sus inicios (por mucho que el gobierno reclamara ser “el primer territorio libre de América”). La celebración del coloquio Cuba and the Post-soviet experience, organizado por la investigadora Jacqueline Loss y el novelista cubano José Prieto en febrero del 2007, fue seguramente el más temprano esfuerzo por aproximarse a estas reminiscencias.

Las memorias del coloquio fueron publicadas recientemente, en la antología Caviar and Rum, hecha por Loss y Prieto. Lo primero que llama la atención en el libro es que parece privilegiarse la voz de los intelectuales cubanos jóvenes, tanto de los que salieron del país como de aquellos que residen en la isla. Una intención que, en el evento del 2007, fue lamentablemente saboteada con la negativa del gobierno norteamericano a darles el visado a los creadores que hicieron sus trámites desde la Habana. Lo segundo es que no se trata de una indagación histórica –aunque no falten las miradas hacia el pasado-; sino y sobre todo, de las huellas de lo soviético en la Cuba actual, y más particularmente entre los jóvenes. Este es un campo de investigación virtualmente inexplorado y que necesariamente conducirá a una rescritura del pasado.

II
Un chiste popular cubano contaba la historia de un hombre momentáneamente encorvado por el peso excesivo de dos maletas que llevaba consigo. Un transeúnte lo interrumpe para preguntarle la hora. El hombre contesta complacido, como si tuviese una ocasión para celebrar los prodigios de su reloj. “Son las 5”, dice, “y las 11 en Madrid, en Alemania es medianoche y en Moscú son las 3 de la madrugada”. “¿Y ese reloj dice todo eso?” prosigue el transeúnte, picado por la curiosidad. “Eso no es nada”, replica el hombre, “este botoncito te dice tu peso y tu estatura, este otro te da información sobre el clima y este sobre tu signo zodiacal”. “¿Y de dónde es ese reloj?”, pregunta con perplejidad el transeúnte. “Es un reloj soviético”, responde el hombre, esta vez sin ningún entusiasmo. “Soviético, ¿y cómo funciona?”. El hombre vuelve a levantar las maletas del suelo, listo para continuar su camino. “Aquí están las baterías”, dice.

Este cuento kafkiano era una de las numerosísimas bromas del imaginario cubano contra la impopular imposición de lo soviético. Las burlas eran moneda corriente y estaban perfectamente integradas a la vida cotidiana. Había chistes sobre la calvicie de Lenin y contra los muñequitos rusos. El lenguaje popular despedazaba a los zapatos ‘ortopédicos’ y a los refrigeradores ‘bolos’. El adjetivo de ‘rusa’ se agregaba para indicar que la carne enlatada era de pésima categoría, los filmes soviéticos eran, en la jerga popular, un ‘pujo’ o un 'clavo'. Breznev y los rusos eran ridiculizados continuamente, con bromas que muchas veces también habrían sido importadas desde la propia Unión Soviética.

Sin embargo, quienes percibían lo soviético como un conjunto de impopulares diseños, filmes grandilocuentes sobre la Gran Guerra Patria o insípidos dibujos animados, no llegaron a predecir que ese pasado volvería, transfigurado por la memoria, convertido en evocación nostálgica, en cita paródica, en un kitsch que pudiera aprovecharse de manera artística, desenfadada e incluso rebelde. Los cubanos descubren el encanto estético del diseño torpe, de los aburridos y frecuentemente panfletarios dibujos animados, de los pesados efectos electrodomésticos. Muchos jóvenes que en la actualidad pronuncian frases como Nu pogodi o Tusa Cutusa es un animal feroz, lo hacen con una sonrisa, como si evocasen un grato recuerdo
(algunas de esas obras lograron ganarse las simpatías de los televidentes). Tampoco faltan quienes encuentran un lado artístico en creaciones que antes resultaban fastidiosas. Es una nostalgia que comparten tanto los jóvenes cubanos que hoy conforman la diáspora como los que viven en Cuba. Yo diría que esta nostalgia va un poco más allá de la añoranza por la niñez o por el país natal. También se debe a que dichas producciones perdieron su carácter invasivo en la vida cotidiana y su horizonte ideológico se ha vuelto obsoleto. Hoy son sobre todo mementos, coleccionables, como si se tratase de inusuales hallazgos arqueológicos, todavía dotados de aquella burla popular que los acompañaba.Es una nostalgia que se expresa también en la forma de travestismo, creando un efecto contestatario por completo opuesto al uso ideológico que tuvieron en el pasado (como puede apreciarse en el uso de la hoz y el martillo, que hace la banda Porno para Ricardo)